José Leal
Una característica distintiva de nuestra especie es el optimismo. La tendencia humana a creer que las cosas se encuentran mejor de lo que en realidad están, o bien a creer que consecuencias negativas probables nuca caerán sobre nosotros, puede ser persistente y hasta recalcitrante. Se podría esperar de las personas que al ser confrontadas con realidades ásperas sobre temas de salud o finanzas, ajustarían sus especulativas previas, si embargo no siempre es así.
Ya que una actitud de indiferencia ante los riesgos puede resultar en daños reales a las personas, varios neuricientíficos buscan indicios que pudieran explicar el origen y naturaleza de ese optimismo inalterable. Se ha pensado que dicha actitud ilusoria podría estar vinculada a los centros cerebrales que se encargan de procesar los errores de estimación, por ello, Investigadores de Inglaterra y Alemania buscan evidencia de esta hipótesis con tecnología de resonancia magnética.
Para estudiar el optimismo se examina hasta dónde algunas personas subestiman el impacto de posibles eventos negativos, debido a que el mantra «eso nunca me sucederá a mi» tiene implicaciones en la forma como las persona se protegen. Los investigadores presentan a los individuos participantes una lista de 80 diferente eventos negativos como el síndrome Alzheimer, la pérdida del empleo o la infidelidad en la pareja. Se les pide que evalúen la probabilidad de experimentar eso eventos y posteriormente se les informa la probabilidad real en cada uno de ellos. Más tarde, los científicos monitorean la actividad cerebral de cada individuo al tiempo que se les pregunta nuevamente sus estimación para los mismo riesgos.
En estos estudios colaboran el Centro para la Neurociencias de la universidad College London con las universidades Libre y Humoldt de Berlin y, a decir de los investigadores, la actividad del lóbulo frontal de la corteza cerebral repunta cuando las cosas se presentan mejor de lo esperado, de esta manera el cerebro intensifica su búsqueda de posibles errores en estimaciones. Por el contrario, cuando la realidad es peor de lo esperado, la actividad en tales regiones del cerebro disminuye sustancialmente.
Los hallazgos publicados en la revista Nature Neuriscience sugieren que la propensión al optimismo facilita que el cerebro falle en detectar errores de estimación cuando éstos apuntan hacia escenarios menos deseables. «Cualquier ventaja arraigada en el optimismo ilusorio probablemente llegará con un costo. La apreciación irrealista de los riesgos financieros, por ejemplo, ha sido ampliamente discutida como factor causal del colapso de la economía mundial del año 2008,» dice el reporte, «desechar riesgos indeseables nos obsequia una susceptibilidad particular para mirar el futuro color de rosa.»
