Si creer todavía en una fuerza utópica del arte puede resultar iluso, ceder a una concepción puramente ornamental del arte no puede significar sino incurrir en el más grave de los pecados contra el espíritu: parafraseando a Loos, tomar al arte por ornamento todavía debería constituir, también en mi opinión, grave y aún grosero delito.
José Luis Brea
Ornamento y Utopía
La escultura la deberemos valorar tanto como un objeto estético que favorece los espacios y territorios únicos, atractivos y elegantes, como una expresión artística y humana que conlleva creación pura y que en su forma, establece conexiones emocionales, sensoriales e intelectuales.
Dicho lo anterior, podremos resolver entonces, una de las mayores decisiones a la que nos enfrentamos al adquirir una obra escultórica, determinar cómo y dónde exhibirla. La colocación de una escultura en un ambiente interior o exterior, representa todo un reto en la actualidad, especialmente cuando se coloca sobre el piso, en una pared o en un pedestal. Al respecto, una breve reflexión a mi manera de pensar sobre las tendencias y soluciones en esta faena.
Uno de los lugares clásicos es el nicho. La problemática aquí es acoplar la escultura al diseño del nicho; la parte alta de la obra deberá de estar a la altura o un poco menos del inicio del arco físico o imaginario del mismo. Si este es poco profundo, se podría agregar una repisa de mármol que sobresalga en el espacio. Un fondo obscuro resaltará la obra con su debida iluminación, mientras que un espejo en el fondo ayudaría a contemplar los lados y la parte de posterior de la pieza. La iluminación superior dentro del nicho es indispensable, sin embargo en muchas ocasiones es necesaria una iluminación adicional desde el techo.
Las obras de tamaño grande, esculturas de 0.85-2 m. de altura, “que llegan a tamaños alrededor de la escala humana,” pueden ser colocadas en una mesa de centro, consola, pedestal o en el piso. Estas piezas logran decorar los espacios con más intensidad e impacto y pueden ser para interiores o exteriores. Con ellas se puede jugar con la movilidad o la funcionalidad. La escala de los espacios es determinante, ya que para estas obras requerimos espacios amplios y libres.
Los vestíbulos interiores, corredores y las paredes de los inmuebles son excelentes lugares para situar esculturas medianas o grandes (desde 0.40 a 2 m. de altura). Muchos de los vestíbulos se diseñan para acomodar mesas o consolas laterales y tienen esquinas o vacíos sin tráfico de personas donde una obra de escala humana puede lucirse muy bien. En muchas ocasiones una obra bien iluminada al fondo de un pasillo resaltará a la vista, mientras que una escultura instalada en la pared no deja de ser una excelente opción para decorar estos espacios, en los que la pintura ha ejercido hasta hoy en día su hegemonía. Cualquier escultura se contempla mejor si se ilumina desde arriba, sin embargo es preferible colocar la obra en un lugar que reciba una luz natural indirecta, esto ayudará a tener diferentes matices durante el día e incluso en las distintas estaciones.
De igual manera, cualquier patio, frente de una residencia o edificio corporativo, jardín o plaza, son buenos espacios exteriores para colocar escultura. En este caso nos enfrentamos a ambientes con mucho contraste y para que una obra exterior no se vea minimizada, se debe considerar un formato mínimo de 1/3 de la escala humana, a menos de que la obra se instale en un pequeño e íntimo patio exterior, corredor o atrio. Con piezas medianas se puede hacer uso de pedestales a la medida colocados en grupo o de manera individual.
Un aspecto interesante al colocar obra en exteriores es la alteración de la percepción de la escultura debido al follaje de los árboles, la jardinería, el contraste de luz y sombras generadas por el sol o las nubes. Esto crea nuevas experiencias en cada estación del año. Una pieza con un tema sobre la naturaleza, colocada en una roca sobresaliente, puede sorprender al integrarse al ambiente y pasear por un jardín amplio. Otro aspecto con el que se puede jugar es la capacidad del bronce y del acero inoxidable de reflejar en su superficie pulida el ambiente exterior, lo que permite espectaculares ilusiones ópticas.
La instalación de obras en exteriores dependerá de factores como la ubicación de la pieza, el clima dominante, la topografía del terreno, la circulación y la seguridad del espacio. Normalmente toda escultura de un formato aproximado al natural, se sienta encima de una base de placa de 1/4 » de espesor con o sin agujeros, de esta manera la obra se puede fijar al terreno directamente o sobre una losa o pilote de concreto. La pieza se puede anclar a su base para evitar un posible robo.
Por el otro lado, para los coleccionistas con espacios reducidos y con un fuerte deseo de nutrir su espíritu con escultura, es recomendable el uso de obras con formato pequeño o mediano (desde 0.10 a 0.85 m. de altura), llamadas también “table top sculptures.” Adecuadas para pedestales, consolas, repisas de libreros, mesas de centro, mesas de comedor y nichos pequeños, la escultura de este formato generalmente se dispone junto a otros objetos finos. Las consolas para sofás que tienen alrededor de 90 cm. de altura, son una muy buena opción para colocar obra, de hecho es una altura muy buena para disponer escultura.
Ahora bien, podemos expandir nuestra experiencia con la escultura mediante una comisión o encargo especial al escultor.
Una comisión o encargo especial, le permitirá integrar la obra al sitio y adaptarla a su estilo de vida y gusto particular. Es decir, que se creará una escultura con una expresión propia de su visión y valores personales. Es sencillamente mágico ver una escultura nacer, constatar el proceso creativo y la transformación del diseño a una pieza terminada en bronce!!
Una excelente oportunidad para planear y disponer de los espacios más propios para la escultura, es al momento de remodelar, construir o decorar una residencia o inmueble. Durante estos momentos el escultor puede trabajar en colaboración con el cliente, el arquitecto, el diseñador o el decorador, ya sea para plantear sus sugerencias o para desarrollar un proceso creativo conjunto.
El proceso de creación comienza con un intercambio de conceptos e ideas, el análisis y observación del sitio, la exploración de ideas y la presentación de la propuesta de diseño. Dando lugar a la producción e instalación de la obra.

