Jorge Pedraza Salinas
Este 31 de marzo se recuerda el centenario del natalicio del escritor Octavio Paz. Con tal motivo, la Universidad Autónoma de Nuevo León le dedicó su Feria del Libro, la cual se realizó hace unos días en el Colegio Civil. Agradecemos a los organizadores su invitación para participar en la misma. En el presídium nos acompañaron el Dr. Celso José Garza Acuña, Director de Publicaciones de la UANL y la M.C. Sandra Elizabeth del Río, Directora de la Preparatoria 16, así como el M.I.E. Ernesto Castillo, Editor responsable.
Hablemos del Premio Nobel de Literatura 1990. Aunque amaba la vida, Octavio Paz nunca tuvo miedo a morir. “Es maravilloso”, dijo en una ocasión, “estar vivo, viendo de cara a la muerte”. Sostuvo siempre que la misión del poeta -como lo era él– es cantar a la vida, y que le gustaría morir escribiendo poemas, porque la poesía es la celebración del mundo.
Para Paz, cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Todavía en vísperas de su muerte, acaecida el 19 de abril de 1998, a sus 84 años -había nacido el 31 de marzo de 1914- el Premio Nobel de Literatura mexicano sostenía que había escrito todo lo que había querido, aunque eso no significaba que hubiera agotado los temas, pues siempre queda algo por decir y por escribir.
De él se ha dicho que ha sido el más grande pensador y poeta mexicano, sin detrimento de otros destacados representantes de la literatura nacional, tanto contemporáneos como de épocas ya idas. Hay quienes lo definen como el intelectual fundamental de la literatura mexicana contemporánea y, a partir de México, latinoamericano y universal. Octavio Paz es un humanista que ha guiado en aspectos muy importantes la vida de México y ha tenido influencias determinantes en la cultura universal, fundamentalmente la mexicana.
Octavio Paz nació en la ciudad de México, el 31 de marzo de 1914. El próximo sábado se cumplen 98 años. Su abuelo paterno, Irineo Paz, que era un intelectual liberal y masón, influyó de manera determinante en la inclinación de Octavio hacia las letras, ya que en su biblioteca éste leyó obras de diversos autores.
Su padre, llamado también Octavio, fue un periodista revolucionario que simpatizaba con las ideas de Emiliano Zapata, y de hecho se unió a su movimiento, lo que le valió ir al exilio en Los Ángeles, con su mujer y el pequeño hijo de ambos.
Una vez que la familia estuvo de regreso en México, Paz ingresó en 1931 a la Escuela Nacional Preparatoria. Fue la época en que, a los 17 años y en unión de otros jóvenes inquietos, entre ellos el nuevoleonés José Alvarado, dio a la luz pública su primera revista: Barandal. Ese mismo año apareció su primer poema “Cabellera”, en el periódico El Nacional.
Entre 1933 y 1934 publicó, también con esos jóvenes, la revista Cuadernos del Valle de México. Su primer libro de poemas, Luna Silvestre, apareció en 1933. Fue el de 1934 un año muy difícil para el joven Paz, señalado lúgubremente por la muerte de su padre, bajo las ruedas de un tren. Lo recordó en forma escueta: “una tarde recogimos sus restos”.
En 1937, abandonó los estudios de derecho que había iniciado, y se trasladó a Yucatán, donde fundó una escuela para trabajadores. “Raíz del hombre”, que fue su primer poema importante, se publicó en 1937, y le abrió la posibilidad de integrarse al grupo más famoso de jóvenes de México, que constituían la primera generación después de la revolución mexicana.
Entre ellos figuraban personajes de la talla de Salvador Novo, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Elías Nandino, José Gorostiza y Jaime Torres Bodet.
Contrajo matrimonio, ese mismo año, con Elena Garro, la novelista autora de Los recuerdos del porvenir, de quien años después se divorciaría. Fruto de ese matrimonio es Helena, su única hija. Ambos viajaron por ese tiempo a España, para asistir a un congreso de intelectuales antifascistas en Valencia. Dicho viaje, que también hizo Carlos Pellicer, le dio la oportunidad de conocer a algunos de los más importantes escritores a nivel internacional, como André Malraux, Luis Cernuda y Pablo Neruda.
En colaboración con Rafael Solana y Efraín Huerta, fundó la revista Taller, que se publicó de 1938 a 1941, y en 1943 contribuyó a la fundación de El hijo pródigo. Octavio Paz escribió sobre todos los temas, y colaboró en diferentes periódicos; recibió la beca Guggenheim, y se dirigió a California.
Tras su ingreso en 1945 al servicio diplomático mexicano, fue enviado a París, donde residió hasta 1952. Por este tiempo -1950- escribió El laberinto de la soledad. Después estaría en Nueva Delhi, Tokio y Ginebra, también en misión diplomática.
Vivió nuevamente en la ciudad de México, de 1953 a 1958, pero en 1959 volvió a Francia. En ese país y en La India estuvo prácticamente diez años. Contrajo matrimonio con Marie José en 1964: en 1967 ingresó al Colegio Nacional, y en 1968, a raíz de los sangrientos acontecimientos del 2 de octubre en Tlatelolco, abandonó el servicio diplomático, por no estar de acuerdo con la actitud asumida por el gobierno mexicano ante el conflicto estudiantil.
Bajo los auspicios del periódico Excélsior, en tiempos de Julio Scherer, fundó la revista Plural, en 1971. La publicación duró cinco años, y dejó de aparecer a raíz del conflicto en el “Periódico de la vida nacional”, que culminó con la salida de Scherer, por lo que fundó la revista Vuelta.
En 1994, en ocasión de cumplir 80 años de existencia, el Fondo de Cultura Económica editó sus Obras Completas. En 1996 se registró un incendio parcial en su departamento de la colonia Cuauhtémoc, en el Distrito Federal, por lo que se vio obligado a vivir en un hotel mientras se hacían las reparaciones al inmueble.
A lo largo de 1997, dado su precario estado de salud, tuvo que ser hospitalizado en varias ocasiones, y el 17 de diciembre hizo su última aparición en público, durante la ceremonia inaugural de la Fundación que lleva su nombre.
Su creación, integrada por más de una treintena de libros, se puede clasificar en cinco bloques: poesía, reflexiones sobre la poesía, reflexiones o estudios sobre literatura, reflexiones o estudios sobre arte, y reflexiones o estudios sobre historia, política y naturaleza del mexicano.
Entre sus obras figuran: A la orilla del mundo, Águila o sol, Antología, Apariencia desnuda, El arco y la lira, Bajo tu clara sombra, La búsqueda del comienzo, Claude Levi-Strauss, Conjugaciones y disyunciones, Corriente alterna, Cuadrivio, Entre la piedra y la flor, y La estación violenta.
Escribió también: La fille de Rappaccini, El fuego de cada día, El laberinto de la soledad, Libertad bajo palabra, No pasarán, El ogro filantrópico, Pasado en claro, Las peras del olmo, Piedra de sol, Poesía en movimiento, Posdata, Primeras letras (1931-1943), Puertas al campo, Semillas para un himno y Los signos de rotación y otros ensayos.
Sus últimas creaciones son: Hombres en su siglo y otros ensayos, Pequeña crónica de grandes días, La otra voz: poesía de fin de siglo, Itinerario, La llama doble: amor y erotismo, y Un más allá del erótico Sade.
Octavio Paz murió el 19 de abril de 1998, a las 22:35 horas, en la capital de la República. El mundo de las letras, el mundo de la cultura, lamentó su desaparición física, A Paz lo lloran –y añoran– México y el mundo entero. Sin embargo, nos queda, sí, su obra y, a través de ella, su presencia perdurable.

