Jorge Pedraza Salinas
Abogado. Maestro. Historiador. Periodista. Promotor Cultural. Escritor. Premio Nacional «Alfonso Reyes». Premio Literario Nezahualcóyotl. Medalla al Mérito Cívico Presea Estado de Nuevo León. Medalla «Diego de Montemayor». Autor de más de una veintena de libros.

Ignacio Manuel Altamirano murió un 13 de febrero, en el año de 1893, lejos de su Patria. Había nacido en Tixtla, Guerrero, de padres indígenas que no sabían el español. La muerte lo sorprendió en San Remo, Italia. Hay una anécdota que recuerda que siendo indígena, Altamirano llegó a dominar varios idiomas y hubo una ocasión en que representó a México ante cuerpos diplomáticos en Francia que lo vieron con burla pensando que sería capaz de dirigirse a ellos. Sin embargo, al tocarle el turno de hacer uso de la palabra, los impactó al preguntarles en qué idioma querían que les hablara. Altamirano era un poliglota y les demostró que no hay que juzgar a un ser humano por las apariencias.
Ignacio Altamirano fue un guerrerense ilustre de cuna muy humilde que progreso por meritos propios. En todas sus obras, hay un elemento característico: su gran amor por México. Era la suya una personalidad polifacética: fue soldado, abogado, maestro, periodista y destacado escritor. Durante ocho años fue Presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.
Es autor de obras, como “Navidad en las Montañas”, “Clemencia”, “El Zarco”, “Discursos y Brindis”, así como una gran cantidad de narraciones sobre México y desde luego, sobre su natal estado de Guerrero
México recuerda, este 13 de febrero, el 121 aniversario de la muerte del escritor Ignacio Manuel Altamirano. Altamirano es considerado como la figura literaria de mayor relieve de su tiempo, tanto por su obra personal como por la influencia que ejerció en los escritores jóvenes. Supo orientar nuestra literatura hacia la afirmación de los valores nacionales, sin olvidar el conocimiento de la literatura universal.
Discípulo de Ignacio Ramírez, Altamirano estuvo al servicio de la educación y las letras. Dentro de la literatura, manejó la poesía, la novela, la historia, la crítica, el periodismo. Los temas amorosos, las descripciones y las cuestiones patrióticas están presentes en su obra. “La Navidad en las montañas”, la más leída de sus novelas, pero importantes son también “Clemencia” y “El Zarco”.
Escritor, periodista, historiador, maestro, político, abogado y diplomático mexicano considerado el padre de la literatura mexicana y la figura literaria más relevante de su tiempo, Altamirano nace el 13 de noviembre de 1834 en Tixtla, Guerrero y muere el 13 de febrero de 1893, en el año de 1893, en San Remo, Italia. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres de la ciudad de México y su nombre figura en letras de oro en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.,
QUIÉN ERA ALTAMIRANO
Hijo de padres indígenas que no sabían el español, Altamirano llegó a ser uno de los más grandes escritores mexicanos. Manuel Gutiérrez Nájera lo llamó el Presidente de la República de las Letras de México.
Ignacio Manuel Altamirano nace en el seno de una familia de raza indígena. Su padre, Francisco Altamirano y su madre, Gertrudis Basilio, ambos eran indios puros que tomaron el apellido de un español que bautizó a sus ancestros.
En 1848 su padre es nombrado alcalde de Tixtla y un año después gana una beca para estudiar en el Instituto Literario de Toluca, donde conoce a quien sería una de las grandes influencias de su vida, el intelectual y librepensador Ignacio Ramírez.
Finalizada su educación inicial, estudió leyes en el Colegio de San Juan de Letrán al tiempo que trabajaba como docente enseñando francés en una escuela particular. En 1854, Ignacio Manuel Altamirano interrumpió sus estudios para adherirse a la Revolución de Ayutla, para derrocar al dictador Santa Anna y tiempo después participó en la Guerra de Reforma (1857), que inició la división ideológica del siglo XIX, entre conservadores y liberales.
Concluido el periodo de conflictos militares, se dedicó a la docencia, trabajando como maestro en la Escuela Nacional Preparatoria, en la de Escuela Superior de Comercio y Administración y en la Escuela Nacional de Maestros. Tanto la Secretaría de Educación, como la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística otorgan la Medalla Altamirano a maestros e historiadores con una amplia trayectoria.
Junto a Gonzalo Esteva fundó la revista literaria «El Renacimiento» (1859) y con Guillermo Prieto e Ignacio Ramírez el «Correo de México» (1867), además de «El Federalista» (1871), «La Tribuna» (1880) y «La República» (1880).
Se desempeñó como diputado en el Congreso de la Unión en tres períodos, además de ser Procurador General de la República, fiscal, magistrado y presidente de la Suprema Corte, así como oficial mayor del Ministerio de Fomento. Ignacio Manuel Altamirano también trabajó en el servicio diplomático mexicano, desempeñándose como cónsul en Barcelona (España) y París (Francia). Se encontraba en Europa, cuando falleció en una misión diplomática en San Remo (Italia).
EN LAS ARMAS Y EN LAS LETRAS
Pero no sólo a las letras se dedicó Ignacio Manuel Altamirano. También empuñó las armas. Se recibió de abogado y se adhirió al Plan de Ayutla. A mediados del siglo XIX, toma las armas en la guerra de Reforma y contra los franceses y contra Maximiliano, en el sitio de Querétaro en 1867.
Al restaurarse la República funda y edita una revista mítica, El Renacimiento, que solamente circula un año pero que habrá de calar muy hondo en la conciencia de los escritores mexicanos de fines de siglo. Otro grande de la literatura, Manuel Gutiérrez Nájera, lo declara «el presidente de la república de las letras» en México. El recientemente fallecido José Emilio Pacheco escribió de Altamirano: «Pese a sus conocimientos literarios y a su constante actividad de cronista, es menos un crítico que un gran alentador de vocaciones».
Reabre el Liceo Hidalgo en la Ciudad de México. Entra en el servicio consular mexicano en tiempos ya de don Porfirio. Vive en Barcelona, en París y muere muy lejos de su tierra natal, en San Remo. Muchos críticos consideran “La Navidad en las Montañas”, como su mejor obra. Otros creen que sus dos novelas largas, “Clemencia” y “El Zarco” son lo mejor de su producción. Sin embargo, todos concuerdan en que hay que leerlo como a un «clásico».
ALGUNAS DE SUS FRASES
A continuación, algunas frases para recordar de Altamirano:
DESPRECIO.- El mayor castigo que puede imponerse a la envidia es el desprecio. Hacerle caso es permitirle saborear un síntoma de victoria.
HISTORIA.- Creer uno que sabe Historia porque la conoce en los compendios, es querer formarse idea de la grandeza del mar, al comer una ostra.
INDEPENDENCIA.- En las guerras de Independencia, la fe es lo primero, pero la acción es lo que hace útil la fe. Sin ella, esta virtud no vale nada.
ENVIDIA.- La envidia es el cáncer del talento. No tener envidia es un privilegio de salud que debe agradecerse a los dioses más que la salud física.
MÉRITO.- Confesar el mérito de otro es probar que uno lo tiene. Negarlo injustamente, prueba que no pudiendo uno elevarse, pugna por poner a todo el mundo a su nivel.
PODER.- Para trepar sobre una roca, el reptil se arrastra; el león da un salto. Para llegar al poder, el hombre reptil comienza por humillarse; el hombre león comienza por ser altivo.
FIDELIDAD.- La fidelidad y la gratitud son dos flores raras que se encuentran difícilmente. Sólo Dios se encarga de su cultivo; los jardineros no logran generalmente producir más que una falsificación de ellas. A veces se les confunde, por lo cual es preciso conocerlas bien. En esto se lleva el peligro que con las setas, cuando no se distingue cuales son las buenas y cuales las venenosas.
ESCRITOR.-El escritor público, en cambio de sus triunfos, tiene mil pequeñas penas. El ignorante pretencioso, ese escarabajo de la literatura, lo mancha con su inmunda sátira, el patán no lo entiende, la dama sólo torna sus artículos para hacer moldes o para guardar especias, el mandarín le jura odio eterno, el corchete lo ve como cosa suya, la cárcel o el destierro lo amenazan, los tontos le roban sus pensamientos y esto es lo peor.
