Gallinas de ciudad

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Por Caroline Sallé. (Tomado de Le Figaro. Traducción de Félix Ramos Gamiño).

Gallineros diseñados para gallinas de ciudad. Fenómeno importado de los Estados Unidos de América.

Después de los muros vegetales, las minizanahorias de balcón y “la miel de hormigón”, paso a la  gallina de ciudad. Uno creía que las gallináceas están destinadas sólo a la vida agreste, pero se equivocaba. Desde hace poco invaden también los jardines de bolsillo o los pequeños patios de las casas, a imagen de Moshi-Moshi, la gallina nana de Jérôme Munier.

Sobre la terraza de su departamento, en Maisons-Alfort 94, este treintañero ha acondicionado una jaula para su volátil compañera. “Yo no me imaginaba a mí mismo con un cotorro –concede él-, así que opté por este animal muy sociable. En la noche, Moshi Moshi duerme” en un estante de mi biblioteca, y en el día está afuera. A decir verdad, lo más difícil es su alimentación. En las jardineras del rincón no hay corral.

Tal vez pronto lo haya, porque el concepto, si realmente es nuevo entre nosotros, se ha extendido desde hace varios años en Inglaterra y en los Estados Unidos. Testimonio de ello lo constituyen las redes de urbanchickens y backyardchickens.

Existen ya los gallineros diseñados por la sociedad Impulsos Creativos, cuyo objetivo es llevar a la ciudad los valores del campo.

“Por lo pronto, ya comercializamos dos modelos: el Klapp y el Cocot’home, más lujoso, y cuyo techo permite el cultivo de hierbas de olor”, dicen los creadores del concepto. “Nuestros clientes son, sobre todo, familias con niños de corta edad. Ya hemos establecido un refugio en casa de un particular de Montparnasse, y otros en los alrededores del centro. La ventaja de una gallina es que puede uno recolectar huevos frescos y reciclar sus desechos orgánicos. Después de tantos males, que vengan los granjeros urbanos”.

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