El poder a través del psicópata

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Doctor Javier Lugoleos Cano

¿Cómo ve la vida y su medio, un individuo que desprecia a otros seres, que los usa, que se cree cuasi Dios, que desconfía de los demás y asume en su locura que tiene un destino divino en la tierra y que a través de la política o buen destino económico accede a dirigir o gobernar desde una empresa hasta un pueblo o nación?

Visualicemos al prototipo de “héroe” de novela, Robin Hood, o al astuto asesino en serie, Dexter, a quien pintan como el… “más justo” o ¿asesino bueno? ¿Se puede ser ladrón y asesino siendo buena persona, o incluso no ser sociópata? ¿Son entonces válidas las justificaciones que dan por sus actos o son meros romanticismos de aquéllos a quienes les gustan las historias.

O visualicemos a políticos como Adolf Hitler, que, a través de idealizaciones nacionalistas y un sistema militar que representaban la grandeza expansionista “de la entonces Alemania de principios de siglo XX” sedujo a una nación para que le permitiesen cumplir con “su destino”.

Dirigió enteramente el gobierno del autoproclamado Tercer Reich, y ejerció el poder durante un período de crisis económica, social y política, sumado a un descontento y frustración popular en Alemania. A lo largo de su mandato político, utilizó la propaganda estatal y su fuerte oratoria carismática para persuadir a las masas y protagonizar, junto a su pueblo, la Segunda Guerra Mundial y el exterminio sistemático y masivo de enemigos políticos y personas consideradas racialmente “inferiores” o “subhumanas” en el doloroso “Holocausto”.

INCONSCIENTE COLECTIVO

¿Es en verdad el inconsciente colectivo el que habló por estos hechos o fue la manipulación de mentes con trastornos narcisistas graves o malignos que, ante la vulnerabilidad de los sistemas sociales y su inmadurez, se dejan llevar por seres psicopáticos ante su vacío social o su apatía? La pregunta sigue ahí, pues ahora sigue ocurriendo lo mismo en diferentes empresas, pueblos y países.

Una de las características de personas que llegan al poder político es su histrionismo y su facilidad para  convencer a los demás; su inteligencia, que se apoya en la manipulación; y su falta de escrúpulos para hacer todo aquello que las lleve a lograr sus objetivos, por más daño que estos puedan causar a terceras personas.

Las preguntas que surgen son si estos seres nacen o se hacen, y si podemos protegernos de situaciones semejantes a las que la historia nos remite una y otra vez.

EL ACCESO AL PODER

¿Es válido limitar el acceso al poder, si lo identificamos, en personas con tendencias psicopáticas o trastorno antisocial de la personalidad?

Shoko Asahra, japonés, líder de La Verdad Suprema; Jim Jones, norteamericano, premiado en varias ocasiones como ciudadano excepcional por su trabajo con los marginados sociales en California; David Koresh, norteamericano, líder de Los Davinianos. Predicaba la necesidad de armarse hasta los dientes para hacer frente al Estado.

Éstos son sólo algunos de los líderes sectarios internacionales que han llevado a cientos a través del fanatismo y de sociedades en conflicto a la muerte o a actos degradantes, bajo la bandera de una causa que llenaba el vacío de muchos de ellos o se aprovechaba de sus debilidades o conflictos.

Sin embargo, no todo aquél que está en o busca posiciones de poder es psicópata. Las posiciones de poder son buscadas, son atractivas para el psicópata, que las transforma en su propio beneficio. Usa cual pañuelo desechable a las personas que le rodean, para obtener sus fines.

CARACTERÍSTICAS DEL LÍDER PSICOPÁTICO

Varios seguramente reflexionamos en el término “líder psicopático, a raíz de las elecciones de 2006 en México, y a partir de la oleada de líderes en América Latina, que en fechas recientes han decidido perpetuarse en el poder, a pesar de que sus leyes lo prohibían al inicio de sus administraciones, sin darse cuenta de que su función era preservar el orden y seguridad de sus ciudadanos y crear o mantener bienes públicos y no adinerarse, compensar sus deficientes autoestimas, necesidades narcisistas y distorsiones de la realidad, con el control total del destino de un pueblo que, amenazado, no sabe cómo salir de las ya comunes dictaduras.

1. Una característica básica del psicópata es que es un mentiroso, pero no es un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo; actúa, puede, incluso, fingir sensibilidad. Uno le cree una y otra vez, porque es muy convincente. Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado. Y, cumplida su misión, se va.

Al psicópata, en cambio, una vez que está arriba, no lo saca nadie: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No deja el poder, y mucho menos lo delega. Otra característica es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que, bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría. (Hugo Marietan, entrevista La Nación).

2. Necesita ser reconocido como el salvador o el gran gobernante, provocando crisis. Vive en busca de sus enemigos, paranoides o perseguidos; por esto, aquéllos a quienes gobiernan les depara el destino la miseria en el conflicto constante.

3. La bandera que usa es sobrepersonal: no es por mí por el que van a luchar. Tenemos un enemigo exterior o una causa especial (pelear por la patria, ser la raza superior, exterminar a los pervertidores del espíritu nacional, una nación unida, por la ideas de alguna religión, un gobierno ilegítimo, por la democracia, etcétera).

4. Es especialista en fabricar conflictos. Vivir en crisis es esencial para perpetuarse en su posición; la necesita para justificar sus acciones.

5. Tiene poca tolerancia a la frustración. Cuando las cosas no salen bien, se desorganiza mentalmente; puede tener pobre control de sus impulsos, empezando una cadena de actos torpes y confusos.

6. Las «cosas», para el líder político con estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja, para comprar voluntades. Utiliza el dinero como un elemento de presión, porque usa la coerción. La pregunta del accionar psicopático típico es: “¿Cómo doblego la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio?

7. Utiliza a las personas para construir su propio poder: te doy y obtengo algo, pero como yo te lo pido, y así creo un compromiso personal para manipular a mi antojo. El psicópata es un maestro en crear incertidumbres, inseguridades y a su vez asomos de esperanzas, de ilusiones.

8. Nunca cambia a pesar de sus errores o de confrontaciones.

El juego del psicópata es un juego de poder, juega con los otros bajo sus propias reglas.

Mientras más carismático o atractivo sea el líder, mayor poder ejercerá sobre las masas y mayor será el grado de dependencia psicológica y peligrosidad del grupo.

Al carisma del líder hay que adornarlo con las características de psicópata. Parece, a primera vista, muy normal, interesante e incluso encantador y humild. Pero en realidad es violento y no soporta que se le lleve la contraria en nada. Es autoritario, al grado de que él mismo se constituye en la ley, y la puede violar porque está por encima de ella. De hecho, él es su creador.

MENTIROSO COMPULSIVO

Este tipo de líder es un mentiroso compulsivo, adicto a la mentira; miente siempre, aun cuando no lo necesite. No le importa mentir, y lo hace con la mayor frialdad del mundo. Incluso cuando es obvio que miente, insiste tranquilamente en la mentira y la sostiene ante cualquier tribunal.

El endiosamiento o divinización es otra característica común a todos los líderes sectarios. Por eso, parte de la fabricación de la mentira que sustenta el engaño se basa en autoproclamarse divino.

Estos líderes tienen delirios de grandeza. Creen que son semidioses, mesías, ángeles, enviados o escogidos. Por eso es frecuente que acompañen sus nombres con epítetos como “Reencarnación de Juan el Bautista”, de “Jesucristo” o del mismo Dios. “El Mesías”, “El Profeta”, “El Vidente”, etcétera. Juran y perjuran que todo les pertenece por derecho propio, desde la Verdad hasta las personas, a quienes consideran objetos personales para su consumo.

EL DELINCUENTE DE GUANTE BLANCO

Policías, agentes de tránsito y gobernantes se han conformado a través de la historia como los principales delincuentes de nuestra sociedad; pueden terminar como pseudotrabajadores al servicio de una comunidad; su posición de poder con el objetivo de hacer que se cumplan las leyes y se dé seguridad, facilita su transformación a delincuentes que pueden pasar sin consecuencias por mucho tiempo en un sistema de perversidad y colusión, donde el dinero pudiera ser el motor de su mantenimiento o en el caso de los gobernantes el endiosamiento de sus personas que implica poder económico, político, etcétera.

¿SE PUEDE HACER ALGO?

Hagamos un breve ejercicio de reflexión. Visualicemos a un individuo que llega al poder político a través de su  partido.

Todo parece decirnos que es honesto, sus valores familiares son firmes, y su estructura de carácter lo perfila como una persona con conflictos promedio. Hasta aquí pensaríamos que seguramente alcanzó sus metas por su esfuerzo; que su capacidad de rechazar situaciones psicopáticas es factible, ante sus valores y calidad de culpa.

Sin embargo, nos enteramos de que, en su adolescencia, tendía a maltratar animales, y llegó incluso a provocar daño físico severo a un compañero de escuela, y devaluaba a la muchacha que les ayudaba en su casa, sin ser limitado por sus padres, quienes promovían en él una actitud de soberbia.

En ese momento, la situación cambia; las incongruencias aparecen; quizás no es el candidato ideal para gobernar, pero es agradable, de “buen verbo”; quizás, pensamos, fue una época de su vida y seguramente aprendió de ella y lo hizo más fuerte, así que lo consideramos un carácter narcisista e histriónico con antecedentes sociopáticos en la infancia y niñez que esperamos superados en la actualidad.

YA EN EL PODER …

Aquel prometedor gobernante hace negocios para aumentar la infraestructura del país; con muchos coludidos, obtiene beneficios económicos personales extras por el bien de la nación o del lugar que gobierna, entendiendo que esto puede darse desde el típico presidente municipal analfabeta o con apenas estudios medios o preparatorios,, hasta el presidente de una nación.

En este punto, el perfil nos cambia; ya encontramos francos signos de conductas antisociales, que pueden ser justificadas de distintas formas, desde “la filosofía personal” de que su puesto y responsabilidad le hacen merecedor de ganancias extras, hasta la creencia de que Dios le provee y él toma, entre tantas otras posibles, o como la clásica expresión de que: “el que no transa no avanza”.

Como buen narciso, el político sociopata “nunca se equivoca”; esto es, no puede aceptar sus errores, y responsabiliza de ellos a sus subalternos, o busca guerras exteriores en pro de causas a veces poco justificadas, para dedicarse a lo que sí sabe hacer: señalar los errores de los demás y dar en qué ocupar la mente de la gente, como erradicar la pobreza o mejorar la infraestructura del país, hasta naciones intervencionistas que deben ser aplastadas, hasta imperios del mal, donde claro, ellos que representan al bien deben perpetuarse en el poder para luchar contra el mal de la gente pobre o de quienes por ejemplo, asumen, provocan el hambre mundial.

NADIE MEJOR QUE ÉL

Se convence, ya entrado en los años de su mandato, que nadie puede hacer las cosas mejor que él y decide lanzar un decreto para que pueda reelegirse un período más; además, los pobres le aclaman con el bono que les da quincenalmente; y deciden por voluntad propia votar un referéndum a su favor para otro período, sin quedar duda de que el pueblo es quién manda.

Con los años se convierte en un hombre acaudalado, al que nadie puede cuestionar, pues hacerlo es ir en contra de los principios de la nación y el pueblo que él representa. Es cuando a la mayoría le cae el “veinte” de lo que pasa: que un psicópata los gobierna y que es necesario deshacerse de él.

Así que se forman grupos de poder; periodistas y sociedad civil protestan e intentan diversas formas para que esto se acabe, incluso van ante los organismos internacionales, así que solo hay pocas opciones a este nivel pare tener la posibilidad de recuperar su libertad.

El dice que hay golpe de estado y tiene que reforzar aún más la seguridad del pueblo, asentándose más en el control de la gente y fiscalizando del todo sus vidas. Y créanme que no me estoy refiriendo a nadie en particular, aunque tengamos muchos ejemplos que pueden venirnos a la mente.

LA SOCIEDAD PSICOPÁTICA

Las personas, por el hecho de vivir en sociedad, tienen valores y normas que les permiten la convivencia, y se ajustan a su entorno, aunque hay un rango de desajuste o tolerancia, aceptado, a sus normas. Estos márgenes, aunados a los principios personales, permiten un sistema de seguridad o resguardo.

Un psicópata en el poder puede llegar a romper varias reglas, pero no todas, pues sería detectado y expulsado inmediatamente; sin embargo, puede sortear las normas y convertirse en un estafador, delincuente o revolucionario. Un cabeza de grupo psicopatita puede crear sistemas psicopáticos que, con el tiempo, se conviertan en parte de la sociedad como instituciones gubernamentales, la propia policía y tránsito, etcétera.

LA MENTIRA, HERRAMIENTA “DE TRABAJO” DEL PSICÓPATA

Recordemos que la mentira es una herramienta de trabajo en el sistema psicopático; entonces, si quieres pertenecer a este grupo, tienes que llevar “estas normas” o “aquéllas” “tú” y dejarme que yo me las salte; tú podrás hacerlo más adelante, sí yo consigo mi objetivo.

Debemos buscar controles de calidad en quienes trabajan en posiciones de poder, y hablamos de todo tipo de poder, desde el sacerdote, que tiene un poder religioso; hasta el médico, que influyen en la salud y sustentan una posición de poder; y los terapeutas, directores de empresas, etcétera.

No sólo hablamos de políticos. La calidad moral es un ingrediente fundamental en el desempeño de todos estos tipos de responsabilidades; si así como existen candados de calidad a la educación médica y su ejercicio, se hiciere lo propio con el resto de las altas responsabilidades políticas, se reduciría en gran medida la posibilidad de que accedieran a la direccióndel sistema social.

Los antecedentes de una persona son importantes, así como la monitorización externa continua de sus funciones.

Sí podemos evitar que esto siga pasando, empezando por entender nuestras propias necesidades narcisistas, de aprobación o de sobresalir, pensando en nuestro vacío interior con relación a la sociedad y de nuestra idea de necesitar dioses terrenales en quienes creer, en donde ver que nos resuelvan la vida, buscando “padres” omnipotentes, estas figuras que deben hacernos sentir protegidos y con sentido de vida, reyes, príncipes, etc., parece que en nuestro interior así es como lo queremos, en vez de crear figuras de responsabilidad en funciones específicas; desde la presidencia de la república o la dirección de una empresa con puestos de liderazgo donde nuestras cualidades como administradores o emprendedores se manifiestan, puestos públicos donde el narcisismo se compensa, favoreciendo el crecimiento personal y de quienes nos rodean, y no figuras de poder ciego, donde los que se creen dioses ven la oportunidad de recrear en la realidad terrenal sus fantasías y pervertir las que deberían ser funciones públicas o privadas.

Se puede hacer mucho en la prevención de estos fenómenos sociales, bajo la conciencia de que la pobreza en todos sus sentidos (educativa, económica, de valores, etcétera) es caldo de cultivo para fomentar la psicopatía en el poder.

EDUCACIÓN EN LOS VALORES

Carlos Báez refiere, para evitar la proliferación de este tipo de individuos, que hay que volver a una educación de las personas en los valores del servicio público, de la ética, de la política, como una actividad de servicio dirigido al bien común, y no como una actividad mercantil anómala, dirigida al logro de riqueza, a obtener cada vez mayor poder personal discrecional y de honores y prestigio social, siempre a costa del bienestar de los ciudadanos y del interés público.

Sin embargo, esa perspectiva ética no basta para frenar a esas personalidades malvadas. Hay que tomar  medidas eficaces para evitar la acumulación de poder personal, y una de ellas, en sociedades con una institucionalidad democrática débil, con una sociedad civil no muy potente y poco articulada, es el desarrollo de contrapoderes políticos eficaces y la limitación legal de la prolongación en el poder. Entre ellos se encuentra, sin duda, la prohibición de la reelección sucesiva del presidente de la república.

 

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