Jorge Pedraza
Un médico es un ser excepcional. Además de dedicar años al estudio, la investigación y la práctica, está dispuesto a consagrar su vida entera al cuidado de los demás. Para ello, permanentemente continua estudiando y perfeccionándose durante toda su existencia. Un buen médico no repara en horarios ni honorarios. Sea la hora que sea, de día o de noche y sin importar las condiciones climatológicas, el médico acude a prestar sus servicios, pues sabe que en sus manos está algo muy importante: la vida de los seres humanos. La vida de los médicos es una vida de entrega a su profesión.
A través de la historia, es posible encontrar casos ejemplares de médicos que han dignificado esta profesión. En la antigüedad figuran célebres médicos, como Hipócrates y Galeno. Los dos tenían un elevado concepto de su misión. Durante años, los jóvenes médicos han pronunciado el «juramento de Hipócrates» al iniciarse en el ejercicio de la medicina.
EL JURAMENTO DE HIPÓCRATES
Entre sus principales mandatos, el juramento de Hipócrates establece:
*Fijaré el régimen de los enfermos del modo que le sea más conveniente, según mis facultades y mi conocimiento, evitando todo mal e injusticia.
*No me avendré a pretensiones que afecten a la administración de venenos, ni persuadiré a persona alguna con sugestiones de esa especie; me abstendré igualmente de suministrar a mujeres embarazadas pesarios o abortivos.
* Cuando entre en una casa no llevaré otro propósito que el bien y la salud de los enfermos, cuidando mucho de no cometer intencionalmente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitando principalmente la seducción de las mujeres jóvenes, libres o esclavas.
* Guardaré reserva acerca de lo que oiga o vea en la sociedad y no será preciso que se divulgue, sea o no del dominio de mi profesión, considerando el ser discreto como un deber en semejantes casos.
* Si observo con fidelidad mi juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte adversa.
Este es un juramento que enaltece a la profesión y que dignifica a quienes cumplen con sus mandatos.
Por otra parte, a Galeno se le considera como el creador de la medicina experimental. Como médico de los gladiadores romanos, analizó heridas y fracturas y avanzó en el estudio de la anatomía y en la práctica de la cirugía. Hipócrates es el precursor de la medicina moderna, pero –sobre todo– es ejemplo de dedicación y honestidad.
En los tiempos modernos, también hay médicos ejemplares: William Harvey, descubrió la circulación de la sangre; Iván Petrovich Pavlov, estudió los reflejos condicionados de los seres vivos; Alexander Fleming, descubrió las propiedades de la penicilina; Edward Jenner, descubrió la vacuna contra la viruela; Robert Koch, descubrió, aisló y estudió el bacilo de la tuberculosis.
Y así podemos seguir mencionando a otros científicos que se han entregado a la investigación, como Luis Pasteur, Albert Scweitzer, René Thèophile Hyacinthe Laennec, John Dalton y muchos más.
EL EJEMPLO DE GONZALITOS
En la región tenemos también casos de médicos que han entregado su vida al servicio de los demás. Para muestra basta un botón: está el ejemplo del doctor José Eleuterio González, a quien los regiomontanos le llamaban –y le llaman– cariñosamente «Gonzalitos». Gonzalitos fue un hombre de amplia cultura y prodigiosa memoria. Como médico fue admirable. Lo que menos le importaba eran los honorarios y se limitaba a recibir regalos o donativos voluntarios de sus clientes agradecidos.
Fue médico y maestro por vocación, estableció la Escuela de Medicina y el Hospital Civil de Monterrey, así como la Escuela Normal del Estado. Aunque nació en Guadalajara, Jalisco, el 20 de febrero de l8l3 –en este año se cumple el Bicentenario–, se le considera regiomontano, pues fue en esta ciudad en donde pasó la mayor parte de su vida y aquí llevó a cabo su humanitaria labor.
Este noble sabio y hombre de ciencia, fungió en dos ocasiones como Gobernador interino del Estado. Aprovechando las facultades de su alto cargo, decretó el 25 de noviembre la creación de la Escuela Normal del Estado. Gonzalitos estaba plenamente convencido de que la educación y la salud, son valores fundamentales del ser humano. Otra de sus obras fue el Hospital Civil de Monterrey. Abrió su servicio al público el dos de mayo de l860 y continuó edificándose gracias a donativos particulares y a funciones de teatro, para tal fin. Era un gran médico. Lo mismo atendía a doña Margarita Maza de Juárez, esposa del Presidente Juárez –durante su estancia en Monterrey en l864–, que a las familias más humildes.
Investigador acucioso, Gonzalitos fue también un escritor prolífico y son numerosos los libros que nos legó, tanto en el campo de la Medicina como en el de la Historia, además de una serie de discursos didácticos. Fue Magistrado del Tribunal de Justicia en Nuevo León. También ocupó el cargo de diputado
Gonzalitos fue considerado uno de los mejores médicos de su tiempo en México y ejerció su profesión durante 53 años, con la particularidad de que nunca fue el aspecto económico lo que lo movió a prestar sus servicios.
Los pocos bienes que dejó al momento de su muerte, procedían de donaciones que le hacían algunas personas pudientes, y que destinaba a la reconstrucción de la Parroquia en Villa de García, y otras obras de beneficio social.
BENEMÉRITO DE NUEVO LEÓN
En agradecimiento a todo lo que hizo por nuestro Estado, la Legislatura le otorgó en 1867 el título de Benemérito de Nuevo León, mismo que le fue ratificado en 1873, “como protector de la juventud y benefactor de la humanidad”. Aún en vida, le fue impuesto su nombre al municipio de Dr. González.
Su existencia fue entrega continua al servicio de sus semejantes, entrega que no interrumpió su muerte, que lo sorprendió el 4 de abril de 1888 No conforme con dedicar su vida al servicio de los demás, Gonzalitos dejó en la cláusula sexta de su testamento, estas palabras: «Es mi voluntad que se venda la casa que tengo en la calle de Morelos, frente al Palacio de Gobierno –se refiere al Palacio anterior–, y que se destine su producto, por mitad al Hospital Civil y a la Escuela de Medicina».
Esta fue su herencia material, pero su legado espiritual es mayor, mucho mayor. Por eso su nombre se repite con veneración de generación en generación. Lo hemos querido recordar precisamente hoy, en ocasión de celebrarse el Día del Médico. ¡Felicidades!

