José Leal
Recientemente la agencia de noticias Reuters informó que el gobierno Británico está considerando la interrupción de servicios en línea para redes sociales, como Blackberry Messenger y Twitter, durante futuros amotinamientos en las ciudades de aquel país. El anuncio hecho por el primer ministro David Cameron, dice la fuente, sería un movimiento «ampliamente condenado como represivo en otros países» como Egipto y China.
La policía londinense dice que los amotinamientos están siendo coordinados mediante el uso intensivo de redes virtuales y dispositivos móviles que permiten a los grupos de «vándalos» gran capacidad de coordinación en sus ataques. Por ello, Cameron informó al parlamento estar trabajando con los servicios de inteligencia y la industria para «ver si sería correcto impedir la comunicación entre la gente cuando se sabe que están conspirando para la violencia, el desorden y la criminalidad.» Las autoridades también consideran solicitar a compañías como RIM y Twitter información especifica de los mensajes de sus usuarios.
Por otro lado se informa que las mismas redes sociales han sido utilizadas por ciudadanos pacíficos para evitar puntos de conflicto y organizar la limpieza después de los disturbios. Las redes sociales están demostrando su poder para reorganizar a la sociedad y devolverle la capacidad de movilización perdida en las últimas décadas. La energía detrás de estas nuevas formas de organización social se manifiestan tanto en la destrucción como en la regeneración. Los esfuerzos por reprimir usos socialmente «peligrosos» también tendrán efecto negativo en aquellos propósitos sociales del activismo legítimo. La pregunta obligada es quién y bajo qué criterios distinguirá una organización social legítima de una «conspiración» y determinará cuándo sea «correcto» impedir la comunicación entre las personas.
Los pueblos del mundo están despertando de un letargo prologando. Los estados neoliberales, acostumbrados a la mansedumbre de la sociedad «mundial» del consumo están siendo rebasados por una sociedad red que se reorganiza en formas insospechadas. Las rebeliones virtuales brincan súbitamente de las pantallas a las calles y las plazas, lo que sucede hoy en Londres podría repetirse en muchas otras capitales del mundo. El descontento generalizado por el desempeño de la economía mundial y las altas tasas de desempleo obligan a la revisión profunda del pacto social, la tecnología es un poderoso catalizador ciudadano que sirve de igual manera para la reforma o la revolución. Los pueblos del mundo hacen oír su voz nuevamente gracias a la tecnología de comunicaciones, se reconocen e interactúan de forma directa; sin la mediación del estado o de los canales centralizados de comunicación (televisión y radio) que caracterizaron a la sociedades industriales.
