Arq. Abiel Treviño Aldape
Parafraseo como título de esta pequeña disertación, esta sugestiva idea expuesta por el arquitecto Mauricio Rocha en una charla efectuada en la Academia de Arquitectura Capítulo Monterrey, donde amenamente, el conferenciante fue llevándonos de la mano en el proceso de diseño de sus obras escultóricas y arquitectónicas.
Nos reta a jugar (y entender) las preexistencias (arquitectónicas, urbanas, espaciales), tomando como reto dialogar y no confrontar el discurso propio del diseñador con el ya establecido in situ. De “entender el contexto y su circunstancia.” De tener una “postura ética y moral para la ciudad.” Después de todo, la ciudad se construye, se reconstruye, se de-construye y vuelve a reconstruirse sobre si misma.
Esto lo menciona Gonzalo Celorio, citado por Salazar: “La historia de la ciudad de México es la historia de sus sucesivas destrucciones. Así como la ciudad colonial se sobrepuso a la ciudad prehispánica, la que se fue formando en el México independiente acabó con la del virreinato, y la ciudad posrevolucionaria, que se sigue construyendo todavía, arrasó con la del siglo XIX y los primeros años del XX, como si la cultura no fuera cosa de acumulación sino de desplazamiento.”
En el Área Metropolitana de Monterrey, nos hemos dado el ¿lujo?, de arrasar sistemáticamente con la historia urbano-arquitectónica, siempre en aras de estar a la vanguardia de la modernidad: recordemos brevemente la mutilación de la mitad de la entonces Alameda Porfirio Díaz (hoy, Mariano Escobedo) para construir la penitenciara del Estado, a quien también alcanzó en su momento la modernidad. O que decir de la destrucción del Convento y templo de San Francisco, para prolongar una calle del centro; y del que ahora rememoramos gráficamente en el escudo de nuestro Estado, representando la iniciación de la cultura en nuestra región.
El desarrollo no es algo que pueda contenerse; y no todo edificio es digno o merecedor de conservarse (a ultranza). Hay que discriminar con sensatez que es digno de conservarse, de reutilizarse, de reciclarse, de adecuarse a las actividades cambiantes y/o noveles.
Nuestra memoria social construida, abarca(ba) campos tan disímiles como lo religioso y lo industrial, y resaltable como los antiguos barrios tradicionales
El futuro arraiga hoy.
Bibliografía
SALAZAR, Jezreel; 2006; La ciudad como texto: La crónica urbana de Carlos Monsiváis; UANL, Monterrey, N.L.; p. 70.
