La historia, inseparable de la ciencia y la filosofía

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Doctora Patricia Liliana Cerda

Ella nos acerca o aleja por igual de las vidas de dioses, héroes y hombres; de las glorias y decadencias de ellos; sus afanes y penas, que los han señalado como deidades, semidioses o simples mortales y que, de refilón, empañaban o daban lustre a pueblos enteros.

Sin ella, sin la historia, sin esa parte de nuestra memoria colectiva, que filósofos y científicos ubican de forma diferente, ni la filosofía, ni mucho menos la ciencia podrían haber sobrevivido. Es un triángulo perfecto, que por antonomasia debe estar siempre unido. Las razones de este triángulo son tan simples como sofisticadas: la ciencia no es una cosa fija, sino una actividad siempre en proceso de desarrollo. De la Edad de Piedra a la actual nanotecnología, la Historia, que desde el tiempo de los griegos significaba investigación o informe, cumple sus cometidos. Ella nos ha relatado desde las abstracciones mentales que han dado paso a los hombres de todos los tiempos, a la formulación de la filosofía pura, de la poesía, la pintura y toda la amplia gama de las bellas artes.

HISTORIA Y DIMENSIÓN DEL TIEMPO

Uno puede imaginar la historia sólo como un pasado, y ver y analizar, así, la dimensión del tiempo y las relaciones que pueden establecerse en dicho proceso. Es posible estudiarla como parte de la conservación de tradiciones o creencias del destino individual o social; se le puede asumir como “el mundo histórico” que a filósofos y sociólogos ocupa y preocupa, para describir la totalidad del modo de ser del hombre y de sus creaciones, con sus ciclos, sus decadencias, sus azares o sus órdenes providenciales para construir sus propias interpretaciones.A ella, a esa gran ciencia, se le puede entender incluso como un “ciclo cósmico”; en el cual se nos dice que hay siempre una repetición humana en los conjuntos históricos y, desde ahí, tratar de comprender nuestras casualidades, azares, progresos, prejui-cios, revoluciones o involuciones, que a través de siglos ya describía de manera tan sabia y humanista como hermosa, el poeta español León Felipe, en sus versos intitulados “¡Qué Pena!”Aristóteles, Platón, Heidegger, Kant, Hegel o Voltaire hablaron y describieron como hombres de su tiempo sobre los prejuicios y contradicciones que se pueden dar en la filosofía de la Historia. La razón y el dogma han sido conocidos por los hombres de siempre a través de la Historia. La revelación del Dios de los hebreos, de los católicos y de los musulmanes se hizo sólo a través de ella. Los hombres pueden ser guiados por el Torá, la Biblia o el Corán, y ello depende de la fe que profesen.Empero, lo más hermoso es pensar que la Creación obrada por el mismísimo Dios, fue detallada a través de historias donde se nos dice que sólo el sentido del orden emanado de la Providencia es perfecto y necesario. Ahí también se nos recuerda un tópico toral para nuestra frágil supervivencia como raza humana: la historia, la personal o colectiva forjada por el hombre es siempre perfectible, porque está plagada de tantos errores como aciertos.

 

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