Licenciada Silvia Laura Camarillo Vázquez
Directora del CIJ Monterrey
cijmonterrey@cij.gob.mx
Atrás quedaron los días en que con cierta seguridad podía uno pasear por las calles, o en que los niños podían salir a jugar a la plaza o ahí, en la banqueta de casa… Una y otra vez nos preguntamos: “¿Qué paso? ¿Qué sucedió?
Ahora se escucha, se observa, se lee con más frecuencia sobre acontecimientos que alteran la tranquilidad, la seguridad social que se percibía anteriormente.
Es como un tsunami de noticias violentas, tristes, desoladoras, que se hacen presentes que y nos cortan el aliento cada vez que sabemos de una historia inimaginable…. Y, sin embargo, la respuesta o serie de repuestas a estas interrogantes no están tan sólo afuera, en lo social, en los otros, en aquéllos; pasa, por supuesto, también por cada uno de nosotros.
Sí, por cada uno de nosotros, tratando de entender que soy parte de este momento, de esta circunstancia, de este proceso humano, que se coloca en una serie de respuestas que se dan a cambio de silenciar las verdaderas, las genuinas. Cuando ofrecemos como respuesta un grito, un llanto, un golpe, habla la desesperación, el hastío, la falta de alguien que contenga, y se desborda la ira, el enojo, la intolerancia.
Pero, ¿cómo llegamos a este momento? Quizás por varias vías. Una de ellas la podemos encontrar en el microcosmos, en lo más cercano que un ser humano tiene, y que lo forma o deforma: El Grupo Familiar, y en particular el tipo de relaciones que se entretejen y dan el matiz en cada relación que establecemos con los nuestros y con los de fuera.
LOS PADRES
Antes de que un ser humano nazca, hay una relación previa que se ha establecido entre dos, y cada uno le ha aportado características de todo tipo a este nuevo ser.
Esta relación afectiva que se establece entre ellos, da pauta a la construcción de un tipo de relación que guardarán para con aquel ser de reciente nacimiento.
Si partimos desde el momento en que nace un ser humano, ya desde entonces se inaugura toda una serie de pensamientos, sentimientos, conductas que se hacen presentes incluso desde su formación intrauterina.
Ya desde aquí se le está dando la posibilidad de presentarlo como un alguien o un algo que llega a este mundo. ¿Y quién lo presenta a este mundo de otros, de muchos? Quienes lo gestan. Esta primera relación de vida es sumamente importante para el desarrollo del ser humano, pues al tomarlo entre sus brazos, lo alimentan, lo cobijan, le brindan seguridad; sientan las bases para que se reconozca parte de un grupo, el cual le aporta un nombre, costumbres, reglas, normas, afectos; un soporte que le permite identificarse con aquellos afines.
Pero cuando esta experiencia no es posible por cualquier circunstancia de la vida misma, la imagen de este ser humano en formación y desarrollo, va teniendo consigo ciertos huecos que hacen que las ansiedades, la dispersión, el ahogamiento de sentimientos insaciables se muestren en la personalidad de este ser.
CALIDAD DE LAS RELACIONES
Por ello, es sumamente importante revisar y valorar cómo se han establecido estas relaciones de pareja, que impactan en la relación con los hijos. Esta filiación es la que va estableciendo la calidad de las relaciones en cada uno de los miembros de la familia, y da posibilidades de ir construyendo ciertas características en cada ser humano, que conlleven al establecimiento de conductas antisociales, como pueden ser, entre otras: comportamiento agresivo que causa daño físico o amenaza con él a otras personas o animales, daños a propiedad ajena, comisión de fraudes, robos, mentiras frecuentes, incursión en actos que ponen en riesgo su integridad física y la de los demás, vandalismo, conducta sexual de riesgo.
Habremos de abordar, entonces, algunos factores en el seno de las familias que pueden producir vulnerabilidad ante conductas antisociales. Podemos mencionar la comunicación que se establece entre los miembros de la familia; si va la mayor parte del tiempo por la vía del diálogo, de escucharse y de externar sus opiniones de una forma libre y respetuosa; es decir, de forma asertiva; o si, por el contrario, se establece sólo a través de descalificaciones, insultos, humillaciones, amenazas físicas, verbales, monosílabos, entre otros.
La comunicación también implica lo no verbal; es decir, aquello que hacemos sin decir: abrazos, caricias, besos, saludos, palmadas de aprecio, vinculados a sentimientos positivos, demostraciones recíprocas de afecto, o, por el contrario, si se evita este tipo de manifestaciones afectivas, tornando las relaciones familiares distantes, frías e impersonales.
REGLAS Y LÍMITES
Habrá que ver si en la familia se establecen reglas y límites que rijan el comportamiento del grupo; si existe un diálogo previo y un consenso entre los padres o figuras de autoridad que están al cuidado de la familia, para determinar horarios, tareas, permisos, sanciones a quien incurra en una falta a las reglas; división de las tareas en casa, colaboración de cada uno en un proyecto familiar; lo relativo a conocer pautas de descanso, de diversión, de economía familiar, etcétera.
Puede ser que, por el contrario, cada uno de los padres o tutores establece su propio criterio, sin importar si va en contra de lo que el otro ha establecido, y se inicia una lucha de poder entre la pareja, quedando los hijos expuestos a la violencia psicológica que esto conlleva.
También se puede dar el caso de que uno de los padres o tutores es sumamente rígido, y el otro sumamente laxo; o de que las reglas y sanciones se establezcan con base en el “humor” que en ese momento tiene alguno o ambos padres.
Asimismo, es importante mencionar que al establecer estas reglas y límites, se les brinda la posibilidad de insertarse en un mundo que se rige por ellas; que es necesario tener un orden y disciplina asimilados, para poder interactuar con los demás y llevar una convivencia lo mas tolerable posible.
FOMENTO DE VALORES
Se aprende más de los que se ve y se practica a diario, que de lo que se habla y no se realiza. Si en la familia se conducen por códigos de valores, como respeto, tolerancia, honestidad, empatía, cooperación, compasión, altruismo, generosidad, paz, la calidad de las relaciones será diferente a la de aquellos grupos familiares donde prevalecen “valores” como falta de respeto, codicia, arrebato, intolerancia, inmediatez para obtener lo deseado, egoísmo, y una permanente individualidad (yo primero siempre).
Se ha de establecer, en el grupo familiar, la certeza de que ambos padres o tutores están ahí para calmar las angustias, miedos, temores; para compartir las alegrías, triunfos, fracasos; para ser el punto de apoyo que requiere el desarrollo del ser humano, para ir avanzando por los momentos de incertidumbre y certidumbre que da el crecer. De no ser así, los miembros más vulnerables de la familia se sentirán solos, sin los apoyos necesarios para sostenerse cuando los aquejan los miedos o les sobresaltan las alegrías.
UNA TAREA NADA FÁCIL
Por todo ello y más, estar en posición de padres de familia o tutores no es tarea fácil; en ocasiones asusta, y dejamos en manos de quien esté al alcance la tarea de sostener y sustentar a esos seres humanos que demandan atención, cuidado y, sobre todo, demandan estar, y no siempre está uno dispuesto a dejar la individualidad para entregarse a otro.
Para concluir diré: si para usted, ser padre significa:
- Sobreproteger: aniquilará al ser único y especial que su hijo pudo haber sido.
- Dejar hacer sin restricción: Facilitará que su hijo sea el verdugo de sí mismo y de los demás.
- Imponer: Alentará a su hijo a una fuerte rebelión o una total sumisión.
- Indiferencia: Generará en su hijo que deje de reconocerlo como padre.
Si para usted ser padre significa:
- Proteger: Alentará a su hijo a cuidar y cuidarse.
- Guiar: Mostrará a su hijo las opciones, y él aprenderá a tomar decisiones.
- Disciplinar: Le dará a su hijo orden, estabilidad y certidumbre en sus acciones.
- Proveer: Ofrecerá a su hijo solidaridad con los demás.
