Una ciudad para enamorarse

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Indira Kempis

A veces me pregunto por qué no es se siente lo mismo tomar de la mano a alguien en París, en Buenos Aires, en Vancouver o en Nueva York, que hacerlo en el Distrito Federal, en Monterrey o en Lima… La vida luce tan distinta. Las calles, el mobiliario urbano, la arquitectura, los detalles. Es una de las preguntas cuyas respuestas no considero encontrar exclusivamente en los imaginarios o la percepción.

La visión de una ciudad humana dispara ideas sobre la sensibilidad que puede derivarse de cada una de sus estructuras. Cuando la convivencia no es la tarea titánica de encontrarse para conversar. En esos momentos, donde las causalidades pueden reunirse en una ancha banqueta. Días en los que se busca un parque, una banca, un árbol y se encuentra. El caminar de los cuerpos, la coincidencia de las miradas, la delicia de una conversación sin el ruido del tráfico…

El amor no puede ser tan casual si se cuenta con infraestructura para detonar la sensibilidad de los seres humanos. Entonces, ¿por qué no hacer ciudades para los encuentros, la convivencia, el amor? Puede parecer fuera de foco de cualquier objetividad. No obstante, nadie puede negar que una ciudad en la que uno puede enamorarse sea humana, abierta a las posibilidades que incitan al diálogo, a la imaginación, a la poesía.

Si no existen condiciones para que eso suceda, entonces hablamos de una ciudad que dista de fomentar las transformaciones desde la creatividad de quien establece contacto con otros seres humanos, convirtiéndose en el eje de percepciones distantes, frías, aparentes.

La ciudad se disfruta como el amor: en los detalles. Así que esa podría ser otra de las aspiraciones de quienes planean lo urbano. Crear entornos que permitan el desarrollo de las emociones, despierten la sensibilidad y mantengan una narrativa del contacto. Ideas que pueden materializarse en proyectos específicos para facilitarlos: un parque, las banquetas, los espacios deportivos y recreativos, mayores centros comunitarios, culturales, de entretenimiento. Las pequeñas obras de escala humana se hacen grandes cuando atienden esos detalles, que nadie ve, pero que todos aprecian de las ciudades que están hechas para el amor.

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