Juegan los alpinistas un papel clave para destacar el calentamiento global

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A los escaladores muchas veces se nos considera adictos a la adrenalina; pero debemos hacer oír nuestra voz por la desaparición del hielo de las montañas

Ed Douglas

(Tomado de guardian.co.uk. Traducción de Félix Ramos Gamiño)

El monte Everest visto desde Nepal - Fotografía de Gavin Hellier/Getty

Los reportes de que el calentamiento global está modificando la ruta de ascenso al Everest, revivió los recuerdos del Climagate. En el año 2009, en lo más álgido de la llamada controversia, se dio a conocer que dos “documentos” sobre la desaparición del hielo de la montaña, citados por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático en su reporte de 2007, no tenían nada que ver con el caso. Uno de ellos era una disertación de un estudiante suizo de Geografía y guía montañés. El otro era un artículo de una revista norteamericana de alpinismo, del montañista Mark Bowen.

La escéptica comunidad estalló en júbilo. ¿En qué podrían contribuir a la ciencia del clima un par de adictos a la adrenalina? Las condiciones de ascenso en el Everest podrán estar cambiando, pero ¿qué es lo que eso prueba? Como alpinista, yo puedo comprender su punto de vista. Lo que es más, yo conozco a Mark Bowen, no sólo como escalador, sino como científico y autor de Thin Ice, un recuento del trabajo del glaciólogo Lonnie Thompson, y de cómo el cambio climático afecta a las montañas del mundo.

Una noche, después de cenar, Bowen y yo dialogamos sobre nuestra admiración por John Tyndall, el padre de la ciencia del clima, cuyo nombre lleva el Centro Tyndall del Cambio Climático. Tyndall era un talentoso alpinista que, en 1960, intentó por primera vez el ascenso al inescalado Matterhorn, un año después de haber descubierto las propiedades del dióxido de carbono, que lo convierten en un gas de efecto invernadero. La curiosidad que guiaba su ciencia, guiaba también su celo por el alpinismo.

Si Tyndall pudiera ver cómo han cambiado sus amados Alpes… Los alpinistas que han seguido sus pasos han documentado, sin darse cuenta, este proceso. Fotografías tomadas hace algunas décadas revelan el impacto alucinante y el tipo de cambio sufrido. Glaciares enteros están desapareciendo. Acantilados de hielo, llamados seracs cambian su posición a medida que el hielo desaparece. Rocas que tiempo atrás estaban congeladas, se sueltan al derretirse el hielo.

Un alpinista o un esquiador deben prestar atención, porque estas situaciones les pueden causar la muerte. En los Alpes, la edición de una nueva guía detalla los cambios que se han dado en rutas populares de ascenso, afectadas por las tibias temperaturas. Hace poco, un amigo mío de Chamonix hizo circular por twitter la noticia de una lona colocada en el puerto de Grands Montets. Su objetivo era reducir el derretimiento del hielo en una de las áreas críticas para el descenso en esquí.

Ahora bien, los alpinistas saben bien que las montañas siempre experimentan cambios. Es parte de su naturaleza. Los glaciares de los Alpes empezaron a retroceder en el siglo XIX. Las caídas de grandes rocas, reportadas en los años recientes, no son novedad.

Tarjetas postales de 1930, de la cara norte del famoso Eiger, revelan que en algunos veranos se veía tan rocoso y libre de hielo como en la actualidad. Algunos de los más escépticos amigos alpinistas que tengo, dicen que es muy fácil atribuir la expresión “cambio climático” a todo lo que ocurre en el entrópico mundo de las altas montañas.

Ya no es posible aferrarse a esa noción. Estudios realizados en los Alpes muestran una aceleración en la pérdida de hielo, incluso en el corto plazo. Por lo menos, la gente de la localidad puede hacer que se oiga su voz, y los países alpinos son lo suficientemente ricos para mitigar los peligros.

Pero no es ese el caso en las más pobres regiones montañosas del mundo. Aunque nuestro conocimiento del Himalaya está muy lejos de ser absoluto, es claro que ahí también hay cambios en proceso. El interactuar con la gente de la región, como lo hizo Suzanne Goldenberg en sus recientes reportajes desde Khumbu, en Nepal, es parte de la experiencia montañesa del Himalaya. Nuestros puntos de vista como escaladores pueden ser instructivos, incluso útiles.

El año pasado yo intenté conquistar un oscuro e inescalado pico del transhjimalaya tibetano, 200 kilómetros al norte de la cadena himalaya principal. Uno de los miembros de nuestro equipo había estado ahí unos diez años antes, y a cada momento se sorprendía por la cantidad de hielo que se había perdido. Esta región es prácticamente desértica, con poca precipitación, por lo que el agua que escurre de los picos glaciales es crítica. Nómadas de la región, que han pasado toda su vida a 4,500 metros de altura, se quejaban de que sus pastos desaparecían a medida que los glaciares se derretían. Decían que nunca antes había pasado algo similar.

El Everest es lo suficientemente famoso para llamar la atención, pero estas remotas comunidades montañesas han luchado para hacerse oír. Los geógrafos montañeses Bruno Messerli y otros tuvieron que esforzarse de manera determinada para que el tema de la montaña fuera incluido en la agenda 21 de las Naciones Unidas, en 1992. Alpinistas como Ed Hillary y Doug Scott usaron la inspiración que encontraron en las montañas para mejorar la calidad de vida de las personas que ahí conocieron. La siguiente generación de amantes de la montaña deberá hacer lo mismo.

 

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