Indira Kempis

Los domingos por la tarde la macroplaza parece el lugar de encuentro perfecto para las familias que salen a pasear por ser día de descanso. Los niños juegan, los adultos hacen compras, las parejas se instalan en las bancas. La gente adquiere toda clase de comida que podamos imaginarnos: helados, papitas, hamburguesas y otro sin fin de clasificados. Cuando estás ahí esos domingos pareciera que vives en otra ciudad por ese sin fin de interacciones entre personas que conviven como si la inseguridad no existiera.
De acuerdo con información en Internet, la plaza se construyó a principios de los años ochenta, por iniciativa del entonces gobernador del estado de Nuevo León, Alfonso Martínez Dominguez. El objetivo fue rehacer el centro cada vez más congestionado por el trafico, deficiente en una red de drenaje localizada bajo las calles mal planeadas y crear calles más anchas. Al plan se sumó la construcción de monumentos, jardineras, áreas verdes y museos.
La macro como se le llamaba comúnmente, se ha convertido en punto de encuentro y referencia no sólo a nivel local para salir o celebrar algún triunfo deportivo, también lo es internacionalmente como uno de los íconos arquitectónicos que representan a la ciudad. Las fotografías de las guías turísticas lo reflejan, los reportajes de las cadenas internacionales eligen este escenario, los extranjeros que viajan hablan de la gran plaza.
Caminar por ella para algunos se ha convertido en una costumbre social que, a pesar de las condiciones de seguridad, sigue siendo un refugio para las actividades comerciales, culturales y recreativas. La macroplaza es un espacio público que, definitivamente, proyecta lo que somos como habitantes de una ciudad, las aficiones, lo que consumimos, lo que platicamos, lo que disfrutamos, lo que somos. Resulta placentero encontrarse en un espacio público que está bien cuidado y visitado por muchas personas.
A raíz de observar lo que sucede en la macro, nosotros podríamos construir una estrategia ciudadana que permita recuperar algunos espacios públicos que no están en las condiciones de este lugar bastión. Podemos con esto fortalecer lazos vecinales, crear más íconos de la ciudad, reactivar la economía del lugar y, además, convertirnos en turistas locales de nuestros propios espacios públicos, algunos tan atractivos e históricos como la macroplaza.
