Indira Kempis
La macroplaza se ha convertido en un espacio público que es un punto tradicional de encuentro para los habitantes de la Zona Metropolitana de Monterrey. La importancia histórica, económica, política y social que representa amerita un ejercicio de imaginación con técnica de qué es lo que podríamos mejorar o transformar según la ambitectura, pero primero déjeme explicarle qué significa este término.
El reconocido arquitecto latinomaericano Rubén Pesci, quien acaba de recibir el premio Gonzalo Halffter al mérito ecológico para ambiente urbano, define el concepto que ha creado: “Ambitectura es una invitación a ver todo”. La mezcla con dosis perfectas de medio ambiente, urbanismo y arquitectura, que para Pesci son uno mismo a la hora de planear y diseñar la ciudad. Una indispensable en la otras, las otras indispensables en una. Con esa visión, impartió el Diplomado en Ambitectura en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Sus alumnos, como proyecto final, hicieron una presentación de propuestas para la macroplaza. Diversos equipos con videos, fotografías, diseños en planos, nos explicaron brevemente las aportaciones principales de sus ideas. Entonces, por esos minutos la macroplaza contaba con bancas lúdicas y hasta de contemplación, con un lago artificial donde ahora se encuentra el parque hundido, con un tranvía que va directo a la Basílica, con un teleférico que va a dar justo a al tanque de la colonia Independencia (donde se está terminando la construcción de la plaza pública y el centro comunitario).
También integraron a algunos proyectos jardineras de plantas nativas, caminos con parasoles (por aquello de la época de calor), cambiar el uso de suelo para poder tener más desarrollos habitacionales en el centro, cerrar las calles aledañas para convertirlas en peatonales, poner una ciclopista, ampliar banquetas, construir anteplazas, que ahí se encuentren los centros de estudio de posgrados de las universidades, entre otras características.
Cada proyecto mostró una particularidad que bien podría llevarse a la práctica para hacer de la macroplaza un espacio público que nos invite a que no sólo sea un lugar para sentarnos e irnos, sino estar. Eso le daría otra imagen al centro de la ciudad, ¿lo más atrevido? En lo que coincidieron todas las propuestas fue en realizar una conexión a la Colonia Independencia, lo que significaría extender la macroplaza, así como mover las instalaciones del Palacio Municipal de Monterrey para que permita esa vista hacia la Independencia y la entrada a la macro.
Ruben Pesci afirma que el valor de cada uno de estos proyectos se encuentra en las aportaciones que bien podrían integrarse para plantear una sola propuesta. “Lo que se trata de hacer juntos siempre valdrá la pena hacerlo”, pero además de que pueda ser un trabajo en equipo integral, plantea algo que desde la ambitectura es básico: No planear para hacer edificaciones, sino pedazos de ciudad.
