Tomado del libro Máquinas Humanas de Anastacia Rivas
“Si yo pudiera regresar al pasado para
respetarte, para amarte, para comprenderte,
con gusto lo haría; si yo pudiera
decirte que todo ha cambiado; que ya los
niños no juegan más con libertad en las
aceras de sus casas; que ya no vamos al
parque a caminar; que me siento perseguido,
amenazado por alguien a quien no
conozco; que ahora que tú ya estás en
paz, la incertidumbre aquí, en este mundo
terrenal, nos hace llorar… Si yo pudiera,
te lo diría, pero ya no estás”.
ARO
Una de las maravillas del cuerpo humano es el cerebro; a través de este extraordinario y complejo órgano, meditamos y construimos ideas que forman nuestros pensamientos. Esas ideas, que día a día afl oran, son las que nos hacen actuar; ideas que, como gotas de agua, se van acumulando, hasta formar riachuelos o profundos y anchos ríos, y con ello vamos entretejiendo nuestras vidas; construimos los puentes para vivir con los demás; hilvanamos con armonía los destellos, primero, y después las acciones mismas, como el estudiar, el trabajar, el hacer ejercicio, el comer; en fin, el cúmulo de experiencias que conforman nuestra existencia, existencia delineada por un órgano extraordinario: el cerebro.
Veamos qué tiene nuestro cerebro, que se percibe como una nuez, en cuyos surcos y hendiduras se almacena la historia de nuestra vida dentro de lo cotidiano, y al amparo de la familia y de la historia de la humanidad; el cerebro, maravilloso e insustituible, que encierra la película de la humanidad y de cada mortal que transita por este espacio terráqueo.
¿Qué es el Cerebro?
A la pregunta de qué es el cerebro, nos responde la Real Academia de la Lengua, al indicarnos que el cerebro es: Uno de los centros nerviosos constitutivos del encéfalo, existente en todos los vertebrados, y situado en la parte anterior y superior de la cavidad craneal.
De esta manera, podemos aseverar que el cerebro humano es el elemento sustantivo del sistema nervioso central. Como motor insustituible, controla el sistema nervioso periférico, y con ello controla todas las actividades del cuerpo humano, desde la digestión, la respiración, los latidos del corazón, y el hecho de caminar y mover los brazos, hasta
los pensamientos más complejos. Toda orden, ya sea automática (como son los latidos del corazón) o voluntaria, como el caminar, comer, saltar, sale del cerebro humano, y por medio de él se procesa.
Imaginemos que, dentro de ese órgano, se encuentra un ente que está al pendiente de todos y cada uno de los movimientos que realizamos; que indica desde el primer minuto de nuestra existencia, y de manera simultánea, los procesos que se realizan en cada uno de los órganos que conforman nuestro organismo; pero que, además, si se encuentra mal, de igual manera se alteran todos esos procesos.
Ninguna otra especie ha llegado a tener un cerebro tan complejo como el del ser humano. Por lo mismo, los humanos nos situamos por encima de toda la cadena alimenticia; es decir, todos formamos parte de un complejo y concatenado
mundo natural, en donde cada especie subsiste en función de otras especies y organismos; el ser humano, gracias al alto grado de razonamiento que puede llegar a tener, evita constituirse en presa y alimento de otras especies naturales.
Los cerebros de los animales comparten, con el nuestro, el hecho de las funciones bajas o automáticas, como el de la respiración, circulación de la sangre, digestión, etc… pero nunca las de alta capacidad, como el pensamiento abstracto o el razonamiento, el tener una memoria compleja, la inteligencia, tener opinión sobre un tema, etc… Esto se debe, principalmente, a que nuestro neocórtex, la pieza más compleja de la corteza cerebral, es muchísimo mayor, que el de los animales.
Se denomina así por ser la capa evolutivamente más moderna del cerebro. Los humanos la tenemos no hace más de un millón de años. Es una fi na corteza que recubre la zona externa del cerebro, y presenta una gran cantidad de surcos; tiene un grosor de unos dos milímetros, y está dividida en seis capas. Si se extendiese, alcanzaría el tamaño de una servilleta, y es ésta la capa que nos proporciona todos nuestros recuerdos, conocimientos, habilidades y experiencia acumulada, gracias a sus 30.000 millones de neuronas.
Esos millones de neuronas se interconectan para que, instantáneamente y ubicados en la sociedad, interactuemos armónicamente; pero la realidad nos demuestra que difícilmente lo estamos haciendo, y esos millones de microcélulas se vuelven lisas, llanas y vacías.
Imaginemos que esta parte tan importante del cerebro se dañara. En un instante perderíamos toda la información; es decir, así como cuando una computadora se daña y perdemos todo lo que hemos elaborado, carpetas y archivos que representan nuestro trabajo, así, al dañarse el neocórtex, perdemos la información de lo que somos.
El neocórtex es la materia roja que circunda la materia azul más profunda del cerebelo. Mientras el neocórtex es liso en las ratas y en algunos otros pequeños mamíferos, tiene profundos surcos y arrugas en los primates y en otros mamíferos. Estos pliegues sirven para aumentar el área del neocórtex. En los humanos, es de aproximadamente el 76% del volumen del cerebro. El neocórtex femenino contiene aproximadamente 19 mil millones de neuronas, mientras el neocórtex del varón contiene 23 mil millones. Se desconoce el efecto, si es que existe alguno, que resulta de esta diferencia.
Podríamos llegar a preguntarnos qué pasaría si el cerebro nuestro fuera igual que el de los gatos, el de los leones o el de los peces. Si así fuera, ni siquiera podríamos hacernos esa pregunta, porque ninguno de esos animales, ni ningún otro, poseen el poder del razonamiento, del análisis crítico y refl exivo. Sin embargo, también podríamos preguntarnos: “si
los seres humanos tienen esa extraordinaria capacidad, entonces ¿porqué están acabando con las selvas, con muchos de los animales y pájaros del universo, por qué se destruyen unos a otros?”
¿No será que realmente esa capacidad se está deteriorando y dará origen a su propia destrucción y de toda la naturaleza?
Evidentemente, las preguntas se hacen porque existen realidades que no podemos esconder. Pero recordemos que la cantidad de conexiones sinápticas que tiene el cerebro humano es de una proporción muchísimo mayor, que la de cualquiera otra especie. El cerebro humano llega a consumir un 20% de la energía que consume un hombre adulto.
En un menor, la proporción es mucho mayor, y puede llegar hasta un 60%. Esto se debe, primordialmente, a que en los menores, el cerebro humano está en pleno desarrollo, por lo que requiere, naturalmente, mayor cantidad de energía.
Este órgano está dividido por una grieta prominente; por lo mismo, siempre se habla del hemisferio izquierdo o hemisferio derecho del cerebro humano. En la parte posterior del cerebro humano, se puede observar el cerebelo. Para su protección, dentro del cráneo, el cerebro se encuentra suspendido en el líquido cerebro-espinal. Este líquido sirve para que el cerebro humano no se golpee fuertemente con las paredes del cráneo, en caso de ocurrir aquello. Por lo mismo, cuando existe un golpe demasiado fuerte en el cráneo, como un traumatismo encéfalo craneano (TEC) cerrado, puede aumentar peligrosamente la presión interior del cráneo, y. contraer las paredes del cerebro humano, con lo cual se pueden producir gravísimas lesiones nerviosas o incluso la muerte cerebral.
Hay unas cuantas ciencias que estudian el cerebro, pero entre las destacadas, podemos señalar la neurología y la psiquiatría. La primera observa todo el proceso neurológico y biológico. Es ella la indicada para diagnosticar cualquier patología en el cerebro humano, al igual que realizar alguna operación, si es que el caso lo amerita. Por otra parte, la
psiquiatría estudia las zonas intrincadas del cerebro humano; las emociones, los sentimientos, los miedos, todo aquello que puede llegar a perturbar la psiquis de una persona.” Tomado de Mis respuestas.com
Siguiendo la información de las ciencias mencionadas, encontramos que es el mismo ser humano quien, a través de los años y a partir de su permanente cuestionamiento de quién es y cómo fue creado tan maravillosamente, se adentró en el estudio de cada una de las partes del cuerpo humano y en particular de la asombrosa estructura y funcionamiento
del cerebro; sin embargo, aún quedan muchísimas preguntas sin responder, como el hecho simple y llano de las señales que envía el cerebro, para que sólo algunos puedan escribir con la mano izquierda, y que la gran mayoría lo haga con la mano derecha; igualmente, cómo es que algunos bailan siguiendo el compás y ritmo de la música, y otros se
ven incapaces de hacerlo, porque las señales que reciben para integrar la coordinación audio motora no son las apropiadas, lo que origina la llamada “disintonía motriz”.
En este sentido, resulta importante recordar que en el cerebro se encuentran dos áreas visiblemente identifi cadas como hemisferio cerebral izquierdo y hemisferio cerebral derecho, y considerando que sólo áreas exclusivas creadas para su estudio pueden darnos cuenta de estos dos espacios cerebrales, recurrimos a fuentes directas para presentar la siguiente información, que, de paso, puedo expresarles que es fácil de comprender y útil para todos.
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