Cinthya Araiza

Educación gratuita… ¿acaso es mucho pedir? En realidad, en México esta es una obligación del gobierno y de cualquier democracia, es lo que debe ser. Sin embargo, en el caso chileno, lo que es ó más bien la cruda realidad es que la educación en el nivel básico es lo único gratuito, a partir del secundario, las cuotas no se hacen esperar. «En Chile la educación dejó de ser un mecanismo de movilidad social y pasó a ser lo contrario, un sistema de reproducción de la desigualdad» Mario Garcés Durán, director de ECO Educación y Comunicaciones.
Muchos le adjudican parte de esta desgracia al ex mandatario, Augusto Pinochet quien contribuyó a la eliminación de una educación universitaria gratuita en el año de 1981. Esto significa que toda universidad andina, ya sea pública ó privada cobra aranceles.
Más sorprendentes son los datos otorgados por la OCDE que ha dado a conocer otra cruda realidad; el 22% del financiamiento de la educación primaria y media proviene de las familias chilenas. En cuanto a la educación superior, la inversión privada es de un 85%. Sin embargo, estas cifras no reflejan el verdadero problema. En este país, más del 70% de los jóvenes chilenos que deseen ingresar a la universidad terminan con grandes deudas sin importar su estatus económico; ricos y pobres por igual, para todos a veces parece mejor no ingresar a la universidad. Por esta razón, tanto maestros como organizaciones sociales y sindicatos y hasta la misma sociedad, respaldan a los miles de estudiantes que se han ido manifestando –masivamente- pidiendo un cambio sustancial y coherente al sistema educativo chileno.
La movilización estudiantil mejor conocida como “La revolución de los pingüinos” (por el color del uniforme de los jóvenes), busca el respeto a los derechos humanos básicos; simplemente la obligación de un gobierno democrático a otorgar a los ciudadanos una educación gratuita y de calidad, pero sobre todo que se prohíba el lucro en todos los niveles educativos. Sin embargo, -y volviendo a la cruda realidad- el gobierno de Sebastián Piñera, el actual mandatario se opone completamente. “Nada es gratis en esta vida; alguien tiene que pagar” (S. Piñera, 2011)
¿Qué es lo que este gobernante busca para sus ciudadanos entonces? ¿Lucrar a toda costa? Pareciera que esto es una afirmación…pero veamos la otra cara de la realidad. Muchos expertos en el caso chileno, retoman el caso Argentino, país en donde todo el ciclo educativo es gratuito, inclusive las más prestigiosas universidades del país; esto no quiere decir –según los especialistas- que el hecho de que la educación sea gratis, garantice el acceso de los pobres a la educación sobre todo a la superior. Estudios recientes del Instituto para el Desarrollo Social Argentino, el 88% de los jóvenes de escasos recursos no ingresan a las universidades, por más gratuitas que éstas sean, debido a que la mayoría de los pobres suelen abandonar sus estudios antes de llegar a un segundo ó tercer nivel.
Argentina es un caso y jamás podría ser punto de comparación con Chile, pues es verdad que el nivel de educación argentino es inferior al del país andino. Entonces, volvemos al punto de partida, ¿es ó no justificable el hecho de cobrar aranceles en la educación?… ¿qué beneficio puede traerles esta medida a los inconformes estudiantes? Tal vez la verdadera y más acertada pregunta es ¿a dónde van estos aranceles?
A diferencia de la educación en Argentina, en Chile, las cuotas que se cobran en las escuelas de todos los niveles, sirven para fortalecer la educación, para la inversión directa y sólo para ella. Sea ó no verdad, lo que sí es un hecho es el excelente nivel y desarrollo que Chile a demostrado tener a diferencia de todos sus vecinos sudamericanos.
Para muchos, nunca dejará de ser una injusticia lo que los jóvenes andinos viven y es válido que se manifiesten y exijan sus derechos; para otros tantos, la solución está en que los jóvenes chilenos deberían elegir más las carreras técnicas por sobre las humanistas, para así tener empleos más redituables y así pagar sus créditos; sea cual sea la postura, Chile debe de buscar una solución alterna a para cesar estas manifestaciones y buscar el bien común. La solución más viable sería tal vez el ofrecimiento de becas y subsidios para que tanto ricos y pobres por igual puedan asistir a la universidad.
