Mobiliario (h)urbano

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Indira Kempis

Jorge Melguizo

En la visita reciente que tuvimos en la ciudad de Jorge Melguizo, quien fuera parte del equipo ciudadano que participó en la transformación de Medellín, nos contó una anécdota que me parece fundamental para que reflexionemos sobre los detalles que hacen cómoda nuestra hábitat en la ciudad: el diseño del mobiliario urbano, que de acuerdo con Wikipedia, es el conjunto de objetos y piezas de equipamiento instalados en la vía pública para varios propósitos. “Generalmente son instalados por los ayuntamientos para el uso del vecindario, o bien adjudicándolos a un privado para que éste obtenga beneficios explotando la publicidad en la vía pública. Las variables más importantes consideradas en el diseño del mobiliario urbano son: seguridad de la calle, la accesibilidad”, se afirma en la enciclopedia electrónica.

Entendido lo que significan los “muebles” urbanos, debemos entender que de su uso confortable depende también que el concepto de hacer ciudad tome significado para la ciudadanía. Ahora sí, contemos la anécdota en Medellín. Ésta es sobre sus bancas. Normalmente, en las ciudades de todo el mundo, encontramos asientos que nos permiten sentarnos en los espacios públicos (avenidas, banquetas, parques, deportivos, entre otros). Al momento de la licitación para las bancas públicas, los diversos despachos entregaban el mismo concepto en diversos diseños de banca. Sin embargo, se los regresaron porque no tenían respaldo.

Una vez que entregaron los diseños de las que sí tenían respaldo, al equipo se le ocurrió que no solamente deberían tener respaldo, sino ser amplias para poder acostarse, tener un contrarespaldo para aquellos quienes gustan recargarse en ellas por la parte de atrás. Que no fueran bancas lineales, sino tuvieran contrapartes al frente para simular la sala de una casa en la que los habitantes pudieran sentarse en el espacio público para algo más que descansar: convivir, platicar, verse a los ojos. Hasta después de diversas modificaciones fue como que se aceptó el modelo final.

¿Qué podemos aprender de esto? La primera lección tiene que ver en que el mobiliario urbano debe considerar la antropología y sociología de un lugar para incentivar las dinámicas de convivencia como el fortalecimiento del tejido social. Segunda lección: La ciudad se disfruta en los detalles, por tanto, aquellos quienes están involucrados desde la gestión pública para instalarlos como mobiliario deben tomarlos en cuenta. La tercera, tiene que ver con la creatividad tanto de funcionarios como de diseñadores para generar estas transformaciones desde la estética de estos mobiliarios. Entre más tengamos una visión humana sobre nuestros muebles, mayor será la comodidad para usar, además disfrutar, los espacios públicos.

 

 

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