María Isabel Valdez Rangel
Adelina Alcorta-Garza de González
Doctora Claudia C. Santos Lozano
Residente de Segundo Año de la Especialidad
de Psiquiatría General. Máster en Violencia familiar
Doctora María Isabel Valdez Rangel
Residente de Segundo Año de la Especialidad de Psiquiatría General
Doctora Adelina Alcorta-Garza de González
Jefa del departamento de Psiquiatría. Doctora en medicina,
Psicometría y Educación Médica, Máster Internacional en Pedagogía Médica
Doctor Francisco Javier Rodríguez Lara
Coordinador General Administrativo de Educación
Máster Internacional en Pedagogía Médica, Máster en Neurociencias
Sumario: La importancia de la salud integral y el cuidado del enfermo, una señal de amor.
Afortunadamente, la sociedad está cada vez más consciente de la psicopatología y los trastornos médicos. Los psiquiatras somos médicos que atendemos enfermedades mentales que se asientan en una multiplicidad de causas (problemas psicológicos o del desarrollo normal o problemas físicos por trastornos bioquímicos, por ejemplo). Todas las causas posibles se resumen en la forma en que nos expresamos, los observamos como trastornos del pensar (delirios) y sentir (tristeza, enojo, desconfianza, miedo) o en nuestra conducta personal y social (auto o heteroagresión, responsabilidad o irresponsabilidad, hipersensibilidad o apatía, etcétera).
Los trastornos crónicos, en especial los trastornos psicóticos, como las esquizofrenias; trastornos del ánimo, como la depresión mayor o enfermedad bipolar, delirium, intoxicaciones, Alzheimer, entre otros, requieren de me-dicación, y, como otros problemas médicos, no están exentos de efectos adversos o indeseables. Uno de los más recientes se reconoce como complicación, que se suma al trastorno de base, y que es causa de comorbilidad, por coexistir junto al trastorno depresivo, o a la esquizofrenia, si éste fuera el caso. Se llama Síndrome Metabólico. Pero, ¿qué es el Síndrome Metabólico?
PRINCIPALES CRITERIOS CLÍNICOS
Es un conjunto de síntomas que pueden encontrarse con diferentes nominaciones: como Síndrome X, Síndrome de Resistencia a la Insulina o Síndrome Plurimetabólico. Son cuatro criterios clínicos principales los que lo caracterizan: obesidad, hipertensión (presión arterial elevada), desregulación de la glucosa (problemas para mantener niveles de azúcar normales en nuestro organismo) y dislipidemia (niveles de grasas como el colesterol y triglicéridos elevados).
La Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Nacional de Educación de Colesterol-Panel Adultos III (NCEP-ATP III), el Grupo Europeo para el Estudio de Resistencia a la Insulina, y la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos (AACE) han tratado de que todos pongamos atención cuidadosa a este síndrome, ya que el riesgo para sufrir problemas de salud graves es inminente cuando no se atiende.
En el Departamento de Psiquiatría iniciamos un registro de los parámetros necesarios para que podamos atender integralmente a nuestros pacientes en cuanto estos síntomas aparezcan. En general, tratamos de evitarlo, pues lo que menos se quiere cuando se atiende un problema psicológico o psiquiátrico es que el paciente descuide su salud, Desgraciadamente, muchos fármacos se relacionan con este síndrome, por lo que se les pide a todos los pa-cientes que regularmente asistan a la clínica encargada de seguimiento de todos los casos medicados, previniendo el síndrome antes de que se instale.
Los criterios de la NCEP-ATP III se especifican en la Tabla 1
En el año 2000, la comisión contabilizaba más de 13 millones de afectados en México (26 por ciento, según Lernan y cols. 2004* Revista de Endocrinología y Nutrición). Este tema es de crucial interés en nuestro trabajo, en virtud de que en los casos de enfermos psiquiátricos, como la esquizofrenia, los hallazgos muestran que con respecto a riesgos cardiovasculares, la muerte por cardiopatías es 46 por ciento mayor; comparado con el resto de la población, la posibilidad de sufrir obesidad es de 42 por ciento vs 27 por ciento de la población general; el riesgo de sufrir hiperlipidemia es de 14 por ciento, y de diabetes mellitus (DM) tipo 1 y 2, 11 por ciento, con totales para Síndrome metabólico de 40.9 por ciento; esto, además de que los pacientes sufren de altas tasas de tabaquismo y de una mayor dificultad en acceso a servicios de salud e información nutricional.
POSITIVO EL PROGRAMA DE MONITOREO
Si bien mencionamos una prevalencia general de síndrome metabólico de 40.9 por ciento en hombres y mujeres con diagnóstico de esquizofrenia, la incidencia en hombres esquizofrénicos es 138 por ciento mayor que en la población general, y en mujeres esquizofrénicas 251 por ciento ma-yor que en la población general. El cuadro siguiente documenta nuestra estadística de trabajo diario en el Departamento de Psiquiatría, con el número de pacientes en riesgo de síndrome metabólico mientras son tratados de su pro-blemática. Por ello, es enorme el beneficio de nuestro programa de monitoreo que nos permite hacer ajustes y cambios, además de la psicoeducación para que el paciente y su familia no abandonen el tratamiento, y entiendan que su salud es primero y que ésta no sólo es física o mental, sino que ambas son una sola.
Lamentablemente, cuando los enfermos no tienen una familia que atienda sus necesidades básicas y entienda que entre ellas está el que el paciente tome la medicación para su psicosis, previos exámenes de laboratorio para documentar la situación metabólica del paciente, el médico debe hacer un doble esfuerzo, pues, ante la urgencia de apagar los síntomas psicóticos del paciente, lo receta y le prescribe el medicamento sin el necesario apoyo de los exámenes, asumiendo con ello futuros riesgos y dificultades para un mejor seguimiento y cuidado de la salud del paciente.
Si se hicieran los exámenes el paciente y la familia, se educarían en los principios básicos para la buena práctica médica y buen cuidado de su salud, ya que entenderían que la toma de medicamento conlleva un compromiso de atender la situación metabólica primaria o secundaria a la medicación. Estos exámenes, si todo estuviera bien, deberán hacerse por lo menos cada 6 meses, y en algunos casos donde hay predisposición familiar o antecedentes francos de sobrepeso, hipertensión o cardio-patías, pudieran ser más frecuentes. Si se detectan riesgos, debe decidirse el cambio cuidadoso de medicamentos o dosis, evitando que se agudice la psicosis.
FÁRMACOS PROMISORIOS
Si usted toma Olanzapina o Clozapina, es obligado tener un monitoreo cercano, pues son medicamentos que deben ser monitoreados y detectar datos de riesgo en la bioquímica del paciente (elevación de glucosa, insulina, lípidos), que se asocian frecuentemente con signos físicos como aumento de peso, cintura y tensión arterial. Hay muchas opciones y cada vez parecen ser más promisorios los nuevos fármacos, pero todos deben ser monitoreados mientras conocemos a largo plazo sus efectos. Quetiapina, Risperidona, Ziprasidona y Aripiprazol, en ese orden, son menos ligados a este síndrome y son el cambio obligado si este síndrome aparece. Una dieta sana, ejercicio, suprimir sustancias como alcohol y drogas, junto a una terapia de apoyo a la familia y psicoeducación traerán menores riesgos para la salud del enfermo.
Conforme a nuestros datos de tareas diarias realizadas en el Departamento de Psiquiatría, nuestra consulta y número de pacientes nos dice el inmenso problema que tenemos que resolver para hacer una buena práctica cuan-do el 80 por ciento de la población no ha pasado de los estudios de secundaria. La tabla 2 da una idea de nuestra población atendida en 2006. Estamos apenas procesando la información de 2007; pero la diferencia, si la hay, podremos subrayar desde ahora, será que estos pacientes serán mejor atendidos si logramos que este año no sólo se mediquen adecuadamente, sino con la voluntad de reconocer sus necesidades de salud integral. Esperemos que sus familias y ellos mismos no crean que es un lujo la vigilancia de su estado metabólico, sino una verdadera inversión de amor para su calidad de vida y su esperanza de vida.



