(Tomado de la Revista Mexicana de Urología)
Al doctor Jacinto Esteban María, el compilador le conoció al despuntar el año de 1974, durante una cena de convivencia en el famoso restaurante “El Tío”, de la capital neoleonesa, a la que fui invitado por el doctor Gilberto Castillo Chavira, y a la que asistieron también el doctor Eleazar Yáñez Aguilar y el doctor Homero Decanini Livas, entre otros; recuerdo muy bien que todos ellos tenían muy buena impresión de nuestro hoy biografiado. No me olvido de que en esa ocasión, a unas mesas de la que nosotros ocupábamos, estaban unas muy guapas actrices del cine nacional, que casualmente filmaban por esa época una película en Monterrey.
En los últimos años, dentro de la SMU, he tenido la oportunidad de convivir con el doctor Lauro Gómez Guerra, actual jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario “Doctor José Eleuterio González”, de la ciudad de Monterrey, de quien nació la inquietud de elaborar esta ficha histórico-biográfica, con los datos del connotado urólogo que ocupó el cargo que ahora él detenta. Durante un reciente Congreso Nacional de Historia de la Medicina efectuado en Morelia, conocí al profesor Armando Hugo Ortiz, quien me auxilió en la obtención de los datos de otro urólogo regio; en esta ocasión, la labor de la entrevista recayó en una de sus colaboradoras, la licenciada Sandra Jaramillo. Ella nos dice de nuestro hoy biografiado:
Hijo de exiliados tras la Guerra Civil Española, el doctor Jacinto Esteban María se forjó en México y en los Estados Unidos de América una importante carrera como médico cirujano y urólogo. En la misma casa en que nació su madre, inició la vida Jacinto Esteban María, en Real de Montroy, Valencia, España, el 5 de octubre de 1939, hijo del médico Jacinto Esteban Muñiz y Modesta María Navarro, maestra de enseñanza primaria. El doctor Esteban Muñiz tuvo que salir de España, huyendo del régimen franquista, sin ver nacer a su hijo; como muchos españoles, se estableció en el sur de Francia. Allí fueron a reunirse con él su pequeño hijo y su esposa, en 1940.
Dado que el presidente mexicano, general Lázaro Cárdenas del Río, había abierto las puertas a los españoles que desearan refugiarse en el país, en 1942 la familia Esteban María se dirigió a México. “Mis padres tomaron un barco desde Francia y desembarcaron en Veracruz. De ahí se trasladaron al Distrito Federal, donde había oportunidades de trabajo para ellos; allí inicié mi vida en México a los tres años de edad,” relata el Doctor Jacinto. “Estudié en un colegio fundado por el Gobierno de la República Española en el Exilio, el Colegio Madrid, donde cursé primaria, secundaria y preparatoria. Era muy feliz en la Ciudad de México, entonces preciosa. Mi padre era médico y se nacionalizó mexicano al llegar, y me transmitió la ciudadanía, que refrendé al cumplir 18 años. Mi madre no perdió su nacionalidad española; se dedicó a su hogar y sólo en los últimos años de su vida trabajó como profesora de primaria.
“En el Colegio Madrid tuve la fortuna de tener excelentes maestros, que eran también refugiados españoles. Entre ellos había matemáticos, cosmólogos, filósofos, literatos, historiadores, biólogos, físicos, químicos, gente de gran valía. Eso me sirvió mucho, me abrió la mente”.
Recuerda de manera especial al profesor Rubén Landa, de filosofía. La carrera de medicina (1956-1963) la estudió el joven Jacinto en la Universidad Autónoma de México. “Y no es que tuviera vocación. Tenía la intención de hacerme médico, porque mi padre lo era. Me gustaron mucho las materias básicas, la Fisiología y la Bioquímica, y cuando llegaron las materias en las que se trataba la Patología y su tratamiento, o sea las clínicas, en las que se vierten todos los conocimientos aprendidos en los primeros años, fue cuando consideré no haberme equivocado en la elección de la carrera que había emprendido”. Su tesis se llamó: Estudio de la fosfatasa alcalina, ósea y hepática del suero. Su implicación diagnóstica. El doctor Esteban se tituló el 9 de octubre de 1963.
Después de terminar su paso por la universidad, hizo cuatro años de residencia, dos años en Medicina Interna (1963-1965) y dos en Cirugía General (1965-1967) en el Hospital de Enfermedades de la Nutrición, hoy Instituto de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, en donde, afirma, vivió una etapa muy gratificante de su vida. “De donde tengo mejores recuerdos es de mi estancia en el Hospital de la Nutrición, en las especialidades de Medicina Interna y Cirugía General. Antes de eso, ya había hecho investigación de Bioquímica (durante mi Servicio Social), en el mismo Hospital de Enfermedades de la Nutrición. Ahí me realicé como médico cirujano”.
Al final de su estancia en el Hospital de la Nutrición, se le presentó la oportunidad de realizar una residencia en Urología en el Graduate Hospital, de la Universidad de Pennsylvania, en Philadelphia, Estados Unidos, la cual aprovechó inmediatamente, no sin antes iniciar vida conyugal con Carol Ann Carpenter, una mujer estadounidense que conocía desde nueve años antes. En la Unión Americana estudió Urología durante tres años (1967-1970), y otra residencia en Cirugía General (1975-1976) en el mencionado hospital.
De regreso en el Distrito Federal en 1970, consiguió un puesto en el Hospital López Mateos, del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, del que fue médico fundador y donde laboró un año. El aceptar dar una plática en el Estado de Guanajuato, cambiaría el resto de su vida, pues surgió una nueva opción de trabajo que incluía el cambio de ciudad. “En 1971 fui a impartir una conferencia en la ciudad de Guanajuato, y ahí se me acercó el doctor Luis Eugenio Todd, nefrólogo regiomontano, (que ya no practica la medicina, sino la política), y me dijo: ‘Un grupo de médicos estamos organizando una clínica en Monterrey. Tenemos un edificio enfrente del Hospital Universitario Doctor José Eleuterio González; somos siete, la mayoría profesores de la Facultad de Medicina de la UANL. ¿Te quieres ir para allá? Necesitamos un urólogo, escuché tu exposición y creo que encajarías muy bien’”.
El médico aceptó, y junto con su familia viajó a Monterrey en 1972. La clínica a la que se incorporó fue el Centro de Especialidades Médicas, que se ubicaba en la avenida Francisco I. Madero, frente al Hospital Universitario. Desde entonces es urólogo de este importante centro médico, localizado hoy en día en la Colonia Obispado, al poniente de Monterrey.
En éste y otros centros médicos privados ofreció consulta, pero en ninguno encontraba una satisfacción similar a la que logró en el Hospital de Enfermedades de la Nutrición, hasta que en 1983 consiguió, por examen de oposición, una plaza para maestro del Servicio de Urología, en el Hospital Universitario Doctor José Eleuterio González. Impartió cátedra y clínica a los alumnos de pregrado y a los residentes de la especialidad. Fue allí donde encontró su verdadera vocación dentro de la medicina, y en particular de la urología: la enseñanza, compartiendo sus conocimientos, habilidades y experiencias con jóvenes médicos que deseaban hacerse urólogos.
El doctor Esteban María señala que cuando inició en el Hospital Universitario (HU), pudo notar ciertas diferencias con el Instituto de la Nutrición (HN). El HN contaba con mejor organización, pero no tenía la cantidad de pacientes y variedad de patologías que se veían en el HU. En este último prevalecían la asistencia médica y la enseñanza, y en segundo lugar, la investigación. Frecuentemente recibía invitaciones a comer o cenar por parte de sus alumnos, y actualmente, cuando coincide con algunos de ellos, le recuerdan anécdotas que ya ha olvidado.
“Algunas veces se equivocaban y los tenía que regañar; fui bastante rígido y entraba mucho a cirugía con ellos. Estaba un residente operando y yo lo ayudaba, le dije:
-Tú operas lento, pero mal.
-¡Ay, maestro!, no diga eso; ahora va a tener que pagarme el psiquiatra”.
El doctor Jacinto Esteban alternaba la docencia y la práctica privada, y en este ámbito hizo mancuerna con otro urólogo de la localidad, el doctor Ángel Martínez Villarreal (homónimo del ex director de la Facultad de Medicina de la UANL), con quien se encargó de buscar tecnología y procedimientos innovadores y traerlos a Monterrey. “Trajimos aparatos, instrumental y técnicas que ahora se usan rutinariamente, como el tratamiento de los cálculos por vía percutánea y endoscópica. Importamos la primera máquina de litotripsia para destruir cálculos; la aplicación de diferentes catéteres y ureteroscopios, así como el uso del láser en urología. Fuimos pioneros no sólo en Monterrey, sino en México”.
En 1991, el doctor Jacinto Esteban recibió la invitación de concursar, por oposición, para la Jefatura del Servicio de Urología del HU. Obtuvo el cargo y lo desempeñó por 12 años, lapso en el que integró al Servicio muchos de los procedimientos mencionados, así como equipo urológico de última generación; el uso del láser en cirugía y técnicas quirúrgicas nuevas, dando énfasis a la enseñanza de urólogos y a la asistencia médica de los pacientes. Se mantuvo en el puesto hasta el 14 de julio de 2003, en que pasó la jefatura a uno de sus exalumnos, el doctor Lauro Gómez.
“Aparte me hice viejo. Seguir mis labores de enseñanza, asistenciales en el HU y en mi consulta privada se me hacía pesado. Todavía seguí un tiempo más en consulta y enseñanza, ya sin labores administrativas, hasta los 65 años, en que decidí jubilarme, porque consideré ya cumplido mi ciclo en el HU, pero después cambié de opinión”.
Solicitó hace un año (2010), reincorporarse como cirujano (sin deberes administrativos ni prestaciones) en casos especiales, ya que considera al Hospital Universitario de la UANL un espacio ideal para seguir actualizando sus conocimientos y entrenando a los jóvenes urólogos.
Ha pertenecido a la Asociación de Médicos del Hospital de Enfermedades de la Nutrición desde 1964 y a la Sociedad Mexicana de Urología desde 1974; fue Fellow of the American College of Surgeons, de 1974 a 1998; es socio activo de The South Central Section of the American Urological Association, Inc. desde 1994, y miembro de la European Association of Urology desde 2006. Asimismo, es miembro activo y fundador del Colegio de Urólogos de Nuevo León desde 1998, donde fungió como vicepresidente (2002-2004) y presidente (2004-2006); socio activo del Colegio de Cirujanos de Nuevo León desde 1977 y miembro titular de la Confederación Americana de Urología (CAU) desde el año 2006.
Su registro de publicaciones académicas es numeroso. Tan sólo de 2003 a la fecha, ha sido coautor de los artículos: “Efectos colaterales del tratamiento del condiloma acuminado con podofilotoxina en crema al 0.15%” (Medicina Universitaria, 2003); “Trócar de cistostomía HU” (Rev Mex Urol, 2004); “La Uretroplastía como tratamiento de la estenosis de la uretra en el Hospital Universitario Dr. José Eleuterio González, Monterrey, Nuevo León, México” (Rev Mex Urol, 2010-9; de los carteles: “Tratamiento quirúrgico de la incontiencia urinaria por ausencia física o funcional del esfínter uretral en el varón por medio del Sistema Reemex y Pancreatitis aguda: una complicación inusual de la nefrolitotomía percutánea” (LVIII Congreso Nacional de Urología, 2007): además de ser investigador principal en el estudio H6D-VI-LVFH Cambio de citrato de sildenafil a tadalafil en el tratamiento de la disfunción eréctil: evaluación multinacional de preferencia de tratamiento (2004), entre otros.
El doctor se enorgullece de sus hijos Jacinto Esteban Carpenter, de 39 años, y Margaret Ann Esteban Carpenter, de 35, quien vive en Estados Unidos; menciona que ninguno de ellos se interesó por la medicina. El primero estudió Comercio Internacional y la segunda Relaciones Internacionales en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, donde, gracias a que su madre fue profesora de inglés del mismo, obtuvieron beca.
Recuerda haber sido un deportista activo y espectador entusiasta, especialmente del tenis y del fútbol soccer. Viajar es uno de sus pasatiempos favoritos. Ha recorrido los cinco continentes. Le agrada escuchar ópera y música clásica de los grandes maestros, aunque no por eso desprecia géneros de música popular. Se interesa por toda clase de lectura, sobre todo obras filosóficas, históricas, biográficas y costumbristas.
Al cuestionarlo sobre sus aprendizajes a lo largo de una vida llena de altibajos, concluyó que uno es el autor de su propio destino. “La vida se la construye uno y a veces se la estropea. Yo me la compliqué por indecisiones, por afán perfeccionista. Ahora me dedico a gozar”.
Honestidad, responsabilidad, saber reconocer sus errores y aprender de ellos, son valores y actitudes que continúa inculcando el maestro a sus alumnos, para colaborar en la formación de mejores y más valiosos profesionistas a la comunidad.
