La seguridad, derecho humano inalienable e imprescriptible

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Profesor Ismael Vidales Delgado

Director Académico del CECyTENL

ividales@att.net.mx

Por privilegio de su impunidad, el Poder se da el lujo de vivir en estado de perpetua distracción: se olvida de todo, se equivoca, no sabe lo que dice, ni se da cuenta de lo que hace.”

-Eduardo Galeano

 

El psicólogo estadounidense-alemán Erik Erikson (15 de junio de 1902, en Fráncfort del Meno, Alemania – 12 de mayo de 1994, en Harwich, Cabo Cod, Massachusetts, Estados Unidos) elaboró una teoría del desarrollo de la personalidad a la que denominó Teoría psicosocial. En ella describe ocho etapas del ciclo vital o estadios psicosociales (crisis o conflictos en el desarrollo de la vida, a las cuales han de enfrentarse las personas). 

La primera de estas etapas es “Confianza vs. Desconfianza”. Esta etapa abarca desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses de edad, y bien podemos enunciarla como “Seguridad e Inseguridad”.

Cuando el ser humano supera sin dificultad esta etapa; es decir, cuando el bebé recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos, desarrolla el vínculo que será la base de sus futuras relaciones con otras personas. Del éxito con el que se supere esta etapa -dice Erikson- dependerá la seguridad o la inseguridad del futuro ciudadano.

Por lo tanto, la seguridad es una necesidad básica de la persona; es un derecho inalienable e imprescriptible del hombre, que la familia, la sociedad y el Estado le deben proveer.

En la actualidad, todos: niños, adultos y ancianos, sufrimos los más diversos signos de inseguridad, al grado de que ya se ha convertido en una condición de la especie humana.

ATROCIDADES DE LA DELINCUENCIA

Ésta es una situación que se ha venido presentando en los años recientes, cada vez con mayor frecuencia e intensidad, situación que abre una nueva dimensión frente a la delincuencia, que en sus modos de operación ha rebasado las más perversas y retorcidas atrocidades que podamos imaginar.

La inseguridad reclama acciones que van más allá de las puramente policiacas; ahora se reclaman acciones ciudadanas, educativas, religiosas, nacionales e internacionales; su estado endémico reclama acciones de gran calado.

Todo parece indicar que hoy, más que nunca, requerimos de la construcción social de una acción colectiva construida sobre una multiplicidad de puntos de innovación hábilmente combinados con los más acendrados valores tradicionales.

De acuerdo con cifras públicas de “México unido contra la delincuencia” (www.mucd.org.mx Tels: 5515-6759 y 5277-8311) hoy, cuatro de cada cinco ciudadanos mexicanos consideran que las condiciones en las que vivimos son menos seguras que las que teníamos hace un año en México. Uno de cada cuatro ciudadanos dice haber vivido cerca de un delito en los tres meses recientes, ya sea por haberlo sufrido él o alguien de su familia. Más del 78 por ciento de los mexicanos temen ser víctimas de robo a mano armada o de un secuestro. La mitad de los mexicanos piensan que la guerra contra el crimen organizado la va perdiendo el gobierno federal.

Consulta Mitofzky revela, en una encuesta reciente, que “la seguridad es una de las necesidades más anheladas de todo mexicano, y es por ese motivo que la recuperación y el mantenimiento de ésta ocupa un lugar destacado en la escala de valores de la población”.

NUEVOS DELITOS Y AMENAZAS

La globalización –tan deificada por los gobiernos recientes- ha traído nuevos delitos y amenazas, cuyas causas, conexiones y respuestas son muy complejas y trasnacionales. Las instituciones tradicionales del Estado (autoridades policiales y el sistema judicial) no están capacitadas para dar respuesta a los nuevos problemas ni a los nuevos retos generados por la inseguridad, y los efectos de la criminalidad generalizada no se han hecho esperar en los hogares mexicanos.

La economía criminal le ha dado lecciones a la economía legal. El crimen organizado se ha globalizado y se ha ido acomodando perfectamente a este nuevo escenario. La seguridad es ahora una especie de mirada de reojo con  desconfianza y miedo a todo lo que se mueva en nuestro alrededor. Nuestro sueño de libertad está condicionado por la inseguridad y, por lo tanto, distante, lejano en el espacio de las quimeras, para ser exacto.

La pregunta que los mexicanos traemos a flor de labio es: “¿cuándo terminará la inseguridad?” La respuesta está, desde mi humilde punto de vista -aunque a largo plazo- en una vuelta a los valores fundamentales a través de la educación para la instalación de una auténtica vida democrática, una democracia construida con el corazón limpio de los nuevos mexicanos; no podemos construir un estado democrático esperando a los egresados de  la Escuela de las Américas (http://embedr.com/playlist/escuela-de-las-americas-2003-escuela-de-asesinos).

UNIVERSIDAD CIUDADANA

Los egresados de la gran escuela de la ciudadanía ejemplar serán los salvadores de la patria, sólo que esa escuela no existe; necesitamos construirla, y para ello no necesitamos de expertos, sólo de buenos mexicanos; todos podemos ser catedráticos de la más grande y gloriosa escuela con la que haya soñado pueblo alguno: la Universidad Ciudadana.

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