Jorge Soto
La semana pasada asistí y participé en un panel en el Google Ideas Summit sobre Redes Ilícitas en Los Angeles. Mi panel en particular fue sobre la libertad de expresión frente al miedo al estar dentro de una red ilícita y cómo la tecnología podría, o no, ayudar a salir o pedir auxilio.
Se me hace muy interesante que una empresa como Google esté entrando de frente a generar éste tipo de conversaciones y eventos, donde personas que han sufrido dentro de una red ilícita (trata, narcotráfico, violencia, esclavitud), instituciones como Interpol, el Departamento de Estado de EEUU, representantes de gobiernos (el secretario de gobierno de México estuvo ahí), empresas de tecnología y geeks en general, compartamos experiencias, ideas, críticas y propuestas.
Las primeras discusiones giraron en torno a si la tecnología tenía un impacto positivo o negativo en nuestras vidas y nuestra seguridad. Se recordó como en los ataques de Mumbai de hace un año los terroristas se estaban enterando por internet y redes sociales sobre los movimientos de la policía y con base en ello actuaban. Algo parecido a los atentados de Munich en los 70s y el broadcast en vivo desde afuera de la sede olímpica.
Sobre si la tecnología nos ha hecho más daño que bienestar o si es más factible a que sea un arma utilizada en nuestra contra, creo que se ejemplificó muy bien con una historia:
Si le preguntas a un padre si puedes fumar mientras rezas seguramente te dirá que no. Si le preguntas si puedes rezar mientras fumas, probablemente dirá que sí.
Es, finalmente, un tema de percepciones.
Lo que vi con decepción es que aún hay empresas de tecnología y geeks que piensan en una solución única y basada en tecnología para resolver éste tipo de problemas. Afortunadamente creo que esa no es la visión de Google y precisamente es el origen del por qué de éstos eventos.
Creo que es demasiado ingenuo pensar que la tecnología es más allá de una herramienta que puede resolver problemas o ayudarnos a comprenderlos, pero no podemos seguir sobre estimando el poder de los mapas, las visualizaciones o los “hot-lines” seguros. Esta visión tan influenciada a veces por el silicon valley o la academia de darles celulares a todos o computadoras y que ya por ese simple hecho la gente va a reportar, comunicarse mejor o aprender mejor creo que debería empezar a caducar y replantearse.
La sociedad moldea a la tecnología pero el uso de la misma es también determinada por las condiciones en que esa sociedad vive. En el norte de México twitter es una gran herramienta para que la gente se alerte sobresituaciones de riesgo, en LA para compartir eventos.
Otra cuestión es que mapas y reportes ciudadanos resuelven los síntomas de un problema pero cómo podemos usar la tecnología para resolver la raíz del problema? Y esa raíz es que los ciudadanos no confiamos en nosotros mismos y tampoco confiamos en nuestros gobiernos. No compartimos experiencias ni lo que hace que sintamos vivas a nuestras ciudades y por ende no hemos podido crear redes fuertes entre la ciudadanía.
En México y otros países las organizaciones criminales han logrado crear redes muy sólidas de pertenencia dentro de las comunidades, muchas de las empresas de medios locales dejan de cubrir la violencia y las condiciones en las que viven por miedo, nuestro presidente firma leyes de censura como el ACTA (que afortunadamente ya fue rechazado por el senado) y veta la ley de víctimas y algunos de nuestros estados proponen las leyes más inverosímiles y retrógradas que se les pudieran ocurrir.
Se siente como si los ciudadanos estamos atrapados, incluso teniendo acceso a cualquier red social y dispositivo de tecnología, atrapados en medio de una espiral de miedo.
En fin, escuchando las desgarradoras historias de algunos asistentes al Google Ideas Summit en superficie parece que todas son muy diferentes pero todas tienen dos problemas en común si las vemos bajo el lente de la tecnología:
1. Cómo incentivamos que la gente se entere, participe, comparta y amplifique los mensajes
2. Cómo se traduce esta participación en confianza, en mayor rendición de cuentas y en resolución de problemas
Es decir, no es un problema de tecnología, es uno de antropología.
Sin embargo, creo que algo donde la tecnología puede ayudar a resolver la raíz del problema es que los ciudadanos compartamos información sobre ¿qué es lo que hace que sintamos viva a nuestra comunidad? ¿Qué es lo positivo sobre el lugar donde vivo?. Si proponemos una solución donde la gente pueda enfocarse y compartir sobre esos aspectos positivos y no sólo en quejarse sobre qué no está funcionando, podemos lograr una comunidad nuevamente de experiencias compartidas. Algo así como la droga de entrada a la participación ciudadana.
