Por Jean Marc Lorach. Tomado de Le Figaro. Traducción de Félix Ramos Gamiño

Numerosos citadinos cultivan ya un pequeño huerto en la ciudad o tomates cherry en sus balcones. Igualmente, muchas familias citadinas desearían disponer de huevos frescos producidos de manera biológica en sus casas. En este sentido y con el desarrollo de minigallineros urbanos, se perfila una nueva etapa en la autosuficiencia alimentaria.
Éstos no contienen más que unas cuantas aves, y pueden ser instalados fácilmente en los patios traseros o en los jardines de las ciudades. El interés de los citadinos por estas gallináceas se desarrolla a gran velocidad, y en este año 2011 se ha triplicado la demanda respecto del año 2010. La elección puede recaer en razas tradicionales, como la gallina roja de nuestras campiñas, o en especies venidas de otras partes, como la gallina blanca del Sussex.
Evidentemente, alimentar a estas aves no será más difícil de lo que es alimentar a las especies de las campiñas. Ellas se comerán de buena gana los residuos vegetales de las comidas, las cáscaras de las legumbres o el pan duro.
Ya hay quienes ven, en estas mini granjas familiares, un medio útil para luchar contra la proliferación de residuos alimentarios en el medio urbano. Por su parte, los niños se muestran felices por la posibilidad que se les ofrece de ir a buscar huevos en el fondo del jardín. Incluso, algunas gallinas hacen, cada fin de semana, un recorrido de ida y vuelta entre la residencia principal y la casa de campo de la familia, a la que acompañan en sus peregrinaciones. Desde luego, los gallos son menos solicitados, porque su canto matinal desconoce los fines de semana y las levantadas tarde.
