Silvia E. Tavitas H.
La violencia familiary el abuso sexual se identifican cada vez más en los servicios primarios de salud y en las consultas psicoterapéuticas. Como lo refieren De la Garza Aguilar y Díaz Michel en un artículo publicado en Medicina Universitaria: “estamos hablando de un problema psicosocial con características socioantropológicas; afecta a todas las poblaciones y no es de reciente aparición…” La violencia, entendida como un modo de relacionarse en la familia, afecta a todos sus miembros y se constituye como un problema de salud mental que puede provocar deficiencias en el desarrollo y funcionamiento de las personas y sus familias. En el abordaje diagnóstico y terapéutico de la violencia familiar y el abuso sexual, es necesario comprender la compleja dinámica relacional de las familias y las personas participantes en este tipo de transacciones; las diferentes formas que adopta la violencia y el modo en que cada persona participa en la secuencia de actos violentos y/o abusivos. La violencia familiar es una conducta abusiva (por acción u omisión) que se da en el marco de una relación desequilibrada, causa daño físico y/o psicológico a los que la viven.
VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
En México, 47 de cada 100 mujeres mayores de 15 años que viven con su pareja en el hogar, sufren violencia emocional, económica, física o sexual por parte de su compa-ñero o esposo. (INEGI, 2004). Esta condición las hace vulnerables a desarrollar trastornos psicológicos, principalmente de tipo depresivo y de ansiedad. De la Garza y Díaz Michel confirman lo que cotidianamente observamos en los servicios de salud y en los reportes de estadísticas locales, nacionales e internacionales: “gran parte de los abusos sexuales en menores son cometidos por miembros de la familia”. Lo alarmante de este hecho es que cada uno de los participantes de estas graves transacciones violentas rehúsa considerarse responsable de lo que ocurre, y con frecuencia acusa o culpa a otros. Paradójicamente, las situaciones de abuso sexual contra menores y la violencia familiar, de acuerdo a nuestra experiencia, producen una confusión psicológica en “cascada” en terapeutas, trabajadores sociales, médicos, testigos, víctimas y abusadores, lo que dificulta el manejo del problema de una forma objetiva y eficaz, y todo esto causa problemas de re-victimización en los pacientes que viven experiencias de maltrato. Las estadísticas nos indican que las personas más susceptibles de sufrir el impacto de la violencia familiar y abuso sexual son las mujeres y los niños. En el Distrito Federal, por ejemplo, el 30 por ciento de los delitos sexuales denunciados corresponden a menores de 18 años.
Por otro lado, la literatura menciona que 70 por ciento de las víctimas de abuso sexual infantil son niñas y son de todos los estratos socioeconómicos.
SÍNTOMAS
Para mejorar la capacidad de detección de la problemática, los profesionales de salud debemos conocer las características del contexto psicosocial de las víctimas y reconocer síntomas sugerentes:
1. Aislamiento social.
2. Disfunción Familiar.
3. Conflictos en la pareja.
4. Antecedentes de maltrato y abuso sexual.
5. Alcoholismo y/o adicciones en algún miembro de la familia.
6. Hacinamiento.
7. Promiscuidad.
8. Ausencia de padres biológicos.
9. Desinformación sobre aspectos básicos del desarrollo y cuidados infantiles.10. Conceptos distorsionados e irracionales sobre el ejercicio de la autoridad.
ABUSO SEXUAL Y MALTRATO INFANTIL
El abuso sexual y el maltrato infantil deben ser analizados y tratados como un problema de violencia familiar. Visto desde este enfoque, el acto violento o abusivo ocurre dentro de los límites de un espacio íntimo que no permite que trascienda públicamente. Así, el ocultamiento de este grave y complejo problema impide que las instancias jurídicas, de salud y de asistencia social intervengan coordinadamente para afrontarlo. Por lo tanto, la violencia familiar es un asunto que no puede seguir considerándose una cuestión privada o secreto familiar, ya que la salud, la educación, el trabajo, la seguridad personal y los derechos humanos son asuntos públicos y comunitarios. En 1999, la Secretaría de Salud decretó la Norma Oficial Mexicana “Criterios para la Atención Médica de la Violencia Familiar en Instituciones de Salud”. Esta norma incluye los lineamientos que los profesionales y las instituciones de salud deben seguir para la prevención, el diagnóstico y tratamiento de esta compleja problemática. Cada organización, de acuerdo con su misión institucional, establecerá programas y actividades para atender a la población de conformidad con la norma y el derecho constitucional a la salud que todos los mexicanos tenemos. En este contexto, el Hospital Universitario “Doctor José Eleuterio González” de la UANL, como centro médico de concentración de tercer nivel, participa y organiza a través del Servicio de Psiquiatría y Medicina de Enlace la formulación de estrategias de evaluación integral a pacientes captados por las diferentes especialidades y servicios del hospital y que son detectados como víctimas o victimarios de violencia familiar. La subdirección de Asistencia Hospitalaria y el Departamento de Trabajo Social del Hospital Universitario han sido particularmente sensibles y se comprometen día a día, formando un equipo integrador en apoyo a la prevención y tratamiento de este problema. Actualmente, además de los formatos implementados por la Secretaría de Salud, contamos con otros medios para la detección de casos, como: instrumentos clinimétricos, entrevistas clínicas, visitas domiciliarias etcétera. La importancia en la detección de los casos tiene relevancia en áreas clínicas, si reconocemos que la omisión del diagnóstico de violencia familiar repercutirá en consecuencias graves a corto plazo, reflejadas en la salud física y psicológica de las víctimas de violencia familiar. La violencia familiar y el abuso sexual infantil frecuentemente se expresan a través de síntomas físicos, como cefaleas, dorsalgias, insomnio, síntomas ginecológicos, etcétera, y síntomas psicológicos, como desesperación, sentir que la vida no tiene sentido, tristeza, llanto fácil, sentimiento de culpa inexplicable, desconfianza y sentimiento de minusvalía, dificultad para relajarse, sensación de
fracaso. Esto propicia un alto consumo de consultas médicas que no resuelve los síntomas de los pacientes. En atención a los casos que se presentan en nuestras instituciones de salud, se convierte en una necesidad y una responsabilidad ineludible la realización de un diagnóstico, para lo cual el especialista Jorge Corsi propone un esquema práctico para definir y distinguir las formas que asume la violencia familiar:
1. Maltrato Infantil: a) formas activas: abuso físico, psicológico y sexual b) formas pasivas: abandono físico y negligencia, testigos de actos violentos o sexuales.
2. Violencia Conyugal: a) maltrato físico, psicológico, sexual, patrimonial, etcétera hacia la mujer o el hombre. b) violencia cruzada en donde ambos miembros de la pareja participan activamente.
3. Maltrato a ancianos o discapacitados: a) abuso físico, psicológico, sexual, patrimonial, negligencia y abandono. Para concluir, reiteramos que por la naturaleza de su etiología, la violencia familiar y el abuso sexual son problemas de salud que requieren de un abordaje multidisciplinario e interinstitucional, para lo cual se requiere sensibilización, capacitación y adiestramiento. Es indispensable una acción coordinada y un enlace interinstitucional, no sólo de las instituciones de salud, sino también del sistema legal y el de asistencia social, con la finalidad de que las víctimas encuentren una red de apoyo social que les permita tomar control y responsabilidad de la resolución del problema.
