Urbanista
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Del miedo a la esperanza. Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, Colombia, resume en la frase anterior su visión del inicio de la recuperación del tejido social, a través de una política de obra pública social integral; obra de escala humana, que benefició con educación y recreación, con capacitación laboral y movilidad, a los sectores urbanos de menores índices de desarrollo.
No es cualquier cosa transformar, por ejemplo, una magna colonia independencia de Monterrey en un sitio turístico, como sucedió con el barrio de Santo Domingo Savio. Establecer las bases para transitar de una muerte diaria en un sitio, a la paz y el desarrollo humano, se logró dándoles “lo más bello a los más pobres”.
INVERSIÓN EN DESARROLLO HUMANO
Y es que la calidad del espacio público envía un mensaje de igualdad o de desigualdad. Ser rico o pobre parece pasar a segundo término, cuando el espacio público es el mismo. Y si cuentas con un buen sistema de transporte, tanto mejor, pues ahí radica la verdadera democracia. Me queda claro que el mejor diseño y la mejor arquitectura, a través de una administración pública honesta y apasionada, que invierte en el desarrollo humano y no todo en el desarrollo vial, rinden frutos.
Primero, llama la atención la conectividad del sitio ejemplo al cual se accede mediante un novedoso sistema de metro cable que sale desde una estación de intercambio del transporte público de pasajeros, y la ciudad. Desde ahí, con orden y paciencia, los habitantes del barrio de Santo Domingo Savio abordan los vehículos aéreos de 12 pasajeros cada uno. Se siente imponente la infraestructura de transporte, que indica que una comunidad está presente. El diseño de las estaciones montaña arriba es de vanguardia, y se aprovecha la zona para crear otros equipamientos sociales cerca del transporte: las estaciones de transporte como núcleo social integrador.
AMBIENTE PROGRESISTA
Al caminar por el barrio se nota la mano de la bella arquitectura en colegios, centros de capacitación, y una vida peatonal intensa. Imponen los “cubos negros gigantes” de la Biblioteca España, premio iberoamericano en su ramo. En su interior, cientos de niños hacen sus tareas en computadoras nuevas, mientras otros se divierten. Se respira un ambiente de progreso, de cierta alegría.
Las amas de casa están pendientes otra vez de sus hijos, pues volvió la esperanza de una vida mejor, y han retomado el control familiar. Jóvenes ex pandilleros, hoy convertidos en pequeños artesanos, venden su creatividad.
La vista impone desde lo alto de este sector, ya recuperado con urbanismo social y educación de calidad. El método se repite por todos los sectores populares de la ciudad. Escuelas que salen de la dignidad para entrar a la calidad en todos los sentidos. Los arquitectos colombianos son buenos, se siente la mano de una comunidad que ama a su gente. Sentí una pobreza que no sale de pobre pero que está más tranquila. La gente sonríe y saluda a los turistas. Parece increíble que pocos años atrás ésta era una zona de guerra. Ciertamente, la organización central en materia de seguridad pública ayuda a concretar las cosas, y éste es un tema pendiente en nuestro México.
ALECCIONADORA EXPERIENCIA
Si bien en este barrio rebotaron los índices de inseguridad en general, distan mucho de tener la dimensión de aquellos años de horror. Esta experiencia me deja cuatro lecciones:
1. Se requiere liderazgo y voluntad; es decir, funcionarios capaces, con el amor echado para adelante, con ganas de vencer la adversidad.
2. Se debe dar prioridad, en la obra pública, al urbanismo social, que tiene rentabilidad de corto o mediano plazo, si es integral, con educación.
3. La honestidad en la función pública es contagiosa, pues todos los sectores celebran la transparencia y la credibilidad, aportando recursos adicionales sin quejas; brota la nobleza.
4. La seguridad de un país debe tender a mandos únicos o coordinación y control centralizados.
Colombia no es EEUU ni es Francia ni Inglaterra. Si Colombia pudo, México también puede.

