Juan Roberto Zavala
Como una contribución a REPORTE CIENCIA UANL, el excelente historiador Israel Cavazos Garza nos platicó una versión que, a través de las generaciones, se ha venido transmitiendo oralmente en su familia respecto a un suceso acaecido en un mesón, que a fines del Siglo XIX existió en el entonces barrio “El Caracol”, ahora colonia Caracol, ubicado al sur de la ciudad de Monterrey.
Este establecimiento, propiedad de su bisabuelo materno Don Ramón Garza Rodríguez, servía de hospedaje, muy especialmente a carreteros y arrieros, que con sus carretones y recuas de mulas, constantemente transportaban mercaderías a esta ciudad.
Como los viajeros generalmente permanecían varios días en Monterrey y no habiendo entonces los adelantos y lugares de diversión que hoy existen, Benita, la bella y alegre hija de Don Ramón, que era una enamorada de los libros y lectora incansable, tal vez por un ideal semejante al de la ilustración, diariamente les leía novelas, poemas y pasajes de historia. Era una consumada lectora.
Como se sabe, un lector es alguien que lee en voz alta, para sí mismo o para otros. No importa dónde lo haga, en un tren, en el campo, en la cocina, en el excusado o inodoro, o en un restaurante o como antaño en algunos países, en las fábricas, donde los sindicatos o los propios empleados pagaban a personas para que les leyeran libros o periódicos, mientras realizaban su trabajo.
Lo importante entonces, para ella, era leer e introducir a aquellos arrieros y carretoneros, huéspedes del mesón, en los libros, para que aprendieran y compartieran las emociones y el pensamiento de los autores.
Sucedió que un día de 1893, un grupo de huéspedes, fuera de la hora en que normalmente lo hacía, fueron a pedirle que les leyera algo, por lo que Benita fue a sacar el libro de un baúl, o castaña como entonces se les decía, donde los tenía.
Pero al levantar la tapa, y sin darse cuenta de que alguien la había colocado ahí, tapada con un pedazo de tela, se cayó una pistola y al dispararse, la bala le entró por la garganta; cayendo de rodillas al piso, donde perdió la vida.
Este corto relato, transmitido a través de generaciones de nuevoleoneses, es una brevísima representación del hombre, de la vida y de la muerte.
