Gabriel Leyva
La mayoría de las antropólogosestán de acuerdo en que la capacidad para cooperar es una de las razones por la cual los seres humanos han sido tan exitosos evolutivamente. Generalmente esto es entendido en términos de ser generoso hacia personas con la cual tienes una relación sanguínea (y por lo tanto compartes los mismos genes) o relaciones cooperativas a largo plazo donde cada individuo se asegura de que los beneficios generales de la colaboración exceden los costos. Pero esto no explica por qué los seres humanos tendemos a ser generosos con los extraños o con personas con las que no pensamos volver a interactuar. Esto ha llevado a la especulación de que algo extraordinario ha pasado recientemente en la evolución humana para promover un instinto para ser generosos incondicionalmente. Pero Leda Cosmides y John Tooby, dos investigadores de la Universidad de California, no están de acuerdo. Ellos no ven ninguna necesidad para mecanismos extraordinarios y elúltimoestudio de su grupo sugiere que están en lo correcto.
Como no es factible estudiarla evolución humana directamente, Tooby y Cosmides desarrollaron un modelo matemático que simula la evolución de la cooperación a través de miles de generaciones. Para esto diseñaron agentes que eran capaces de conocerse e interactuar en el procesador de una computadora. Las interacciones delos agentes son similares a los juegos económicos en el mundo real, pero la moneda que usaba eran “unidades de aptitud” arbitrarias en vez de dinero. Esto significa que los agentes que cooperaban exitosamente acumulaban capacidad de supervivencia a través del periodo de su colaboración. Los agentes que hacían trampa en su primer encuentro recibían unidades de aptitud únicas, pero nunca más volverían a ser confiados en el futuro. Cada agente tenía un nivel inherente y hereditable de confiabilidad (en otras palabras la probabilidad de que harían trampa a la primea oportunidad), y en cada encuentro se le asignaba un nivel de probabilidad de que volvería a interactuar con el otro agente.
Después de cierto tiempo los agentes se reproducían en proporción a su capacidad acumulada, la vieja generación muere y la nueva toma control. Este proceso se repetía por 10,000 generaciones para ver qué nivel de colaboración emergía. El resultado fue que como los investigadorespredijeron, la generosidad paga, o más bien, el precio de ser egoísta es mayor que el precio de la confianza. Esto es o que la probabilidad de que un encuentro sea aislado es solo eso, una probabilidad y no una certeza. Usando niveles de costos, beneficios, y probabilidad de encuentros futuros plausibles la simulación encontró que es beneficioso confiar en los demás, aunque a veces te vayan a engañar. Investigaciones anteriores que intentaron estudiar la evolución usando juegos de confianza estándiseñados para hacerle claro a los participantes si el encuentro iba a ser única o no. Pero eso no es realista. Aunque en el mundo real puedes asumir, basado en las circunstancias, si volverás a ver a alguien, nunca puede estar seguro. Por lo tanto no hay necesidad de mecanismos especiales para explicar la generosidad. Confiar en los extraños tiene sentido tanto evolucionariamente como moralmente. Claro, en un sentido las dos cosas son biológicamente lo mismo.
