Terapia nutricional en el síndrome metabólico

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Doctora Marcela Sandoval Garza

Coordinadora de Vinculación

Maestra de Cátedra Bachillerato Internacional / Médico y de Biociencias

Campus Eugenio Garza Sada

Dirección de Enseñanza Media  Tecnológico de Monterrey

m.sandoval@itesm.mx

www.itesm.edu

La comida en exceso nos está matando, sin lugar a dudas. El estrés, la cultura, los estilos de vida y hasta nuestra genética pudieran no estar de nuestro lado. La oferta de productos por parte de la industria alimentaria es cada vez más calórica y menos completa para los requerimientos de nuestro cuerpo. Lo que no es válido es estar desinformado; son muchas las enfermedades que podemos asociar a la alimentación desbalanceada, incompleta e inadecuada. Obesidad, diabetes mellitus, cardiopatías, vasculopatías, artrosis y cáncer son parte de una lista que pareciera interminable, y el síndrome metabólico pudiera liderarla.  

EL CONCEPTO

El síndrome metabólico no es una enfermedad, sino un grupo de características relacionadas con la sobrealimentación y el sedentarismo. Cuando la ingesta de calorías es excesiva para lo que el cuerpo necesita, y éstas no se queman, se acumulan en forma de grasa, y permiten el sobrepeso y la obesidad. Particularmente, la grasa que se almacena en el área del abdomen se asocia a una resistencia a los efectos que tiene la insulina sobre la glucosa y los ácidos grasos en el cuerpo.

La insulina es una hormona que se produce en el páncreas, y que permite que la glucosa que obtenemos de los alimentos se convierta en energía. Cuando las células se resisten a aceptar esta hormona, se acumula en la sangre, causando hiperinsulinemia, y como no hay quien ayude a la glucosa a entrar en las células y ser transformada en energía, sus niveles también van a la alza, provocando hiperglucemia, características principales de la diabetes mellitus tipo 2.

Estos efectos, entre otras cosas, pueden dañar el tejido de los vasos sanguíneos; acumular grasas en la sangre y causar presión alta, promoviendo enfermedades cardiovasculares. ¿Por qué? Desde predisposición genética, hasta la distribución de la grasa en el cuerpo son factores de riesgo para este síndrome.

EL DIAGNÓSTICO

Siguiendo los criterios de la Federación Internacional de Diabetes (también hay criterios similares de la Organización Mundial de la Salud y del Programa Nacional de Educación en Colesterol de Estados Unidos), el síndrome metabólico se diagnostica cuando existe:

 

  • Circunferencia abdominal mayor o igual a 80 centímetros en mujeres, y mayor o igual a 90 centímetros en hombres (datos para grupos étnicos en México), sumado a dos de los siguientes:
  • Triglicéridos >150 mg/dl o estar en tratamiento para disminuirlos.
  • Colesterol HDL (llamado “colesterol bueno”)<40 mg/dl en hombres, <50 mg/dl en mujeres, o estar en tratamiento para subirlo.
  • Presión arterial sistólica >130 mmHg, presión arterial diastólica >85 mmHg, o estar en tratamiento para hipertensión (en la lectura de la presión arterial, al primer valor se le llama “sistólico” y al segundo “diastólico”).
  • Glucosa en la sangre estando en ayunas >100 mg/dl o haber sido diagnosticado con diabetes mellitus tipo 2 previamente.

 

EL TRATAMIENTO

El tratamiento indicado consiste en atacar directamente las causas. Siguiendo la definición del síndrome metabólico, los factores que habrá que eliminar serán aquellos que estén directa o indirectamente relacionados con el sobrepeso y la obesidad. Es decir, las vías de tratamiento deberán incluir:

  • Perder peso: la recomendación será siempre llegar al valor saludable para las características individuales de la persona, o bien se puede considerar una pérdida hasta del 10 por ciento del peso total, en una primera etapa.
  • Hacer ejercicio: es importante recordar que el cuerpo está diseñado para hacer ejercicio y que, de no hacerlo, se considera que se encuentra en un mal estado de salud.
  • Reducir el riesgo para la diabetes tipo 2: este rubro incluye estar en un peso saludable y tener una dieta completa, equilibrada, suficiente y adecuada.
  • Disminuir el colesterol en la sangre: se pondrá énfasis en una dieta baja en grasas totales.
  • Reducir la presión arterial sistémica: se pondrá énfasis en una dieta que, principalmente, restringe la ingesta de sodio.
  • Dejar de fumar: el tabaquismo es un hábito relacionado con enfermedades crónicas.

 

La actividad física, sumada a una dieta completa, equilibrada, suficiente y adecuada, romperá con la asociación de condiciones que permiten el síndrome metabólico.

El objetivo primordial será eliminar la obesidad abdominal, disminuyendo el peso total del siete al diez por ciento durante el primer año de tratamiento. Después de esta pérdida, se recomienda continuar con la terapia nutricional, hasta alcanzar un índice de masa corporal saludable, menor a 25 kg/m2.

Para calcular las necesidades de calorías en una persona, es importante saber que se requieren aproximadamente de 22 a 24 kcal para mantener un kilogramo de peso en un adulto normal, con una variabilidad de ±20 por ciento. Con este cálculo genérico, será más fácil hacer una recomendación acertada para la cantidad de calorías por persona, cuando se busca bajar de peso. Por otro lado, la distribución de nutrientes se tendrá que realizar según las características presentes del síndrome metabólico, para atacar las causas.

DIETAS RECOMENDADAS

En general, existen diferentes tipos de dietas que se describen adecuadas para tratar el síndrome metabólico; sin embargo, las que más se han recomendado son:

 

  1. La Dieta Mediterránea: se basa en ingerir frutas, vegetales, granos enteros, aceite de oliva, leguminosas y nueces (en cada tiempo de comida); pescados y mariscos (al menos dos veces por semana); aves, huevos, quesos y yogur (en porciones moderadas, diariamente o semanalmente), y carnes y azúcares (infrecuentemente). En un estudio publicado por el Journal of the American Medical Association, en el año 2004, se encontró que los pacientes que seguían la Dieta Mediterránea, comparada con una dieta basada en un 50 a 60 por ciento de carbohidratos, 15 a 20 por ciento de proteínas y <30 por ciento de grasa, obtuvieron mayor reducción de peso, de niveles de presión arterial, lípidos, marcadores de inflamación, y además mejoraron la resistencia a la insulina; todo esto en un periodo de dos años.

 

Un ejemplo de menú para un día en Dieta Mediterránea incluye:

Desayuno: yogur bajo en grasas, con granola, almendras, avena y moras.

Comida: un pimiento grande lleno de arroz; una porción pequeña de fuente de proteína (carne, por ejemplo), tomate y finas hierbas, ensalada de verduras frescas, pan integral y una copa de vino tinto para acompañar.

Cena: ensalada de atún con aceitunas, verduras frescas, aceite de oliva y agua para acompañar.

 

  1. La dieta DASH: limita el consumo de sodio a 2,400 mg por día, y recomienda más lácteos que la Mediterránea. Es baja en grasas saturadas, colesterol y la cantidad de grasa total; promueve la disminución de la ingesta de carne roja y azúcares en alimentos y bebidas; hace énfasis en frutas, vegetales y lácteos libres o bajos en grasa, así como en productos de grano entero, pescados, aves y nueces; es rica en potasio, magnesio, calcio, proteína y fibra. En un estudio publicado en Diabetes Care, en el año 2005, la dieta DASH, comparada con una dieta de reducción, con énfasis en opciones de comida saludable, resultó con mayores mejorías en colesterol HDL, triglicéridos, presión arterial diastólica y glucosa en ayunas, además de la pérdida de peso.

 

Un ejemplo de menú diario DASH con 2,000 kcal y 2,300 mg de sodio incluye:

Desayuno: ½ taza de avena instantánea, un mini bagel con una cucharada de crema de cacahuate, un plátano mediano y un vaso de leche bajo en grasas.

Comida: un sándwich de pechuga de pollo, con pan integral; queso cheddar natural, bajo en grasas; lechuga y tomate, acompañado por melón y un vaso de jugo de manzana.

Cena: una taza de espagueti, con ¾ de taza de salsa vegetariana para espagueti; queso parmesano; ensalada de espinacas con zanahorias, champiñones y vinagreta; ½ taza de elote desgranado y ½ taza de peras enlatadas.

Entre comidas: una taza de yogur con fruta, bajo en grasa, sin azúcar añadida, y 1/3 de taza de almendras.

 

  1. Una dieta basada en alimentos con bajo índice glucémico: se promueve el reemplazo de los granos refinados por granos enteros, frutas y vegetales, y la eliminación de  las bebidas azucaradas. En general, se define como índice glucémico – IG a la medida del impacto relativo que tienen los alimentos con carbohidratos sobre la glucosa en la sangre. Se aplican los siguientes valores para clasificar (usando la glucosa como referencia):

 

IG bajo: 55 o menos

IG medio: 56 a 59

IG alto: 60 o más

 

Es importante mencionar que, a principios de los años ochenta, tres estudios mostraron que cuando los alimentos basados en carbohidratos formaban parte de una comida mixta, las diferencias entre los IG de cada uno de los alimentos por separado, ya no existían. Esto limita la utilidad clínica del IG en los menús diarios.

Una lista de alimentos con bajo índice glucémico incluye (de menor a mayor):

Yogur bajo en grasas, cacahuates, espárragos, brócoli, coliflor, apio, pepino, berenjena, lechuga, pimientos, espinacas, tomate, calabacitas, cerezas, leche entera, espagueti, frijoles, lentejas, leche de soya, pasta integral, pera, zanahorias cocidas, duraznos y naranjas, entre otros.

Además de la importancia de la terapia nutricional, será importante fomentar la actividad física en un esquema de al menos 30 minutos (de preferencia 60 o más) de ejercicio de intensidad moderada, continuo e intermitente, 5 veces por semana como mínimo (de preferencia diario).

El tratamiento para síndrome metabólico también incluye terapias para cambios de comportamiento en el estilo de vida, así como medicamentos antidiabéticos, antihipertensivos y otros que modifican los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre. 

EL PRONÓSTICO

Los resultados dependerán del apego al tratamiento. Al mejorar la calidad y cantidad de los alimentos, y al realizar actividad física, se perderá peso corporal, con la consecuente reducción de probabilidades de adquirir el síndrome metabólico; o, bien, de presentar las complicaciones secundarias de la diabetes mellitus tipo 2 o la obesidad, tales como las enfermedades en el corazón y los vasos sanguíneos, principalmente.

La palabra clave es la prevención. Es importante crear una cultura de alimentación sana, de manera que pueda ser replicable; es decir, enseñar a nuestros padres, hijos, hermanos, pareja. La vida que hoy en día llevamos nos obliga a hacernos a la idea de que el estrés ya es parte de la misma, y que no nos puede manejar. Comer por ansiedad en atracones, utilizar videojuegos como medio de entretenimiento y optar por la comida con calorías huecas (las que no necesitamos y se convierten en grasa almacenada), nos lleva a consecuencias graves, tarde o temprano.

Si a pesar del factor cultural, también existe el genético, ya no debe existir duda de que la prevención es lo más importante, sobre todo cuando se trata de enfermedades crónicas, como este conjunto de condiciones, conocido como síndrome metabólico.

En conclusión, existen diversas medidas de terapia nutricional para el paciente diagnosticado con síndrome metabólico. El mejor será aquel que se moldee a las necesidades y gustos del paciente, así como a su estilo de vida. Por esto es importante la valoración individual, a fin de reconocer los factores de riesgo y atacarlos uno por uno, con una dieta completa, equilibrada, suficiente y adecuada.

“Cuida mucho tu cuerpo; es el único lugar que tienes para vivir”.

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