Jorge Pedraza

Cada 20 de Noviembre, en mi pueblo se conmemora la Revolución Mexicana iniciada en 1910.
En esa misma fecha se celebra la fundación de Los Herreras, Nuevo León, que nació también un 20 de noviembre, en el año de 1874.
Así es que en esta ocasión se celebra el 139 aniversario de Los Herreras.
Los Herreras, en Nuevo León, es un municipio que se encuentra a 120 kilómetros de una de las ciudades más importantes de México, Monterrey, y a una distancia similar de la frontera de los Estados Unidos de América.
En este municipio ocurre lo mismo que en otros pueblos del norte de México. Ante las reducidas expectativas de crecimiento y de desarrollo, muchos de sus habitantes se ven en la necesidad de emigrar en busca de mejores condiciones de vida.
Tal vez haya quien diga que Los Herreras es un pueblo pequeño. Sin embargo, para sus hijos es lo máximo.
Eulalio González “Piporro” llegó a decir que Los Herreras es tan grande como Paris o Nueva York, sólo que un poco menos poblado.
Para este popular actor, compositor y cantante cuyas canciones y películas trascendieron las fronteras de México, Los Herreras –su tierra natal— fue la antigua Capital de Grecia.
Y el Ing. Raúl Chapa Zárate, quien fuera Director Federal de Tránsito en el país, lo llamó “florido valle y futuro puerto de mar”.
El maestro Ernesto Guajardo Salinas, quien llegó a ser Director de Educación Primaria en el país durante dos sexenios, también era de Los Herreras y cada vez que podía regresaba a su tierra.
Lo mismo sucedía con el Dr. Juventino González Benavides, quien nació en San Vicente una hermosa comunidad de Los Herreras.
El fue un destacado dermatólogo que combatió con éxito la lepra y fue Director de la Facultad de Medicina y del Hospital Universitario “Dr.
José Eleuterio González”. También fue alcalde de Monterrey.
Y así les puedo seguir enumerando a una serie de personajes. Al igual que el doctor Juventino, el señor Félix González –también de Los Herreras– fue alcalde de Monterrey cuando se realizó en la Sultana del Norte la entrevista de los Presidentes Manuel Ávila Camacho y Franklin D. Roosevelt.
El Dr. Eloy Ábrego Salinas, uno de los médicos nacidos en Los Herreras, fue Alcalde suplente de Monterrey y Diputado, así como líder estatal del PRI.
Otro médico distinguido es el doctor Héctor Salinas, inventor del Forceps Salinas.
Otras poblaciones como Los Ramones, N.L., Río Bravo, Tamaulipas y Laredo, Texas, han tenido alcaldes con raíces en Los Herreras.
Y si de raíces se trata, ahí las tienen también la escritora Carmen Alardín y la pintora Martha Chapa.
Mujeres inteligentes y hermosas ha tenido –y tiene— Los Herreras. Una de ellas es la famosa y legendaria Tía Melchora Salinas, quien merece un capítulo aparte por sus anécdotas.
Fueron muchos los detalles chuscos, ingeniosos, pintorescos y folklóricos que ocurrieron a la Tía Melchora, a lo largo de sus 88 años de vida.
Cuentan que en una ocasión llegó a la ciudad de Monterrey, con el propósito de retirar determinada cantidad de dinero que había depositado en un banco de la localidad.
El empleado de la ventanilla se puso a dar lectura en voz alta a la cuenta bancaria de doña Melchora Salinas (su nombre de pila), y cuando mencionó el Debe y el Haber, la pintoresca dama exclamó: – ¿Cómo que debe de haber, desdichado, si hace un mes que lo dejé aquí?
Veamos por ahora otras damas. El Lic. Arturo B. de la Garza, quien habría de llegar a ser Gobernador de Nuevo León, se enamoró de una de ellas, la Sra. Morena González, y además de hacerla su esposa y madre de sus hijos, la hizo Primera Dama del Estado.
Años después, un hijo del Gobernador De la Garza, el prominente ganadero y político Arturo de la Garza González, se enamoró de otra hermosa herrerense, María de la Luz Tijerina, con quien contrajo nupcias y formó una sólida familia.
De ahí es además el Premio Nacional de Economía, Lic. Eliézer Tijerina. En fin, la lista de herrerenses distinguidos es muy amplia.
Este pueblo está orgulloso de ellos y ellos también de su tierra. Eso es natural. Sólo un ingrato puede renegar de su terruño.
Uno de esos personajes es el popular actor, compositor y cantante Eulalio González, El Piporro.
A propósito de la Tía Melchora, Lalo acostumbraba contar con mucha gracia la siguiente anécdota:
Dos agentes viajeros, representantes de algunas empresas de Monterrey, llegaron a la fonda de la tía.
Y sucedió el siguiente dialogo:
Pretendemos mi compañero y yo, aunque representamos a dos negociaciones distintas –uno al Centro Mercantil y otro a la Casa Holck– que se nos proporcione cuarto y comida para dos que ocuparemos un sólo cuarto, esperando por tal motivo, se nos dé un buen precio a fin de que nuestro presupuesto para gastos alcance para sufragar el costo de nuestra estancia– dijo rebuscadamente uno de los vendedores a nombre de ambos.
A la Tía, aunque le chocó la soflamería del agente viajero, no dejó de hacerles un buen trato:
– Pues que sean 5 pesos por cada uno… nomás díganme lo que quieren comer, pa’ no errarle.
– Al despuntar el alba, cuando nos dispongamos a emprender nuestra labor de convencimiento y colocación de nuestros productos entre los posibles clientes de la región –dijo el hablantín– que se nos tenga preparada una jarra grande de jugo de naranja que haya estado desde el anochecer en el refrigerador.
– Sí… hijito –nomás decía la tía Melchora.
–También una jarra de café bien caliente –agregó el compañero que casi no hablaba.
– Desde luego, eso es de rigor, –continuó el primero– y para desayunar, machacado con huevo o huevo con chorizo o en su defecto ambas cosas, con un altero de tortillas de harina o en su defecto de maíz, aunque sería prudente que las hubiera de unas y de otras, frijoles refritos con queso espolvoreado encima y como postre algunas empanadas de calabaza, u hojarascas o turcos, aunque sería de desearse que hubiera de todo para poder escoger; para la comida, desde el momento en que salgamos al desempeño de nuestra difícil tarea, que se ponga un cartón de cerveza en el refrigerador para que cuando lleguemos estén perladas, sudando de frías y nos permita mitigar los efectos del calor.
Como principio de nuestra segunda comida, algún caldo con los ingredientes típicos del cocido norteño, verduras esterilizadas sin faltar el elote y desde luego los trozos de chamberete en abundante ración, después un arroz amarillo sazonado con azafrán y por supuesto con chícharos y menudos trozos de zanahoria…
– Ajá… –casi por inercia exclamaba la dueña del mesón.
– Yo quisiera un par de huevos estrellados sobre el arroz –expresó tímidamente el otro agente.
– Ah… como no… cuente con ello compañero, y como de ver dan ganas, a mí también que se me den de igual forma; luego, como plato siguiente, cabrito, o en su defecto agujas, cortadillo o fritada, o para no quedarnos con hambre sería mejor que trajera de todo en generosas raciones, sin faltar los frijoles a la charra y de postre con el café, jamoncillos o calabazates para quitarnos el sabor de la comida… Para la cena…
Ya no alcanzó el agente viajero a especificar el menú para la cena, pues la tía lo atajó con esto:
– Noooo… ¡desde el jugo ya los mandé mucho a Chin…a, Nuevo León…!
Son numerosas las anécdotas de la tía Melchora, como las de otros herrerenses, que esperamos poder contarles en una nueva ocasión porque por ahora se nos agotó el espacio.

