Claudia Ordaz
Creo que uno de los mayores retos que cualquiera pueda asumir hoy en día, es el de ser padre y el de ser educador. Los tiempos han ido cambiando; el hombre contemporáneo ha ido perdiéndose en un mundo que se antoja cada vez más frío e impersonal, un mundo donde la información fluye de manera violenta y rápida, un mundo donde los jóvenes pasan la mayor parte del día frente a un monitor, lo que los hace muy visuales. Por otra parte, tienen un acceso fácil a la información, lo cual limita un tanto su capacidad de asombro, además de que la información a la que tienen acceso es la misma para todos; por eso son jóvenes con patrones de comportamiento, actitudes, costumbres, valores y códigos compartidos.
Gran reto. Más en un país como el nuestro con grados de analfabetismo tan altos, que padece lo que Carlos Fuentes denominó “Darwnismo cultural”. Sobrevive el más apto. El más apto será el que esté instruido, el que sepa inglés y computación. Grave problema, en un país donde la educación es por demás dispar, donde cada persona lee aproximadamente un libro al año (25 por ciento de lo que la UNESCO recomienda como mínimo); donde el grado de escolaridad promedio es primero de secundaria.
EDUCACIÓN, DESARROLLO Y JUSTICIA SOCIAL
¿Cómo hacer de nuestro país un lugar más justo para vivir? ¿Cómo hacer que la educación sea democrática? ¿Cómo conciliar la educación, el desarrollo y la justicia social? ¿Cómo hacerle en una época que nos va heredando alumnos poco interesados, poco motivados? ¿Cómo explicarles los conceptos, las ideas, la información, si todo lo pueden “bajar” de la red?
Por eso digo que uno de los retos más grandes es el de ser maestro; pararse enfrente del salón, involucrar a 30 personas en el tema, para invitarlas a razonar, reflexionar y participar con comentarios, no es nada fácil. El papel del maestro en la actualidad es muy distinto al de antaño. Ahora es un facilitador del aprendizaje, más que instructor. Es fácil ser maestro que informa, que instruya; pero es difícil ser un maestro que despierte en sus alumnos el interés por conocer y aprender cosas nuevas, así como es también difícil que el maestro tenga la sensibilidad de apreciar y respetar la personalidad de sus alumnos.
Cada grupo representa muchos intereses distintos; la personalidad, preocupaciones, expectativas, carácter varían de un alumno a otro. Aparte de enseñar la materia, es importante preparar a los alumnos para que sepan intercambiar sus puntos de vista, experiencias, preocupaciones y recibir los conocimientos de quienes los ofrecen.
SERES HUMANOS VALIOSOS
Transmitir a los alumnos esta cualidad es quizás lo mejor de la enseñanza, porque el maestro contribuye a que sus estudiantes se conviertan en personas independientes, a que se descubran como los seres humanos valiosos que son. Ésa es la principal tarea de un maestro: trabajar para hacer seres humanos; que los alumnos asuman el reto de su propia existencia, ya que la vida es un proyecto precioso y con ello ayuda en parte a que definan lo que quieren, lo que desean para la realización de este proyecto que es la vida. Erick Fromn decía que la principal tarea de todo ser humano es nacer a sí mismo. Esta frase encierra dos grandes verdades: cultivarse; es decir, aprender, y criticarse. Un buen maestro enseña no sólo la teoría, sino también propicia la autocrítica de los trabajos, las tareas y el desempeño de sus alumnos a lo largo del curso.
Un maestro cumple con su tarea de enseñanza en la medida en que haya sido fuente inspiradora para que sus alumnos aprendan, se superen y se comprometan consigo mismos; que sean autocríticos, pero con medida y verdad; que siempre estén dispuestos a escuchar a sus compañeros, que se preocupen por aprender cosas nuevas, que no dejen que las cosas sucedan, sino que ellos hagan que las cosas sucedan; que se comprometan en todo, porque el compromiso implica voluntad y amor a las personas y a las cosas.
Jean Jacques Rousseau, pedagogo francés, en su libro Èmile, escribió que los maestros eran libertadores y que los pueblos libres veneran a sus maestros. Es por eso que debemos venerar, reconocer, estimar a los maestros, porque al educarnos nos liberan, nos preparan para enfrentarnos a la vida; nos abren las alas del pensamiento, nos hacen mejores personas; nos regalan la verdad, el conocimiento y las ganas por aprender.
