Indira Kempis

No es sorpresa para los habitantes de la ciudad de Monterrey darse cuenta que no se puede caminar con tranquilidad por la ciudad. Uno de los factores que lo impiden es la ausencia de banquetas cuyas medidas permitan el paso libre y cómodo, pero que además se encuentren en condiciones óptimas.
Es lamentable ver cómo nos ocupamos de las grandes infraestructuras que aún planeadas no combaten el tráfico de los automóviles en la ciudad, pero distamos de poner nuestra atención en la escala humana que es todavía más importante porque en ella caminamos, justo después de dejar el transporte público, los automóviles o las bicicletas. Los pies son el medio de transporte natural por excelencia. Por eso mismo así como cuando hay un bache la gente se organiza para poder solucionarlo, igual debería ser nuestra reacción ante las banquetas averiadas.
Algo que se nos ha olvidado, aunque parezca de sentido común, es que las banquetas también son espacio público. Ahí nos encontramos todos los días en diferentes ciudades del mundo. Caminamos sin buscar y, sin embargo, es la manera más cotidiana de poder al menos mirarnos a los ojos. Las aceras o veredas deben ser más que trazos en los caminos que distinguen entre los autos y los peatones. Su importancia radica en la generación de la cohesión social que necesitamos ante las ciudades con agendas personales saturadas en las que habitamos.
En Monterrey existe un blog llamado http://banquetasmty.blogspot.com/ en el cual se pueden preciar fotografías de estas aceras o veredas como son llamadas comúnmente en otros países. En su introducción se lee: No hay banquetas porque la gente no camina o no la gente no camina porque no hay banquetas. Si usted ha sido peatón alguna vez en esta ciudad que todavía no le ha apostado a la escala humana, seguramente estará de acuerdo con que la gente no camina porque no hay banquetas.
