Cinthya Araiza
El café, es la bebida estimulante y por excelencia, la más importante para la humanidad. En todo país se consume, sin embargo no en todos se produce, pues requiere de tierra y cultivo especial. Miles de campesinos se especializan en el cultivo de este tan importante grano, y se encuentran distribuidos en aproximadamente 70 países de características apropiadas para la producción del tan especial grano. Vale la pena destacar que su producción representa al menos el 4% del comercio mundial total de los productos alimenticios y se ha demostrado que existe una gran relación entre el crecimiento del ingreso de los países de la OECD y el crecimiento de las importaciones de café (1883-1985)2.
Sin embargo, la realidad en la producción cafetera, trae consigo uno de los mayores problemas sociales a nivel mundial pues las ganancias que se obtienen de su producción, son exageradamente desiguales, sobre todo para los países de América Latina. Aunado a esto, existen factores ambientales que truncan la producción, como el uso de pesticidas en las cosechas, que han provocado que las tierras en las que se produce el café se vean seriamente afectadas, llevando al deterioro y disminución de tan especial grano en los últimos 20 años.
El arbusto (ó árbol del café) se da sólo en climas tropicales (200 y 800 metros sobre el nivel del mar) 2, ocupa de lugares sin viento y que sea húmedo. Los principales países de América Latina que reúnen estas características son Colombia, Brasil, México y Guatemala. No es el caso de nuestro país, pero es verdad que algunos de estos países, son economías dependientes en gran parte de la producción del café. Dichos países agricultores latinoamericanos constituyen aproximadamente el 62% de la producción mundial, del cual un 40% de la producción recae solamente en Brasil y Colombia. A pesar de esto, en los últimos años, se han dado grandes pérdidas, pues la mitad del valor del café exportado mundialmente, es responsabilidad de grandes potencias consumistas. Los más grandes importadores del café son Alemania, Francia y principalmente EE.UU. ya que para ellos, es la primera bebida no alcohólica -además del té- de mayor consumo. Ante esta situación, se han perdido industrias completas de exportación como resultado de la emergencia de corporaciones transnacionales. Bernard Rothfos, de Alemania; Gebrüder Volkart, de Suiza; Cargill, de EE.UU.; Rayner y Ed. & F. Man, ambas de la Gran Bretaña; Bozo, de Suiza, y Jack Aron de EE.UU (controlan, cerca de la mitad de los intercambios mundiales)[1] son algunas de ellas.
Sin duda alguna el café juega un rol importante en la economía mundial, pues además de ser el responsable de la existencia de afamadas marcas (Starbucks, Gloria Jeans, Italian Cofee Company, Nescafé), también es un símbolo cultural, pues su cultivo está ligado a la historia y al progreso de muchos países que lo han producido por más de un siglo; el café es muchas veces protagonista en los mercados mundiales.
El comercio del café se lleva a cabo en torno a las grandes bolsas de materias primas, que son mercados a plazo donde se confrontan los intereses de los especuladores y de los agentes económicos de la cadena comercializadora del producto, y se fijan los precios de las transacciones ejecutadas sobre el mercado internacional. (Obtenido de Café Imperial)
Las exigencias globales han fracturado la comunidad cafetera debido a los múltiples factores comerciales, pues al existir una cantidad elevada de productores de café, los precios de éste tienden a bajar, y es aquí, donde los intermediarios o corporaciones multinacionales obtienen casi toda la ganancia, pues el mismo producto al ofrecerlo al público tiene un alto costo. A pesar de esto, según La Asociación Nacional del Café (Anacafé) de Guatemala, las exportaciones de tan famoso producto, de nueve países latinoamericanos productores del grano (incluyendo nuestro país) subieron 19.27 % en los últimos cinco meses, y se espera que se mantenga a la alza. Tal vez una solución sería un cambio de estructuras “El cambio de estructuras ocurre cuando los seres humanos desarrollan nuevos marcos mentales, nuevas ideas e instituciones para hacer frente colectivamente a los problemas que se les presentan en la vida material”.[2]
[1] Café Imperial: desde 1926, Calidad comprobada en la taza (n.d.), http://www.cafeimperial.com/index_esp.php?PHPSESSID=ab031b16a7c09e1db7966b12466ff860 (oct.2007).
[2] Sodupe, Kepa, “La Teoría de las Relaciones Internacionales a comienzos del siglo XXI”, Universidad del País Vasco, Cap.10, (2007), pp.186.
