Ismael Vidales Delgado
Hacia cuarenta días que Goliat desafiaba al ejército enemigo y nadie osaba enfrentarse a él. Era muy comprensible, ya que medía tres metros de estatura, su coraza de metal pesaba sesenta kilos y su lanza era tan gruesa como el tronco de un árbol.
David no era soldado; había llegado con provisiones para sus hermanos en el campo de batalla y oyó hablar del desafío del gigante. Se presento ante el rey y le dijo: “Permíteme que lo combata. Con la ayuda de Dios conseguiré la victoria”. El rey le dio un casco, una coraza y una espada, pero David los rechazo: “Así no podre caminar, no estoy acostumbrado a portar armas”.
David recogió cinco piedras del rio, las guardo en su alforja y con la honda en la mano, se dirigió hacia donde se encontraba el filisteo. Al verlo, el gigante se burlo de él, pero David tomo una piedra de su alforja, levanto su honda y… la piedra golpeo la frente del filisteo que cayó al suelo. Entonces David se apodero de su espada y le corto la cabeza.
Así es como la Biblia relata la hazaña del pastorcito, que habría de llegar a ser uno de los grandes reyes de Israel.
La victoria de David sobre Goliat se ha convertido en sinónimo del triunfo del débil sobre el fuerte.
¿Cómo venció David a Goliat? Esto sucedió en Palestina hace 3 000 años. El ejército de Israel se enfrento a los filisteos y para decidir la batalla, Goliat, el gigante filisteo, propuso un combate singular. . . y fue David, un joven pastor, quien acepto luchar contra el usando su honda como única arma. Golpeo con una piedra la frente del gigante… ¡y logro la victoria!
