El lado oscuro de la personalidad

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Robert D. Hare

Doctor en Psicología Universidad de British Columbia y Darkstone Research Group, Vancouver

En la película El último hombre, de 1996, Bruce Willis interpreta a John Smith, un asesino a sueldo muy aproximado a un psicópata. En una escena, Felina, interpretada por Karina Lombard, le dice: “Mi maldición es el miedo. ¿Cuál es la tuya?” Él responde: “Que no tengo conciencia”.

¿Verían los psicópatas de la vida real esa cualidad genética como una maldición o como una bendición? ¿O la tratarían con absoluta indiferencia? No sabemos la respuesta, pero es claro que carecer de conciencia tiene sus ventajas y sus desventajas. Por un lado, nos permitiría ir por la vida sin ningún “bagaje emocional” y sin tener que preocuparnos por los sentimientos, el dolor y el bienestar de los demás. También nos facilitaría planear y realizar cosas que a la mayoría de la gente le resultarían imposibles o muy difíciles de hacer: engañar, manipular, intimidar, dañar, dominar y controlar a otros.

El dolor físico y emocional infligido a otros no sería para nosotros causa de mayor preocupación; sino más bien un “trámite”, una consecuencia indirecta de lo que realmente importa: la consecución de los propios fines e intereses. Para algunos, una vida sin preocupaciones por los demás, sin sentir culpa, remordimientos, recriminaciones o vergüenza, sería muy satisfactoria, incluso una “bendición”. Por otro lado, no tener conciencia podría ser considerada como una prescripción para cometer actos antisociales y delictivos, incluidas la agresión y la violencia. En el peor de los casos, el individuo correría un gran riesgo de sufrir rechazo social y sanciones legales.

Silver, Mulvey y Monahan (1999) han señalado que “las características distintivas de la psicopatía (…) establecen un vínculo conceptual directo entre la violencia y la psicopatía”. Este vínculo es el tema de este artículo.

AGRESIÓN Y VIOLENCIA

La agresividad y la violencia interpersonales son resultado de complejas interacciones de factores genético-biológicos, psicológicos, sociales y del entorno. Sabemos lo suficiente sobre las correlaciones sociales y ambientales de la violencia individual o de grupo para, al menos, proponer estrategias preventivas, siempre y cuando contemos con la presión de la opinión pública y de la voluntad política.

Aún nos falta mucho por aprender sobre las raíces biológicas y psicológicas de la violencia humana y las complejas formas en que interactúan con las fuerzas sociales y de otro tipo. No obstante, los últimos avances en la genética del comportamiento, la investigación sobre la evolución del desarrollo de la agresividad hasta la edad adulta y las técnicas de neuroimagen están empezando a llenar las lagunas de nuestro conocimiento.

Puede ser que nunca tengamos una teoría unificada de la violencia. Sin embargo, creo que empezamos a vislumbrar los tímidos comienzos de lo que podría denominarse una “miniteoría” de la violencia predatoria humana, basada en las investigaciones clínicas y experimentales sobre la psicopatía. Podría argumentarse que buena parte de la agresividad y la violencia de los psicópatas es instrumental y se debe en la misma medida a su naturaleza y a las fuerzas sociales y ambientales que contribuyen a inducir la mayor parte de otros tipos de violencia.

Antes de describir las últimas teorías e investigaciones sobre la psicopatía  y la violencia, conviene señalar que la mayor parte de la gente se pregunta, con justa razón, por qué algunos individuos se muestran tan inclinados a la agresión, a la violencia y a la criminalidad. Pero otra forma de verlo sería preguntarnos por qué la mayoría de nosotros no encaja en esos comportamientos. ¿Qué factores, procesos y fuerzas reprimen o inhiben a la mayoría de los seres humanos de infringir gravemente las normas y reglas sociales y jurídicas? Es evidente que las razones son complejas y diversas, pero abarcan las normas y los valores sociales y culturales comunes, la influencia de la familia, los amigos, las escuelas y los grupos de iguales, los modelos y el aprendizaje social, factores socioeconómicos y las creencias religiosas y filosóficas. Muchas de estas influencias en nuestras creencias, actitudes y comportamientos evidencian el hecho de que somos, por naturaleza, animales sociales.

Existen también varios rasgos de personalidad que ayudan a establecer vínculos sociales y emocionales y a inhibir el comportamiento antisocial. Entre ellos, se encuentra la capacidad de sentir un conjunto normal de emociones como la empatía, el amor, el miedo, la culpa y el remordimiento. Sin esta capacidad, podremos adquirir un conocimiento cognitivo de las reglas y expectativas de la sociedad, pero careceremos de los componentes emocionales necesarios para la formación de conciencia y el desarrollo y observancia de comportamiento prosocial. Al parecer, las personas a quienes denominamos psicópatas carecen de, o tienen muy menguados, estos componentes emocionales.

PSICOPATÍA

Para la mayor parte de la gente, el término psicópata evoca la imagen de asesinos en serie, asesinos, violadores y otros criminales violentos. En parte esto se debe a la aparición de crímenes escandalosos en los medios de comunicación y el consiguiente, y a menudo compasivo, retrato de estos individuos en la televisión y el cine. Si bien es cierto que muchos de estos individuos tienen rasgos psicopáticos, los asesinatos y la violencia no son comportamientos exclusivos de los psicópatas, ni todos los psicópatas son asesinos o violentos. De hecho, podemos encontrar a muchos de ellos en los organismos empresariales, gubernamentales, militares y de otra clase.

El concepto moderno de la psicopatía es el resultado de cientos de años de investigación clínica y especulaciones por parte de los psiquiatras y psicólogos europeos y norteamericanos. La psicopatía fue el primer trastorno de personalidad que se identificó en la psiquiatría. El concepto tiene una larga tradición histórica y clínica y en la última década cada vez más investigaciones vienen a respaldar su validez”. La psicopatía también se ha descrito como “el que puede ser más importante concepto forense de principios del siglo XXI; el único y más importante y útil constructo clínico descubierto hasta ahora para las políticas de justicia en el sistema de derecho penal.

Aunque la etiología, la dinámica y los límites conceptuales de este trastorno de la personalidad siguen siendo objeto de debate e investigación, existe una sólida tradición clínica y experimental con respecto a sus características afectivas, interpersonales y de comportamiento. Entre ellas, podemos hablar del engaño, la manipulación, la irresponsabilidad, la impulsividad, la búsqueda de estímulos, el poco autocontrol, la afectividad inapropiada o restringida, la carencia de empatía, culpa o remordimiento, la promiscuidad y un conjunto de comportamientos inmorales y antisociales.

El concepto clínico de la psicopatía está comprendido y evaluado en la escala que contiene 20 características, Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R) o en las versiones posteriores u otros trabajos relacionados, como la escala de 12 características Psychopathy Checklist: Screening Version (PCL:SV), que he descrito en términos menos técnicos en Sin Conciencia. Cada instrumento utiliza entrevistas e información colateral de archivos para señalar los elementos sobre la base de criterios explícitos. Los elementos de cada instrumento han sido agrupados en cuatro factores o dimensiones. Por ejemplo, las características contenidas en las distintas dimensiones del PCL: SV son: interpersonal (superficialidad, egocentrismo, tendencia a mentir); afectivo (ausencia de remordimiento, ausencia de empatía, no aceptar la responsabilidad de los propios actos); estilo de vida (impulsividad, ausencia de objetivos, irresponsabilidad) y antisocial (poco autocontrol, conducta antisocial en la adolescencia, conducta antisocial en la edad adulta).

Cada una de las características se puntúa en una escala de tres calificaciones (0, 1, 2) en función del grado en el que se ajusten a un individuo. Las puntuaciones finales de la escala PCL-R oscilan entre 0 y 40 y las de la escala PCL:SV, entre 0 y 24. En todos los casos, la puntuación refleja el grado en el que un individuo se acerca al psicópata prototípico.

CARACTERÍSTICAS DE LA PSICOPATÍA

La psicopatía no puede entenderse únicamente, ni tampoco principalmente, en términos de las influencias y fuerzas sociales y ambientales. Los factores genéticos contribuyen de manera significativa a la formación de los rasgos de la personalidad y el temperamento considerados fundamentales para la psicopatía. Los rasgos y comportamientos que definen la psicopatía en la edad adulta comienzan a manifestarse en los primeros años de la infancia. Sin embargo la expresión del desorden a lo largo de la vida es producto de complejas interacciones de las predisposiciones biológico-temperamentales y de las fuerzas sociales.

El uso de la tecnología de la neurociencia cognitivo-afectiva y de neuroimagen han incrementado de manera notable nuestro conocimiento de la función que desempeñan las emociones en el desarrollo y el mantenimiento de la psicopatía. Existe nueva evidencia de que la psicopatía puede ser comprendida como parte de un modelo neural de cognición moral.

La investigación mediante las técnicas de neuro-imagen es demasiado amplia para abordarla aquí, pero sí pueden exponerse algunas conclusiones generales. En general, los descubrimientos son ampliamente consistentes con las proyecciones clínicas de los psicópatas como individuos sin profundidad o comprensión emocional, aparentemente asociadas con anomalías funcionales y estructurales (tal vez déficits) en las regiones del cerebro que intervienen en los procesos emocionales y en la integración de la cognición y la emoción. Ellos comprenden el significado cognitivo de un acontecimiento o experiencia mejor que su significado emocional. Para ellos lo que debería ser una experiencia emocional es apenas poco más que un acontecimiento cognitivo o intelectual.

Ésta “pobreza” emocional es evidente (pero no exclusiva) en su lenguaje, lo que da lugar a expresiones tales como: “saben la letra pero no la música” y “de las palabras sólo saben el significado que viene en el diccionario”. En cierto sentido se parecen al personaje Spock de la Guerra de las Galaxias, sólo que la falta de emociones de Spock no va acompañada por, o relacionada con una imposibilidad de adaptarse a las normas y expectativas sociales.

Un modelo más general, propuesto por Newman, indica que la psicopatía resulta de la imposibilidad de responder automáticamente a los impulsos que normalmente guiarían o modularían el comportamiento. Los modelos basados en la psicología evolutiva ven la psicopatía menos como un trastorno y más como una estrategia “oculta” evolucionada para transmitir el acervo genético. Algunos investigadores describen y explican la psicopatía en términos de los mecanismos y procesos psicodinámicos. Otros consideran que la psicopatía es una variante patológica de la personalidad normal. Este último planteamiento concuerda con las pruebas más recientes que muestran que el PCL-R mide una construcción dimensional, y que los rasgos psicopáticos están repartidos por toda la población general.

A pesar de la variedad de anomalías cognitivas y emocionales, la mayoría de las jurisdicciones consideran a los psicópatas legal y mentalmente sanos y en plena posesión de sus facultades. Comprenden las “reglas del juego”, pero deciden respetarlas o hacer caso omiso de ellas, en función de lo que se adecue mejor a sus propios intereses. Sin embargo, es posible que en el futuro próximo las cortes utilicen los descubrimientos de la neurociencia para determinar hasta qué punto los psicópatas son legalmente responsables de sus acciones.

Éstas y otras consideraciones son objeto de importantes investigaciones y debates de parte de los científicos, juristas, moralistas y filósofos.

PSICOPATÍA Y DELINCUENCIA

En los últimos años se ha producido un cambio radical en la percepción y en el lugar que ocupa realmente la psicopatía en el sistema de derecho penal. Hasta ahora, la opinión generalizada era que los diagnósticos clínicos, como el de la psicopatía, eran de poca ayuda para entender y predecir los comportamientos delictivos. Sin embargo, muchas de las características importantes que inhiben el comportamiento antisocial, delictivo y violento (la empatía, los vínculos emocionales fuertes, el miedo al castigo o la culpa) no están presentes, o si lo están es de forma muy deficiente, en los psicópatas. Además, su egocentrismo, su vanidad, su necesidad de figurar, su impulsividad y su falta general de inhibiciones del comportamiento inevitablemente les provocan conflictos con la sociedad. Los psicópatas representan tan sólo el 1 por 100 de la población general, pero representan del 15 al 20 por ciento de la población penitenciaria.

Les resulta fácil victimizar a los más vulnerables y emplear la intimidación y la violencia como herramientas para dominar y controlar a otros. Esta relación entre la psicopatía y el delito parece darse en hombres y mujeres, en distintos grupos étnicos y culturas y en contextos sociales, económicos y políticos diferentes.

AGRESIVIDAD DEPREDADORA Y VIOLENCIA

Muchas de las actitudes y los comportamientos de los psicópatas tienen un carácter depredador. Por ejemplo, Woodworth y Porter (2002) investigaron la relación entre la psicopatía y la naturaleza de los homicidios cometidos por varios agresores canadienses. Descubrieron que los crímenes cometidos por los psicópatas eran de naturaleza fundamentalmente instrumental (“a sangre fría”, sin despertar emociones o alterarse con especial intensidad), mientras que los cometidos por el resto de los agresores eran principalmente reactivos (muy alterados, “crímenes pasionales”, de reacción ante una amenaza).

 

Esta violencia depredadora también se da en los maltratadores psicopáticos de sus parejas. Echeburúa y Fernández-Montalvo (2007) estudiaron a españoles que cumplían sentencia por una agresión grave contra su pareja. Describieron al maltratador psicopático como un “agresor a sangre fría que, sin muestras previas de inestabilidad emocional, agrede brutalmente, de forma cruel e insensible”. También descubrieron que este tipo de agresores tenía la misma probabilidad de matar a su pareja que otros maltratadores, un resultado que concuerda con los de otras investigaciones. La mayoría de los que mataron a sus parejas eran inestables emocionalmente, habían consumido drogas o alcohol o habían cometido la agresión en un ataque de ira o de celos (un crimen pasional).

EL RIESGO DE DELINCUENCIA Y VIOLENCIA

En otros trabajos se estudian en profundidad las teorías y metodologías de la evaluación del riesgo. La última generación de métodos para evaluar el riesgo sustituye a los cálculos clínicos desestructurados que se empleaban anteriormente para hacer evaluaciones clínicas estructuradas o con conjuntos actuariales de variables derivados de la investigación experimental. Debido a su importancia en la evaluación del riesgo de la psicopatía, que las escalas PCL-R o PCL: SV se encargan de medir, se incluye en varios métodos clínicos estructurados y en métodos actuariales.

Ofrecer una explicación detallada de la psicopatía en términos del riesgo de reincidencia y violencia excede los límites de este artículo. Su relevancia como un importante factor de riesgo en la aparición de problemas en las instituciones, de reincidencia en general y de violencia en particular, está sobradamente demostrada. El valor predictivo de la psicopatía no sólo se aplica a los delincuentes varones adultos, sino también a las mujeres adultas, a los adolescentes y a los pacientes de la psiquiatría forense o civil. De hecho, en muchos casos la psicopatía es el mejor pronosticador de la reincidencia y la violencia.

Harris, Rice y Camilleri observaron que incluso aunque la tasa base de psicopatía o de rasgos psicopáticos de una población sea relativamente baja, “los rasgos de personalidad asociados a la psicopatía se encuentran entre las causas más importantes de agresión”. Además, señalaron que el hecho de que “la psicopatía sea un pronosticador tan sólido de la violencia en todas las poblaciones, sugiere que los rasgos de personalidad asociados al trastorno psicopático se encuentran entre sus causas más importantes”.

AGRESORES SEXUALES

En los últimos años se ha incrementado notablemente la atención pública y profesional prestada a los agresores sexuales, particularmente a aquellos que reinciden tras su puesta en libertad o la finalización de un tratamiento. Se ha admitido desde hace mucho tiempo que los agresores sexuales psicopáticos plantean problemas especiales a los terapeutas y el sistema de derecho penal. En general, la prevalencia de la psicopatía es mucho menor en los pederastas que en los violadores o en agresores con víctimas tanto infantiles como adultas.

Quinsey, Rice y Harris (1995) concluyeron, a partir de su investigación, que la psicopatía funciona como pronosticador general de la reincidencia sexual y violenta. Las agresiones de los violadores psicopáticos no sólo suelen ser más violentas que las de otros agresores sexuales, sino que tienden a ser más sádicas también. En casos extremos, por ejemplo entre los asesinos en serie, la comorbilidad de la psicopatía y el sadismo es muy alta.

Una de las combinaciones más fuertes que han revelado las últimas investigaciones sobre los agresores sexuales es la de la psicopatía asociada con las perversiones sexuales, definidas por una desviación del estímulo sexual, como con los niños o los impulsos de violación o de violencia no sexual. Los agresores que poseen esta combinación presentan un alto grado de riesgo de violencia sexual.

TRATAMIENTO

A diferencia de la mayor parte de los delincuentes, los psicópatas no ven nada malo en sus actitudes y comportamientos y sólo solicitan tratamiento cuando pueden utilizarlo en beneficio de sus intereses, para obtener la libertad provisional o condicional o cuando se les da a elegir entre ingresar en prisión o someterse a un programa de tratamiento comunitario.

Los programas penitenciarios habituales no han demostrado ser muy eficaces con este tipo de personas, en especial los que tratan de desarrollar la empatía, la conciencia y las habilidades interpersonales. Es más, la terapia de grupo y los programas de terapia psicodinámica pueden ayudar a los psicópatas a perfeccionar los métodos para manipular, engañar y utilizar a las personas, pero sirven de poco para que se comprendan a sí mismos. Es difícil que los programas que no tienen en cuenta la naturaleza de los delincuentes psicópatas sean eficaces.

Eso no significa que las actitudes y los comportamientos de los delincuentes y pacientes psicópatas sean inmutables o que “no funcione nada”, tan sólo que los programas que son eficaces con la mayoría de los delincuentes no son útiles con los agresores psicópatas. En lugar de desanimarnos, deberíamos hacer un esfuerzo conjunto para diseñar procedimientos nuevos orientados específicamente a los delincuentes psicópatas. Ya se dispone de una amplia serie de directrices para elaborar un programa diseñado específicamente para tratar las psicopatías.

En resumen, proponemos que las técnicas de prevención de recaídas se integren con elementos de los mejores programas penitenciarios cognitivo-conductuales disponibles. El programa no está tan enfocado al desarrollo de la empatía y la conciencia o en modificar la personalidad, sino a convencer a los participantes de que son los únicos responsables de su comportamiento y que pueden aprender formas más prosociales de utilizar sus puntos fuertes y habilidades para satisfacer sus necesidades y deseos.

Implica, además, una supervisión y un control estricto, tanto en la institución como durante la reinserción en la sociedad. Naturalmente, un programa de este tipo sería muy costoso y muchos centros no dispondrán de los recursos para ponerlos en marcha. Todavía queda por ver si serán eficaces para moderar la naturaleza violenta de los psicópatas.

PSICOPATÍA COLECTIVA

La mayoría de las investigaciones sobre la psicopatía se basan en delincuentes o pacientes de la psiquiatría forense, en gran medida por la prevalencia relativamente alta de este trastorno en estas poblaciones y por la facilidad de acceso a los datos de archivo y la información complementaria para realizar evaluaciones fiables. Sin embargo, hace tiempo que se ha admitido que la psicopatía no se circunscribe exclusivamente a los delincuentes sentenciados. Existen varios trabajos acerca de las investigaciones recientes sobre la psicopatía y sus manifestaciones colectivas.

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