Doctor Joaquín González Aragón G.
El anhelo por conservar la juventud y prolongar la vida es mencionado desde los albores de la historia. Sin embargo, es hasta este siglo cuando se ha logrado extender más de 25 años la expectativa de vida promedio, en la mayoría de los países del mundo. La longevidad es uno de los logros del siglo XX.
En 1950, la expectativa de vida en México era de 50 años, mientras que, actualmente, es de 78 años para la mujer y 76 para el varón; en algunos estados de la república, como Nuevo León y el Distrito Federal, es de 75 años para el sexo femenino y 73 para el masculino. Esta transición demográfica nos reporta un 10 por ciento de los individuos como mayores de 60 años, lo que significa entre 10 y 11 millones en total en un país que empieza a sentir el impacto en la estructura poblacional.
Por otro lado, la disminución de la fecundidad es una realidad. En tanto que, en la década de los 70, había seis nacimientos por cada mil mujeres, en 2012 hay dos nacimientos por cada mil mujeres. Esto se manifiesta en la parte media de la pirámide poblacional, que se está ensanchando con un mayor número de adultos en su juventud y madurez, quienes serán los adultos mayores en 2050, con cifras aproximadas de 36.5 millones, en comparación con los 3 millones de 1950, los 7 millones que había en el año 2000 y los 10 millones de 2010.
En este contexto, los especialistas en gerontología nos hemos dedicado a unificar ciertos conceptos y criterios que nos permitan hablar un mismo lenguaje, ante un asunto tan complejo como la transición demográfica de un país joven que está envejeciendo. Lo que para algunos pudiera representar un problema, para otros constituye una oportunidad para el desarrollo.
ALGUNOS CONCEPTOS
- Envejecimiento: proceso que transcurre en el ciclo vital, que se inicia con la concepción y termina con la muerte, y representa el efecto del tiempo sobre los seres humanos.
- Gerontología: rama de la filosofía que estudia el proceso del envejecimiento, con sus implicaciones, derivadas de la declinación física y el deterioro biológico, con sus repercusiones psicológicas, emocionales, sociales, políticas, económicas y sanitarias, tanto sobre el individuo como sobre la sociedad.
- Geriatría: rama de la medicina y la gerontología, que se encarga del manejo de las enfermedades en la vejez.
- Gerontología Social: es la rama que se ocupa del envejecimiento de las sociedades y sus efectos sobre los individuos. Estudia el lugar y la participación del adulto mayor en la sociedad, medio ambiente, participación ciudadana, aspectos económicos, trabajo, productividad, jubilación, vivienda, asilos, marginación, familia y comunidad.
- Personas Mayores: de acuerdo con la terminología de las Naciones Unidas, son los individuos con edades más allá de los 60 años. Esta definición se formuló en la década de los 80 (Asamblea Mundial de Envejecimiento, ONU, Viena, Austria, 1982).
- Adultos Mayores: es una nueva terminología para denominar a las personas mayores, que fue adoptada en la década de los 90.
TIPOS DE ADULTO MAYOR
En lo que respecta a la conceptualización por la sociedad, es fundamental reconocer a la población de adultos mayores como un mosaico difícil de estandarizar, por diferencias etarias, étnicas, demográficas, educativas, económicas y culturales. La reflexión sobre esta gran diversidad destaca la necesidad de contar con parámetros objetivos que emanen de la investigación formal, que nos permitan llevar a cabo medidas de planeación efectivas.
Para fines prácticos, la Sociedad de Geriatría y Gerontología de México (GEMAC) propuso desde 1980 esta clasificación, dependiendo de diferentes parámetros:
a) Estado físico: sanos, enfermos (agudos-crónicos), discapacitados.
b) Estado mental: lúcidos, confusos, dementes.
c) Respecto a la familia: integrados, desintegrados.
d) Respecto a la economía: dependientes, independientes.
e) Respecto a la productividad: productivos, improductivos.
f) Respecto a la sociedad: autónomos, participativos, adaptados y desadaptados.
g) Respecto a la educación: analfabetos, con conocimientos básicos y con educación superior.
h) Respecto a su demografía: urbanos, rurales, semiurbanos.
i) Respecto a su etnicidad: indígenas, mestizos.
Con dos grupos como resumen:
- El adulto mayor joven, sano, entre los 60 y 75 años, en buen estado físico, autónomo, productivo, adaptado socialmente, independiente y que vive en el seno de su familia y la comunidad.
- El adulto mayor viejo, de 75 años en adelante, enfermo crónico o discapacitado, improductivo, dependiente y desasimilado de su familia y socialmente.
Los principales problemas que impactan a las personas mayores son pobreza, mala nutrición, enfermedades agudas y crónicas (físicas y mentales), marginación social, negligencia y maltrato. Es fundamental abreviar estas barreras básicas para mejorar la calidad de la vida de los adultos mayores.
NECESIDADES DE LOS ADULTOS MAYORES
Las principales necesidades de los adultos mayores son salud, economía, actividad e integración social:
1. Salud: tanto desde el aspecto físico, como mental, emocional y espiritual, es la necesidad más importante para lograr calidad de vida y longevidad. Está perfectamente demostrado que la vida sin salud es muy difícil de ser vivida y representa sufrimiento para el individuo y los que lo rodean, además de repercutir en la esfera económica de la familia y en los presupuestos de los servicios médicos oficiales que actualmente enfrentan la demanda de una epidemia de enfermedades crónicas que está rebasando sus capacidades.
La salud está íntimamente ligada a los aspectos de educación para lograrla, que incluyen prevención, autocuidado, estilos de vida saludables, nutrición apropiada, medio ambiente adecuado en su ecología (durante todo el ciclo vital, en especial, a partir de los 25 años) y con la participación del sector salud a través de sus niveles de atención primaria, secundaria y terciaria, por personal capacitado en geriatría y gerontología.
Por muchos años, las instituciones creyeron que los médicos familiares tenían la capacidad para dar una atención apropiada, lo que determinó que México sea uno de los países con mayor rezago en la atención de su población envejeciente, al grado de contar con únicamente 350 geriatras para una demanda de millones de pacientes geriátricos. Esta situación promete mejorar ahora que el sector salud y la seguridad social han formalizado la ejecución de programas como el GeriatrIMSS, dedicado a capacitar personal especializado, y establecer servicios adecuados para la creciente población de la tercera edad.
2. Economía: esta es una necesidad conectada con las otras necesidades, ya que los adultos mayores deben tener asegurados ingresos o pensiones que les permitan satisfacer las necesidades básicas de alimentación, vestido, vivienda, recreación, transporte, comunicaciones y en especial, una buena salud. Una buena situación financiera es esencial para lograr una buena nutrición y estilos de vida saludables.
Los ingresos pueden provenir de un trabajo remunerado proporcional a sus condiciones, por lo que es necesario revisar la legislación laboral a fin de incentivar la creación de toda una gama de oportunidades de trabajo remunerado, que permita ingresos dignos a personas de edad avanzada. Además, fomentar desde la juventud los programas de ahorros, rentas, inversiones, participaciones, que permitan una cultura de preparación económica a la vejez, a fin de que no lleguen desprovistos de un sustento a esta etapa de la vida.
Atención especial merecen los programas de Afores, pensiones, jubilación, subsidios, aportes gubernamentales y todas aquellas iniciativas que garanticen un envejecimiento productivo. Las tarjetas de apoyo económico son paliativos con fines políticos y electorales que, aunque son bien aceptadas por la población, no resuelven un problema cuyo trasfondo es la falta de oportunidades de trabajo.
Asimismo, deben contemplarse incentivos fiscales para aquellas familias que mantienen y apoyan a sus adultos mayores, como parte de una solidaridad muy arraigada en la conciencia del mexicano, que cuida de sus padres como una cuestión de honor y gratitud; lamentablemente la situación económica y las viviendas con espacios mínimos hacen que cada día sea más evidente que no puedan hacerlo, a pesar de sus buenos sentimientos.
3. Actividad: esta necesidad representa la capacidad de los individuos de permanecer activos, sin importar su edad. Nuestro país es un abanico de ejemplos en el medio rural y en algunos ámbitos urbanos, de personas de edad muy avanzada que trabajan en el campo, el comercio informal o en sus tienditas, y para quienes la palabra jubilación o servicios para la tercera edad no existen. Por tal motivo, no debemos difundir nociones atávicas, como el decir que las personas mayores representan un problema, que todos siempre están pidiendo apoyo y que significan una carga para el erario y las familias.
Estos viejos, en su mayoría, necesitan de actividades productivas; es decir, trabajos que, además de ingresos, les confieran dignidad y satisfacción personal. Las actividades pueden ser de tipo participativas, en las que aportan conocimientos y servicios a la comunidad, como el voluntariado y las asociaciones de personas mayores. Igualmente, las actividades recreativas son muy importantes, porque los hacen participar en acciones de distracción, fomento cultural, aprendizaje, turismo, entre otros, que aseguran el disfrutar de los años.
4. Integración social: representa la gran necesidad que los adultos mayores tienen de mantener una autonomía e independencia que les permita acceso a servicios, cuidados y participar en la vida comunitaria; asegurar su vivienda, esa que algunos poseen o bien facilitarles los medios para que la obtengan; acciones que les permitirán permanecer en su hogar el mayor tiempo posible, recibiendo atención domiciliaria.
La sociedad y las organizaciones civiles son responsables de asegurar asilos, residencias o instituciones geriátricas para aquellos casos en que la discapacidad de ser autosuficientes sea manifiesta. La necesidad de integración social también abarca el acceso a los servicios sociales y jurídicos que les otorguen protección y apoyos ante los abusos de los hijos y de quienes intenten aprovecharse de su vulnerabilidad; también incluye el acceso a los recursos educativos, culturales, espirituales y recreativos de la sociedad que les permitan su autorrealización.
Todo adulto mayor debe ser protegido por Derechos Humanos que les aseguren vivir libres de explotación, abuso, victimización y malos tratos por parte de familia y sociedad; sobre todo, el derecho inalienable de ser valorados independientemente de su edad. Es una necesidad tener el derecho de participar en los asuntos políticos, que les permita ejercer plenamente sus garantías individuales y ser participes en las campañas electorales y partidos políticos para ser escuchados.
Es muy posible que, un día, los propios adultos mayores, con la fuerza emanada del aumento de su número e influencia, obliguen a la sociedad a adoptar un concepto de vejez positivo, activo y orientado, que, lejos de ser una carga, los convierta en una fuerza que contribuya al desarrollo de nuestra nación.
REALIDADES EN LA ATENCIÓN DE LOS ADULTOS MAYORES
La lucha de los gerontólogos ha sido convencer a las autoridades gubernamentales, universitarias, sector salud y población en general, de que las consecuencias de la transición demográfica serán amenazantes para la estabilidad social, en caso de no tomar las medidas adecuadas.
En la actualidad una serie de realidades nos alertan:
a) La investigación sobre los adultos mayores es aún muy escasa, y requerimos instituciones especializadas dedicadas al estudio de este fenómeno social y epidemiológico.
b) Los resultados de los programas preventivos del sector salud sobre los factores de riesgo de las enfermedades crónicas degenerativas parecieran inoperantes, ya que el número de enfermos se incrementa de manera alarmante; millones de diabéticos aparecen a diario y el cáncer se multiplica, a pesar de las campañas de detección.
c) Los programas de formación de profesionales y entrenamiento del personal en geriatría son muy escasos.
d) Los servicios hospitalarios de geriatría no crecen al ritmo de la magnitud del incremento de la demanda.
e) Una realidad lacerante es que el Plan Global de Desarrollo coloca a los adultos mayores como grupo vulnerable, junto a los discapacitados y no como un grupo productivo. Reitero que es un error considerar a la vejez como un problema y no como una conquista de la sociedad.
Desde el punto de vista de imagen pública, se asocia la vejez con deterioro, mala salud, inutilidad y carga social. Se presenta a los viejos como limosneros, desamparados y desprotegidos. Existe una percepción segregacionista, por parte de los organismos gubernamentales e incluso grupos voluntarios; se les destaca como el grupo «tercera edad», como “los de las canas doradas”.
Esta apreciación es antagonista del criterio de universalidad del envejecimiento como una etapa productiva y exitosa, resultante de la experiencia individual de envejecer, y de la integración generacional de un país en el que conviven jóvenes, adultos, niños y adultos mayores.
AUTOC UIDADO Y PROMOCIÓN DE LA SALUD
En agosto de 1983, en Copenhague, Dinamarca, tuve el honor de asistir a una reunión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en donde 40 representantes de nuestros respectivos países firmamos un documento en el que nos comprometimos a divulgar el autocuidado como la alternativa de mayor éxito para alcanzar las metas de salud para la población.
Su principal objetivo es insistir en que todo individuo debe asumir la responsabilidad de participar en la atención de la propia salud y borrar el prejuicio negativo de que la salud es un bien, consecuencia del destino o de la suerte, y el alivio únicamente se puede obtener de los servicios médicos.
Las campañas dirigidas a la población adolecen del defecto de ser genéricas y coercitivas: “cuida tu salud, baja de peso, come frutas y verduras, deja de fumar, el tabaco mata, etcétera”. Lamentablemente, contienen información que las personas ya saben, pero que no quieren cumplir, a pesar de tener la conciencia.
Por tal motivo, es necesaria la programación neurolingüística que modifique la voluntad hacia acciones libres y consentidas de bienestar. El objetivo del autocuidado es asumir la responsabilidad de la propia salud, adoptar estilos de vida saludables y hábitos positivos, nutricionales, de ejercicio y relajación.
Su mejor definición es: «todas aquellas acciones y decisiones que los individuos toman para prevenir, diagnosticar y controlar su propia salud; todas aquellas acciones dirigidas a mantenerla y mejorarla, y las decisiones para utilizar y participar en los sistemas y servicios de salud, tanto oficiales como privados».
El autocuidado es la herramienta más valiosa en el campo de la prevención y tratamiento. Las personas son un recurso de salud que no ha sido utilizado debidamente por la falta de educación para la salud. Es de suma importancia inculcar en los individuos que prevenir es mejor que curar; es más barato, no causa sufrimiento, y evita la hospitalización prolongada, al mismo tiempo que favorece la integración familiar y hace a los adultos mayores felices, útiles e independientes, destacando que la salud es fundamental para la satisfacción de las demás necesidades humanas, económicas, de actividad, trabajo y participación en la sociedad.
El gobierno y las organizaciones de la sociedad civil lograrán beneficios cuando la población se involucre en su salud, lo que significa ahorro en los gastos, en la prestación de servicios, creación de infraestructura y compra de equipo cada vez más costoso.
EL MÉDICO DEL SIGLO XXI ANTE LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA
Como médico gerontólogo y geriatra, estoy satisfecho de saber que México avanza en la implantación de medidas que aseguren el futuro de los adultos mayores. Sin embargo, mi constante actualización me permitió conocer la medicina de longevidad, una nueva corriente médica de tendencia futurista, nacida en los Estados Unidos, como consecuencia de los grandes avances de la investigación biológica, sobre todo en lo que respecta a la genómica y biología molecular.
El desarrollo de la medicina antienvejecimiento es vertiginoso y atrapa la atención de miles de profesionales de la salud, porque nos ofrece los recursos científicos, bioquímicos y tecnológicos que requieren los individuos que se encuentran en la juventud y edad madura para conservar vitalidad, juventud y mejor longevidad. Un enfoque del nuevo milenio, más allá de los programas de promoción de la salud, la práctica de estilos saludables y la creación de servicios de atención geriátrica.
En la actualidad, los adultos, entre los treinta y sesenta años desean información precisa sobre procedimientos y productos anti-envejecimiento; son poseedores de una mejor educación, han viajado, tienen acceso a mejores fuentes de información, consumen la tecnología y comparten el mismo objetivo: vivir una vida más larga y con mejor calidad, sin la vulnerabilidad, la enfermedad y el deterioro producido por la edad; desean llegar a los años dorados con vitalidad y calidad de vida.
AVANCES CIENTÍFICOS
Los medios de comunicación presentan a diario información sobre nutracéuticos, precursores hormonales, hormonas bioidénticas, aminoácidos, antioxidantes, ácidos grasos esenciales, productos farmacéuticos, vitaminas, etcétera… disponibles para el público, que son consumidos por un gran número de individuos, en conjunción con tecnologías avanzadas y tratamientos alternativos.
Esta miríada de avances científicos se duplica cada tres años y medio, y se estima que del 2020 en adelante se registrarán avances maravillosos para la humanidad. Por tal motivo, tanto médicos como profesionales de la salud requieren de una constante actualización ante esta vorágine científica, que las autoridades del sector salud y las instituciones de enseñanza médica deben incorporar dentro de sus programas, ante el panorama que representa la epidemia global de enfermedades crónicas que amenaza con causar la bancarrota de los sistemas de seguridad y asistencia social.
El nuevo pensamiento médico del siglo XXI señala hacia nuevas generaciones de profesionales de la salud, con mayores conocimientos en medicina preventiva, nutrición, epidemiología y salud pública, con voluntad de servicio y profesionalismo, con el compromiso de lograr un envejecimiento activo, saludable, productivo y exitoso, en el seno de una sociedad incluyente y participativa.
