Certificar la edad del carbono en el marfil podría ayudar a combatir la caza furtiva

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Natalie Starkey guardian.co.uk (Traducción de Félix Ramos Gamiño)

Fotografía de Bobby Yip
Fotografía de Bobby Yip

De acuerdo a una nueva investigación, los exámenes del siglo XX para calcular la edad del carbono procedente de armas nucleares, podría ayudar a los conservacionistas a detectar marfil ilegal así como cotos de caza furtiva. 

Pese a la prohibición de 1989 de comercializar el marfil, la caza furtiva y la masacre de elefantes sigue siendo moneda corriente en muchas regiones de África, lo que llevó a Barack Obama a disponer de un fondo de diez millones de dólares para entrenar a oficiales de policía y guardias de parques, a fin de combatir el ilegal comercio.

La nueva técnica, conocida como «bomb-curve 14C dating», se aplica al carbono contenido en el colágeno y en el mineral apatita del marfil, a fin de obtener una fecha de la muerte del animal del cual se originó el marfil.

Tal fecha se obtiene gracias al dramático incremento y posterior declinación del 14C -un isótopo del elemento carbono, cuya radioactividad decae con el tiempo- en la atmósfera, desde la década de 1950, relacionado con las pruebas de armas nucleares durante las décadas de 1950.1960.

De igual modo que los anillos del tronco sirven para obtener la edad de los árboles, así los colmillos de los elefantes también crecen en anillos, que registran la composición de carbono en la atmósfera, durante el tiempo en que el animal estaba vivo, y consumía plantas que, durante su crecimiento, habían absorbido carbono atmosférico.

«Hemos desarrollado una herramienta que nos permite determinar la edad de un colmillo o pieza de marfil” dijo el líder del Estudio, Kevin Uno, investigador postdoctoral del Observatorio Terrestre Lamon-Doherty, de la Universidad de Columbia, “y nos dice si fue adquirida legalmente. Nuestro método de datación está al alcance del gobierno y de las agencias de apoyo a la preservación de la ley, y pueden ayudar a poner un freno a la caza furtiva y al comercio ilegal”.

Si, mediante esta técnica, se determina que el marfil confiscado y de origen desconocido, es “moderno” en edad (posterior a 1989), entonces lo más probable es que se haya originado de una fuente ilegal.

Combinado con las técnicas existentes, que pueden señalar la localización geográfica de donde procede el marfil, podría ayudar de mejor manera a dirigir los esfuerzos de conservación en los lugares más afectados por la caza furtiva.

La investigación fue publicada el lunes uno de julio en el periódico Proceedings of the National Academy of Sciences (Actas de la Academia Nacional de Ciencias).

Uno de los principales obstáculos que tuvieron que vencer los investigadores fue el de encontrar marfil de procedencia legal en el cual pudieran aplicar su técnica. Esto implicaba trabajo en equipo con el zoológico de Salt Lake City, y con agencias de Kenya, a fin de obtener marfil de elefantes que habían muerto por causas naturales.

La técnica aplicada por los investigadores -accelerator mass spectrometry- les permitió medir las bajas cantidades de 14C con un alto grado de certeza, a fin de datar el tiempo de muerte de los animales en un lapso de dos a tres años.

Los investigadores dicen que la técnica es rápida, y una muestra es accesible a un costo de 500 dólares, lo que quiere decir que puede ser utilizada fácilmente por los gobiernos y agencias gubernamentales, a fin de localizar las zonas donde aún continúa la caza furtiva. Uno dijo: «Esto no representa mucho dinero, cuando se considera que se trata de una industria de billones de dólares, y que, para las futuras generaciones, el precio de perder a los elefantes sería mucho peor”.

El año pasado, Hilary Clinton habló sobre la participación del crimen organizado en el contrabando del marfil de África a los Estados Unidos, que es el segundo mercado de su tipo en el mundo, después de Asia. En mayo, el príncipe Carlos hizo un llamado a la guerra contra los cazadores furtivos.

Se han exigido leyes aún más severas para ayudar a prevenir la constante caza furtiva de animales salvajes. Los expertos dicen que cada año son masacrados más elefantes que antes de la prohibición de 1989, lo que deja una cantidad estimada en 423,000 elefantes africanos en la selva.

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