Polución en México

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El Cerro Negro, como era en 1999.

Arena negra en el desierto

La contaminación por plomo ha causado un prolongado problema de salud pública

TORREÓN

(Tomado de The Economist. Traducción de Félix Ramos Gamiño)

Terrosas montañas cafés rodean a Torreón, una gran ciudad industrial en el norte de México, pero la ladera de una colina del desierto aparece de color negro azabache. El Cerro Negro, como se le conoce localmente, está conformado por depósitos de la más grande fundición de metales no ferrosos de América Latina, el cual ha ennegrecido el aire por más de un siglo.

La planta ha creado no sólo un feo montón de escoria, sino un problema de salud pública de dimensiones aún desconocidas.

La fundición, propiedad de Met-Mex Peñoles, parte de un gran grupo minero mexicano, funcionó sin techo desde 1901 hasta 2000, y ha cubierto el área colindante con capas de fino polvo negro.

Eso no preocupaba tanto cuando la fundición estaba aislada en el desierto; pero allá por los años 70, el gobierno de México vendió terrenos de su propiedad, cercanos a la planta, para casas habitación.

Incluso entonces, el polvo fue visto como un inconveniente, superado por los empleos que generaba la planta. Pero, en 1998, Manuel Velasco, un pediatra local, notó un patrón entre sus pacientes. Muchos niños tenían más de 60 microgramos de plomo por decilitro de sangre, seis veces el nivel que los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), una agencia gubernamental de los Estados Unidos, dicen que requiere una pronta acción de las autoridades. “Después del cuarto caso, me dí cuenta de que algo estaba muy mal, dice el doctor Velasco.

Met-Mex, empresa de una cadena de compañías mineras, de distribución y de finanzas, controlada por Alberto Bailleres, uno de los hombres más ricos de México, fue requerida por el gobierno para que redujera sus emisiones y contribuyera al tratamiento de sus víctimas. La compañía construyó un techo sobre el montón de escoria y constituyó un fondo médico de 60 millones de pesos.

Pero, después de una década, los problemas no han sido resueltos. A pesar de todo, el polvo sigue cayendo: se puede ver a empleados de Met-Mex en labores de aspirado en muchos barrios de la ciudad.

En un estudio realizado en 2005-06 por la Universidad de California y la Universidad Nacional Autónoma de México, casi la mitad de los niños de la muestra tienen plomo en la sangre, en niveles por arriba de los límites de la CDC.

Esto puede conducir a dificultades de aprendizaje y problemas de conducta. Met-Mex insiste en que ninguno de los niños de su base de datos, de pacientes previamente expuestos, exhibe efectos de largo plazo asociados con envenenamiento por plomo. La compañía dice que hay pocos casos nuevos, y que la mayor parte están relacionados con la pica (algo así como los mordiscos). Esto se refiere tanto a la costumbre de los niños de comer tierra, como a tendencias similares entre mujeres encintas. Russ Flegal, un toxicólogo ambientalista de la Universidad de California, dice que la teoría del pica es, en el mejor de los casos, carente de sustancia.

El tratamiento para las víctimas de la fundición es limitado. El programa fundado por Met-Mex consiste solamente en dosis de leche y suplementos vitamínicos. La gente de más de 15 años, incluidas las mujeres encintas, no califican ni siquiera para eso, porque “sus cuerpos eliminan el plomo de manera natural”, según Fernando Alanís, director gerente de Met-Mex.

Las escuelas públicas de Torreón brindan asesoría sobre este problema a menos de la mitad de los 11 mil niños que la CDC determinó estaban contaminados, cuando hizo el estudio a solicitud del gobierno de México.

Los esfuerzos de las autoridades de salud se ven obstaculizados por la inseguridad: bloqueos carreteros provocados por bandas de narcotraficantes han obligado a la suspensión de visitas domiciliarias para víctimas de envenenamiento por plomo en 15 barrios de la ciudad.

El señor Alanís dice que se ha registado una gran mejoría, pero admite: “no podemos decir que el problema ha sido resuelto. El sigilo que rodea al polvo negro de Torreón significa que nadie puede estar seguro de la gravedad del problema.

En 2006, ciudadanos demandaron acceso a las auditorías ambientales de la fundición, realizadas por la Secretaría del Medio Ambiente del gobierno federal. La dependencia consideró los registros como “reservados y confidenciales”. El año pasado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó que los datos fueran liberados, pero la gente de Torreón todavía sigue esperando.

 

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