Aunque haya que sepultar al Niño Artillero

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Jorge Villegas

ninoartilleroMás allá de la crónica de las gloriosas derrotas

La Historia puede escribirse y leerse como la Insólita Crónica de los Azares y Eventos Portentosos de la Humanidad.

Reducirla a un rosario de épicas batallas, heroísmos ejemplares y reacomodos del poder.

Con esa óptica, la Historia de México, al menos como se la cuentan a los escolares, es la crónica invariable de las derrotas gloriosas a través de las que llegamos a ser nación soberana, independiente y con un lugar entre las grandes economías del mundo.

Un enfoque más disciplinado y metódico, con rigor de ciencia, hace de la Historia una herramienta para hallar el hilo conductor en la vida de un pueblo, para aplicar la lógica a su comportamiento republicano y para elaborar el pronóstico educado de lo que depara el futuro, con ese pueblo, con ese gobierno, con esa estructura social y política.

LA NACIÓN EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO

La Ciencia de la Historia aprovecha el reporteo de los cronistas y los compiladores. Acepta las anécdotas y las leyendas, Pero de ese caudal extrae las constantes, las variables, los hilos conectores que hilvanan el paso de una nación por el tiempo y el espacio.

Por razones entrañables, por conveniencia pedagógica, vale mantener los textos narrativos de la historia del país. Sus anécdotas y sus escenas memorables poblarán la imaginación y el carácter cívico de los futuros ciudadanos.

Claro, habría que depurar esa crónica de los excesos líricos y de los personajes paradigmáticos, casi de ficción: piense en el Niño Artillero, en el Pípila, en el Niño Héroe arrojándose al vacío envuelto en una bandera.

ENFOQUE CIENTÍFICO DE LA HISTORIA

Pero para efectos de cultura y documentación, enfoquemos con criterio de ciencia la historia del país: hallaremos así la esencia de la personalidad del mexicano; su visión cosmológica; su relación filial, pero parricida, con la autoridad; su autoestima vulnerada por el complejo de inferioridad ante el extranjero.

Una visión objetiva, con rigor del pasado, puede ser nuestra mejor palanca para entrar conscientemente, deliberadamente al futuro. Con el análisis centenario de cómo se manifiestan nuestro potencial y nuestras limitaciones, podemos ordenar mejor nuestro camino hacia la patria anhelada.

Aun desde esa perspectiva de objetividad y rigor metódico, la Historia de México sigue siendo épica, admirable: un pueblo de profunda religiosidad, con un concepto sagrado de la autoridad y el orden nacional, que destruye cíclicamente su universo para volverlo a rearmar.

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