Jorge Pedraza Salinas
Uno de nuestros personajes más originales es Fray Servando Teresa de Mier, Noriega y Guerra. Original es su vida y también su muerte. Ayer se conmemoró su 186 aniversario luctuoso y este año se ha celebrado también el 250 aniversario de su natalicio. Fue único por todo lo que hizo y por todas sus fugas. Sin embargo y a pesar de todos sus sufrimientos, cárceles y destierros, el Padre Mier corrió con mejor suerte que Hidalgo, Allende y Morelos, pues él tuvo oportunidad de ver realizado el sueño de una Patria libre e independiente.
En caminos, prisiones y destierros, Fray Servando fue tejiendo su vida. Mientras, la Patria buscaba la definición de su destino. Sus detractores lo injuriaron y encarcelaron; buscaban acallar su voz. Más todo fue en vano; no hubo encierro capaz de detenerlo. Su pensamiento viajó por mares y continentes. Y aun después de muerto, sigue luchando. Incluso, ha logrado inscribir su nombre con letras de oro en el muro de honor de la Cámara de Diputados.
SU FUGA HACIA LA ETERNIDAD
El Padre Mier consiguió burlar a sus enemigos y realizar su escape más espectacular: la fuga hacia la eternidad. Personaje real, capaz de inspirar novelas y poemas. Fray Servando Teresa de Mier y Noriega y Guerra es uno de nuestros más grandes hombres. Fray Servando Teresa de Mier ha inspirado a diversos autores. Logró inspirar al cubano Reinaldo Arenas, quien escribió una novela que lleva como título “El mundo alucinante”. En esa obra emerge como un personaje cándido, pícaro, aventurero y exaltado; un célebre personaje histórico convertido para la ficción en protagonista de esta novela. Sus ideas poco ortodoxas le llevaron a la cárcel, al destierro y a la fuga. «No en vano», señala su editorial, «trascendiendo la simple biografía, y haciendo una pirueta literaria en la mejor tradición del barroco cubano, Reinaldo Arenas va tejiendo en “El mundo alucinante”, una auténtica novela de aventuras, como él mismo la subtitula, hasta otorgarle una dimensión fabulosa, casi mítica. Fray Servando Teresa de Mier es la figura nuevoleonesa de mayor relieve en la Independencia. Se ufanaba de ser descendiente de los marqueses de Altamira, por la línea paterna, y de los primeros pobladores de Nuevo León, por la materna. En sus días de mayor euforia nacionalista llegó a decir que era descendiente de Moctezuma.
JAMÁS CONSIGUIERON ENCARCELAR SUS IDEAS
Sus ideas le ocasionaron una serie de problemas que lo llevaron a constantes destierros y a múltiples prisiones. Sin embargo, nunca se dio por vencido. Se le privó de su libertad y de sus títulos, pero jamás consiguieron encarcelar su pensamiento.
Recorrió distintos caminos en México, en los Estados Unidos y en Europa. Cada vez que caía se volvía a levantar. El tiempo que pasó en cautiverio, lo dedicó a escribir. Su obra escrita es sumamente importante, tanto en el aspecto histórico como en el literario. En las páginas de sus Memorias, en los textos de sus discursos, en sus poemas, en sus defensas en los procesos que se le siguieron, en sus cartas, hay de todo y todo es interesante.
En los combates que le tocó librar utilizó sólo la palabra y la inteligencia. Pero no descansó un instante de su vida para hacer de México un país libre y soberano. Tuvo la suerte que no disfrutaron Hidalgo y Morelos, de ver la consumación de la Independencia.
Su vida se transforma a partir del 12 de diciembre de 1794, cuando pronuncia el sermón en torno a la Virgen de Guadalupe en el Santuario del Tepeyac, en la ciudad de México. Es en ese instante cuando se inician los sufrimientos del Padre Mier, los cuales lo habrían de acompañar permanentemente.
EL PERSONAJE MÁS POPULAR
Pero no todo fue tristeza en su vida. Liberada ya la Patria de los españoles, gozó del apoyo del primer Presidente de la República, Guadalupe Victoria, así como del Vicepresidente, Nicolás Bravo. Incluso vivió en el Palacio Nacional hasta el momento de su muerte. Sus últimos años fueron de descanso y tranquilidad, que vivió en constante relación con los personajes más destacados de la república. Se dice que llegó a ser el personaje más popular de México en ese tiempo. Todo fue novelesco y fantástico en su vida. Protegido por el presidente Guadalupe Victoria pasó el padre Mier sus últimos años en una habitación del Palacio Nacional. Presintiendo el fin preparó —al decir de Valle Arizpe— «su última fuga».
Personalmente salió en carretela a convidar a sus amigos a la ceremonia en la que habría de recibir los últimos auxilios. La procesión con el Sagrado Viático salió de la iglesia de la Santa Veracruz, frente a la Alameda. El gentío era inmenso: las corporaciones civiles, las Comunidades religiosas y el pueblo. El presidente costeó la cera y asistieron numerosas bandas militares. Su amigo, y casi paisano, Ramos Arizpe, le administró el Viático.
En esa ceremonia de sus últimos auxilios espirituales, dijo el padre Mier «cuatro palabras». En ellas explicó no ser apóstata ni centralista; dijo no vivir en el claustro por haberse secularizado; que no celebraba misa por el impedimento de su brazo derecho destrozado; se pronunció contra las actividades políticas ocultas y justificó su postura en cuanto al sistema que convenía al país.
DESAPARECEN SUS RESTOS
Murió el tres de diciembre de 1827, a las 17.30 horas. Tenía entonces 64 años de edad. No obstante su secularización fue sepultado en el convento de Santo Domingo. En 1861, al ser abierta una calle, fueron descubiertas varias momias. Alguien las adquirió y las llevó a exhibir a Europa, con rótulos alusivos a la Inquisición. Se dice también que fueron llevadas a Buenos Aires. Entre estas momias iba la de Fray Servando. Ontañón, uno de sus biógrafos, ha observado que en el hallazgo de Santo Domingo unas momias fueron encontradas de rodillas, sentadas o en contorsiones dramáticas. La de Fray Servando —dice— fue hallada de pie y «asomaba alta y enhiesta […] con su mejor aire espectacular».
Fueron grandes los honores que se le tributaron y a su entierro asistieron numerosas personas. Sus restos fueron sepultados en el Convento de Santo Domingo, en donde permanecieron hasta el año de 1842, en que de nuevo habrá de emprender otra fuga.
Al ser sacado de la tumba se le encontró momificado y fue colocado junto a otras momias. De las 13 momias que había en ese lugar, cuatro fueron llevadas a Buenos Aires, pues en ese lugar era muy conocida y se le deseaba honrar, aunque existen versiones de que fue entregada a un circo que después fue a Bélgica. Lo cierto es que desconoce el lugar en donde quedaron sus restos.
Alfonso Reyes nos dice que “su tierra natal no ha producido personaje más notable” Fray Servando llena un importante capítulo de nuestra historia; admirado y venerado por muchos, cuestionado por otros, continúa en pie de lucha aun en esta época, pues su vida y su propósito político todavía son ejemplo para las nuevas generaciones. Su figura, llena de personalidad y heroísmo, es ya patrimonio del pueblo mexicano.
