¿Mudarse de ciudad?

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Indira Kempis

Estar en una fiesta en el Distrito Federal implica conocer a personas de diversas ciudades del país. Es frecuente que las conversaciones giren alrededor de las costumbres, lugares o la vida cotidiana del lugar de origen. No obstante, por vez primera existe un fenómeno social que se ha convertido en características específicas que definen a los que han denominado popularmente: regiolangos, es decir, aquellos regiomontanos que han llegado a habitar la Ciudad de México.

La mayoría de ellos son personas que experimentaron de manera indirecta la delincuencia que acecha la ciudad. Algunos también hablan de estar ahí no por esas razones, sino porque se quedaron sin empleo al momento en que sus ahora ex lugares de trabajo cerraron o se fueron del país, hay quienes también lo hacen simplemente porque vivir bajo tensión genera precaución ante lo que pueda suceder.

No son los únicos. Hablan de sus amigos y familiares que se encuentran en otras ciudades del País como Querétaro, Guadalajara o Puebla. Prácticamente, parece una manifestación de la fractura y factura social que está dejando la violencia por el crimen organizado que, inclusive, ahora de manera común se le llama narcoviolencia. Las alternativas para quienes deciden salir de Monterrey son, en su mayoría, volver a comenzar: Buscar un empleo, poner un negocio, vivir con algún familiar, administrar sus empresas desde afuera o trasladarlas.

Con las cifras alarmantes que hemos tenido durante el año que pasó (2011) es entendible que la reacción en el comportamiento de esta sociedad sea de sobrevivencia. Rafael es un joven de casi 30 años que se sienta a mi lado en el avión y con determinación me afirma en la conversación respecto a este tema: “seremos muy regios, pero si aquí no hay por dónde tendremos que irnos a donde nos den de comer”.

De acuerdo con un reportaje de La Jornada del 13 de enero de 2011, en entrevista, el internacionalista Adolfo Laborde del Tec de Monterrey, “indicó que este movimiento forzoso ya ha comenzado a generar fuga de capitales, menor recaudación de impuestos y desaceleración económica”. La incertidumbre para la mayoría de los habitantes de la ciudad reside en si este escenario se irá agravando conforme pase el tiempo, para quienes han preferido el exilio porque pueden o se encuentran obligados a hacerlo esa ha representado una alternativa. Para quienes no lo hemos hecho puede ser que encontremos en medio de la adversidad nuevas maneras de reacomodarnos en lo que para algunos dejó de ser opción de progreso, desarrollo y crecimiento.

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