La batalla de Monterrey

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Lic. Juan Roberto Zavala

Con tristeza, pero a la vez con un dejo de orgullo, los regiomontanos recordamos esta semana la llamada Batalla de Monterrey que los días, del 21 al 24 de Septiembre de 1846, se libró en nuestra ciudad, en contra del ejército estadounidense que había iniciado la invasión a nuestro país, en el noreste, al desplazarse hacia el río Bravo por Matamoros, pues en Mayo de 1846 nos había declarado una injusta guerra, la que concluyó con el Tratado de Guadalupe Hidalgo en Febrero de 1848, con lo que perdimos 2 millones cien mil km2, es decir, el 55% del territorio nacional.

La tristeza, por la enorme pérdida de civiles y soldados que perecieron durante el sitio a la ciudad y la mutilación del territorio nacional. El orgullo, -en la connotación de Nietzche de virtud que lleva al hombre a una honestidad consigo mismo, que lo conduce a valentía y superación-, por el amor a la patria y arrojo de los regiomontanos de entonces, que se unieron a los soldados para defender su ciudad de un ejército que los superaba, con mucho, en armamento y era uno de los más poderosos del mundo.

Con esta guerra, para la que no estábamos preparados, y que tenía como propósito la consolidación de nuestra pérdida de Texas y la amputación de nuestros territorios, perdimos toda la tierra al norte del río Bravo, donde se incluye Texas y los ahora estados de la Unión Americana Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado; Wyoming, Kansas y Oklahoma.

Después de ocupar Matamoros, Reynosa y Camargo, las tropas estadounidenses, comandadas por el General Zacarías Taylor se colocaron frente a la ciudad el día 19 de Septiembre avanzando hasta La Ciudadela (esquina de Juárez y Tapia), para retirarse al Nogalar donde establecieron su cuartel general. Al día siguiente los invasores, con resistencia del ejército mexicano, se apostaron cerca de El Obispado y ocuparon la Villa de Guadalupe.

El día 21 se dio una de las más fieras batallas, en La Tenería (esquina de Diego de Montemayor y Riva Palacio) donde nuestras tropas, comandadas por el General Francisco Mejía, durante varias horas y a pesar de su escasa artillería resistieron el ataque del Batallón de Maryland y el de los Voluntarios de Columbia, hasta que quedaron sin parque, replegándose y uniéndose a otras fuerzas en un laberinto de callejones conocido como “Rincón del Diablo”, donde resistieron hasta que los estadounidenses se retiraron con pérdidas de 490 soldados y oficiales, entre los que se contaban su comandante el General Buttler.

Un poco al norte, en el llamado Puente de la Purísima, el General Mejía, que se había movido hacia allá con 300 hombres y artillería resistió y derrotó al enemigo con lo que los estadounidenses tuvieron una enorme pérdida de hombres (Israel Cavazos menciona casi mil) y bestias, retirándose a Santo Domingo.

Sin embargo, al poniente de la ciudad se había bloqueado el camino a Saltillo, interrumpiendo cualquier posibilidad de ayuda del exterior y el día 22 cayó El Obispado.

Como el General Ampudia, jefe de operaciones de las fuerzas nacionales, se replegó en desorden hacia el centro de la ciudad, abandonando las fortificaciones por los distintos rumbos de la ciudad, el día 23 las fuerzas de Taylor avanzaron hacia el centro de Monterrey por las calles de Hidalgo y Padre Mier iniciándose tan denodada lucha, que para avanzar los soldados estadounidenses se veían precisados a horadar las gruesas paredes de sillar de las casas, atacando con cañones la Plaza de Armas y sus alrededores.

Ese mismo día y ante el hedor de los numerosos cadáveres y despojos de animales por todo el centro de la ciudad y la casi imposibilidad de defender la plaza, por la escasez de armamento, Ampudia capituló, conviniendo que el ejército mexicano se retiraría llevando sus armas y pertenencias. Al salir las últimas tropas mexicanas de la ciudad, dice José Sotero Noriega, una multitud de habitantes de Monterrey no aceptaron quedar entre los enemigos y abandonaron sus casas, seguidos de sus mujeres y cargando sus pertenencias caminaron a pie tras de las tropas, quedando la ciudad con un aspecto pavoroso de soledad.

Qué bueno, entonces, que las autoridades y un grupo de entusiastas ciudadanos que conforman “Los Amigos de la Batalla de Monterrey de 1846” recuerdan esta gesta heroica y han iniciado una serie de actividades como la colocación de las primeras placas que conformarán la Ruta Turística-Histórica, con los 10 puntos donde se desarrolló la lucha armada, la primera piedra de la Plaza Histórica de la Batalla de Monterrey, una exposición fotográfica y de reliquias, un panel de discusión sobre este mismo evento y un concierto con música de la Batalla de Monterrey.

 

 

 

 

 

 

 

 

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