Gabriel Contreras
La mujer bigotona, barbuda… en fin, con abundante vello facial, es hoy en día prácticamente un tabú, según se desprende del artículo “Hirsutismo”, del doctor Miguel Ángel Allevato, publicado en la edición 126 de la revista “Ciencia, conocimiento, tecnología”.
En dicha publicación, el especialista argentino revisa algunos casos y análisis tanto de carácter medico como de tipo antropológico, y nos ofrece un panorama histórico del hirsutismo, haciendo hincapié en casos provenientes de la realeza europea en el Siglo XVII, para asomarse luego a la presencia de las mujeres “peludas” a lo largo de los Siglos XIX y XX.
Y es precisamente en el XIX, cuando se hace presente la referencia a una mujer mexicana que llegaría a convertirse en una especie de “celebridad negativa”, cuya trayectoria vital no solamente ha alimentado al imaginario fílmico y teatral, sino a la historia misma de la teratología a nivel mundial. Y eso debido a que Julia Pastrana, cocinera mexicana nacida en 1834, no sólo poseía una abundancia de pelo extraordinaria a nivel facial, sino que media 1.37 y además mostraba dos filas de dientes, característica que la volvía impactante a la vista, y acabaría por convertirla en un fenómeno circense.
La vida de Julia Pastrana fue, en síntesis, una tragedia medica y social, que acabaría por convertirse en una película italiana: “La mujer simio”, de Marco Ferreri, filmada hace casi 50 años, en 1963.
Para los médicos de la época, el caso se resolvía a través de la imaginación. Ellos concluían, sin mediar prueba alguna, que Pastrana era hija de mujer y gorila.
A mediados del siglo XIX, Pastrana ya formaba parte de una compañía circense, y poco después estaría casada ya con Teodore Lent, empresario del mundo del espectáculo.
Al lado de Lent, y convertida en una atracción de tipo “freak”, Julia progresaría hasta dominar tres idiomas y cantar, bailar y actuar destacadamente.
Hacia 1860, quedaría embarazada de Lent y el intento le costaría la vida a ella y a su bebito.
Sin embargo, la tragedia no se detuvo, ya que Lent vendió la agonía de la mujer como espectáculo, sumado a la presencia momificada de ella y el bebe como golosinas del morbo popular.
Lent fue a la búsqueda de otra “mujer peluda” y la momia de Pastrana se perdió en los laberintos del tiempo, hasta aparecer nuevamente en Oslo, Suecia, en 1976, para ser robada de un almacén, en compañía de su hijo, el pequeño Pastrana, muerto aunque jamás nacido.
Hoy, Pastrana forma parte del legado mexicano al mundo de la teratología, pero también es un caso del gabinete de las curiosidades medicas, cuenta con su propia biografía más allá de la ficción, y es un punto de referencia en el campo de la dermatología y sus extremos.

