Egua y Energía

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José Leal

Todos sabemos que apagando la luz al dejar la habitación o utilizando el transporte público podemos ahorrar energía y ayudar a la preservación del medio ambiente, pero, aunque es menos obvia, hay entre la energía y el agua una relación muy real y directa. El costo energético de la extracción, acopio, potabilización y distribución del agua a las ciudades y poblados es enorme, por no hablar de la eliminación de la sal, cuando es indispensable.

Las presas que producen energía también son también reservas de agua fresca  para una demanda siempre creciente, de tal manera que, en un contexto donde la escasez de agua amenaza la estabilidad social de la ciudades, deberá aplicarse un criterio muy estricto sobre el uso al que estas reservas son aplicadas.

En México, menos del 6% de la oferta total de energía primaria (OTEP) proviene de presas hidroeléctricas como las de Chicioasén y La Yesca. Más de dos tercios de la OTEP se genera a partir fuentes térmicas, principalmente petróleo y gas natural; 1% proviene de biomasa no leñosa. En términos porcentuales es prácticamente nulo el aporte de las nuevas tecnologías renovables como fotovoltaica o eólica al OTEP. Ante una posible crisis energética, la presión por extraer la energía del agua será causa de conflicto con el uso del agua para otros propósitos como el riego de campos y el abasto urbano.

La energía hidroeléctrica es renovable y libre de emisiones, sin embargo para la construcción de presas usualmente es necesario transformar drásticamente al medio ambiente, afectar el uso del agua río abajo y reubicar poblaciones enteras. Otras desventajas de la energía hidroeléctrica son su prolongado ciclo de instalación y enorme escala de inversión;  fuentes de energía limpia y sustentable, como la solar o eólica por ejemplo, permiten escalas operativas mucho menores y ciclos de retorno más cortos.

La política de despilfarro petrolero que ha imperado en Mexico es preocupante. De acuerdo a CEPAL, al ritmo de extracción y reconstrucción de reservas petrolíferas, nuestro país estaría agotando la producción de crudo en los próximos diez años. Un manejo conservador de los menguante ingresos petroleros será crucial para cualquier formula energética  sustentable; la implementación de una estrategia energética diferente y viable debe utilizar, al menos parcialmente, los «excedentes petroleros» en una verdadera revolución verde, de inversión intensiva en fuentes alternas de energía, como solar y eólica, sobre todo a nivel de microgeneración con interconexión a la red publica. Otra medida importante podría ser la intensificación de los programas de ahorro del agua con el propósito de informar  lo que es constatable: malgastar el agua es disponer también de un tesoro energético que, como el petróleo, podría estar agotándose más aprisa de lo anticipado.

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