Licenciada Alejandra Rangel
Profesora Investigadora Facultad de Filosofía y Letras / UANL
El surgimiento de la filosofía en la cultura griega vino a significar la aparición de la mirada crítica del hombre respecto a sí mismo, la sociedad y el mundo, porque si bien las explicaciones mitológicas habían brindado un fundamento al origen de los pueblos, el pensamiento racional ofreció un replanteamiento de las preguntas sobre la existencia humana, un despertar que hacía presente al logos mediante la conciencia racional.
La filosofía se convirtió en un arma crítica para los atenienses, y Sócrates, siendo uno de sus primeros representantes, asumió una posición cuestionadora frente al Estado y la religión. Creó su propio método, la mayéutica, que a través de una fina ironía interrogaba a los hombres y jóvenes para que descubrieran sus preguntas y verdades, cuestionando las creencias y costumbres de su tiempo.
Hablaba en los mercados y plazas públicas; se le acusó de corromper a la juventud y de no reconocer a sus dioses, mereciendo por ello la muerte. Sócrates dudaba de un sistema social y religioso bajo el cual las culpas se perdonaban dependiendo de la calidad de las ofrendas llevadas a los dioses; de un sistema que privilegiaba a los poderosos, y de la cultura dominante de su época.
VICIOS Y VIRTUDES DE LA SOCIEDAD
Este filósofo griego desempeñaba la función de espejo, al mostrar los vicios y virtudes de la sociedad, y trabajaba por cumplir su misión educadora al defender los principios éticos y políticos contrarios a los grupos de poder. A pesar de que no contamos con su obra escrita, el testimonio de Sócrates nos fue entregado gracias a su discípulo Platón.
Como es claro, las ideas socráticas bien podrían considerarse contemporáneas, porque cualquier intelectual del siglo XXI, en el verdadero sentido del término, cumpliría con los mismos objetivos, que consisten en representar la conciencia crítica de la época, construir un nuevo proyecto histórico o desarrollar un análisis que descubra las relaciones y controles de los poderosos, en una lucha por los ideales libertarios de la humanidad.
EL INTELECTUAL, CRÍTICO DEL SISTEMA
A lo largo de la historia, hemos contado con pensadores e intérpretes de las manipulaciones, ideologías, creencias que afectan los caminos del actuar y del saber. Un intelectual denuncia, ya sea filósofo, ensayista, científico o artista, y es un crítico del sistema imperante y de los abusos de poder. En ocasiones, también son activistas, como es el caso de Voltaire, quien influyó con sus ideas en el movimiento de la Revolución Francesa, y, posteriormente, como crítico de la historia oficial, de la iglesia y sus creencias, propugnando por una mayor libertad de conciencia.
En el siglo, XX Michel Foucault ofrece otras posibilidades, tanto como activista a favor de los derechos humanos, como a través de su obra escrita y de sus enseñanzas. Propuso el análisis de los discursos, fueran éstos científicos, sociales, religiosos o políticos, para mostrar lo que subyace en ellos y revelar los entramados del poder. Una de sus hipótesis es que en toda sociedad la producción del discurso está controlada, seleccionada y redistribuida por un proceso de exclusión y prohibición que tiene por función “conjurar sus poderes y peligros” y dominar los acontecimientos.
Como filósofo, pone a consideración una apertura crítica y las herramientas teóricas que permitan el descubrimiento de los sistemas de dominio, y develen los artificios de las relaciones de poder, las ideologías de las instituciones y cómo se entretejen en los discursos hablados o escritos.
NUEVOS CAMINOS PARA EL INTELECTUAL
En el siglo XXI existen nuevos caminos para el intelectual, al momento de enfrentar la dinámica de la información y la comunicación en la era tecnológica, porque si bien se abren las ventanas para dar a conocer con rapidez puntos de vista y estudios críticos, también se enfrentan a las dificultades de las redes establecidas, sus reglas de juego y el constante dinamismo que ello supone. La complejidad reside en que al mismo tiempo que se critican las consecuencias de las imágenes, la pérdida de la comprensión profunda de la lectura, las fallas en la escritura y la redacción en línea, tiene que participar en blogs, facebook, twitter, y en tantas otras propuestas para insertarse en el proceso de análisis de las complejidades discursivas y de las nuevas realidades.
El reto consiste en comprender a un tiempo la información, actualizarse y desentrañar lo verdadero de lo falso; mostrar la manipulación e intereses de quienes sustentan las redes sociales; los efectos de las estrategias comunicacionales en la educación y en los procesos cerebrales de los individuos, en especial jóvenes y niños, donde todavía no se conocen los cambios profundos a futuro; observar los golpes mediáticos en los procesos electorales y campañas políticas, la comunicación de los candidatos a puestos de elección y sus mensajes. Todo ello debe atender el pensamiento crítico, con el fin de poner en evidencia los intereses ocultos tras los discursos.
NUEVAS RELACIONES SOCIALES
En los últimos cincuenta años, el intelectual ha tenido que transformarse y reconocer la aparición de otras relaciones sociales, de distintas figuras generacionales y masas críticas de especial relevancia, que han mostrado la debilidad de los controles en los sistemas dominantes y la pérdida de hegemonía de las instituciones, como sucedió con las rebeliones árabes, tanto de Túnez, como de Egipto y Libia, en las cuales los jóvenes jugaron un rol determinante, apoyados por una sociedad promotora del cambio. Y aunque no se sabe si las transformaciones políticas irán a favorecerlos, por lo pronto se impusieron frente a los sistemas imperantes y midieron sus fuerzas.
En otro escenario, el pensador crítico actual delata a una sociedad insatisfecha, dispuesta a consumir más y más, pues nunca será suficiente; denuncia las injusticias de los intereses financieros que favorecen a los ricos y descuidan a los desposeídos; analiza los movimientos de los “indignados”, que han reaccionado contra las políticas públicas dirigidas a favorecer los antiguos esquemas del neoliberalismo, la injusticia económica y el desempleo, así como a los medios masivos de comunicación formadores de conciencias y culturas.
INTÉRPRETE DE UNA REALIDAD SOCIAL
El intelectual, no sólo como teórico, sino como intérprete de una realidad social, deberá despertar a una sociedad adormecida y sin preguntas; incitar de nuevo el cuestionamiento acerca de lo que nos rodea, las guerras y persecuciones sin sentido, el racismo y toda clase de nacionalismos; la violación de los derechos humanos. Los intelectuales tienen la responsabilidad de influir en las movilizaciones que intentan prevenir las guerras y tantas otras catástrofes como las de las plantas nucleares, véase Fukushima, después del terremoto. Para ello podrá hacer uso de las redes sociales y los sitios de internet.
La capacidad de los hombres para autodestruirse y acabar con el planeta se presenta como una de las grandes responsabilidades de la especie humana. Recordemos a Martin Heidegger, quien señala que somos seres arrojados en el mundo; existimos unidos con el mundo: ser y tiempo es nuestra condición existencial, y, al destruir el planeta, destruimos nuestra morada.
El filósofo denuncia que se ha perdido la capacidad de pensar, y ésta es la gran contradicción de la época contemporánea. Hemos olvidado las preguntas fundamentales en torno a la verdad del ser, y nos hemos dedicado a construir conocimientos y a implantar la técnica, tomando el logos como razón y no como palabra, lo cual ha llevado a relacionarnos con un mundo tecnocrático, olvidando que debemos habitar poéticamente en la tierra. Nosotros todavía no pensamos, y pensar es lo que requiere nuestro tiempo complejo y violento.
NECESIDAD DE LA CONCIENCIA CRÍTICA
Emprender el verdadero camino de la filosofía sería regresar a meditar aquello que merece ser pensado; la conciencia crítica debe estar alerta ante este llamado; se trataría de convocar no sólo al intelectual aislado o al crítico especializado en analizar la “realidad social”, sino de emprender cambios profundos, estimulando la participación de una masa crítica donde la exigencia de los pueblos deba imponerse.
La informática y los nuevos sistemas de comunicación permitirán una mayor difusión para crear esta conciencia crítica, con el agravante de que limitan la profundidad de los mensajes y los intercambios, cada vez más superficiales y reducidos. Las tareas del intelectual se encuentran desbordadas y al mismo tiempo protegidas por el activismo de los líderes sociales. He aquí la gran paradoja de nuestro siglo.
Referencias:
Platón. Diálogos. Ed. Porrúa. México 2007.
Foucault, Michel. El Orden del Discurso. Tusquets, Barcelona 1973.
Heidegger, Martin. ¿Qué significa pensar? Trotta. Madrid 2005.
Heidegger, Martin. Carta sobre el Humanismo. Alianza Editorial. Madrid 2000.
Said, Edward W. El Mundo, El Texto y El Crítico. Debate. Mondadori. España 2005.
