Jorge Pedraza Salinas
A través de su Historia, México y Monterrey han abierto sus puertas a visitantes de otras ciudades y de otros países. Esta hospitalidad ha generado que muchos de ellos se queden a vivir entre nosotros. En estas tierras han desarrollado su vocación y han formado sus familias. Así, es posible ver en nuestras calles, en nuestros centros culturales, en nuestras Universidades, a personas de otros países, que se han distinguido por sus aportaciones al bienestar de la comunidad.
Un caso concreto es el de los italianos, quienes desde hace siglos han participado en las tareas tendientes a construir una mejor ciudad y un mejor país. Algunos de ellos venían por un tiempo, pero hubo algo –o alguien—que los convenció para quedarse entre nosotros definitivamente.
Este es uno de los temas del libro “Presenza Italiana en México”, de Salvatore Sabella, el cual ha sido editado recientemente por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Esta obra se presentó en el Colegio Civil Centro Cultural Universitario y en los primeros días del próximo mes de abril será dado a conocer en dos ciudades italianas: En Salermo y en Padula, Italia.
¿Quién es Salvatore Sabella?
Durante el 150 aniversario de la gesta heroica de los Niños Héroes de Chapultepec en 1997, le es otorgada públicamente por parte de la VII Zona Militar y el Gobierno de Estado una medalla de plata, por su conducta ejemplar y su profundo sentido del deber. Ese mismo año presenta su libro de investigaciones históricas, IV Siglos de Presencia italiana en Monterrey, destinando su importe a la construcción de un monumento destinado a simbolizar y reafirmar la amistad entre Italia y México, inaugurado en febrero del 2000 en la Piazza Italia de Garza García, Nuevo León.
En el 2005 recibió la medalla al Mérito Cívico del Estado de Nuevo León, además del Doctorado Honoris Causa por la Universidad Interamericana del Norte. Es miembro de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia Geografía y Estadística.
En la presentación de esta obra, el Rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Dr. Jesús Áncer Rodríguez, afirma que “Salvatore Sabella es uno de esos entrañables y notables personajes que llegaron para quedarse. Italiano, Salvatore, como sencillamente le llamamos por el cariño que se ha ganado, llegó a Monterrey en 1954. Desde que llegó se constituyó en un auténtico promotor cultural y en un entusiasta gestor de intercambios culturales entre los talentos artísticos de Italia y México. Contribuyó a la formación de la Orquesta Sinfónica de la Universidad y al impulso de la enseñanza y la difusión de la ópera en nuestra comunidad. Fue fundador de la Sociedad Cultural Italiana Dante Alighieri. En 1975, adquirió la nacionalidad mexicana y es autor de una valiente autobiografía: «El otro mundo de Salvatore Sabella», que se rescata en esta nueva edición de esta otra obra suya: «Presenza Italiana», que da cuenta de la contribución de los italianos, en cuatro siglos, en Nuevo León”.
En realidad, los italianos están en Monterrey desde hace mucho tiempo. Los hemos visto en la historia de las más importantes empresas, en nuestras instituciones de educación superior y en la medicina. En los inicios del siglo XX, las familias que componían la comunidad italiana en Monterrey se reunían periódicamente para celebrar las festividades religiosas y tradicionales del Reino de Italia. En los años cincuenta los sobrevivientes de aquel grupo continuaban conviviendo, añorando su país de origen y buscando la oportunidad para comentar sobre los cambios que se habían efectuado durante la posguerra.
Las familias italianas, ampliadas con sus descendientes y algunos de reciente llegada, siempre tuvieron la intención de organizarse de manera permanente para estrechar los lazos de unión, hermandad, ayuda y amistad, así como preservar y difundir las costumbres y culturas de sus regiones de origen.
A fines de los años sesenta, un grupo de ellos fundaron la Sociedad Cultural Dante Alighieri y la Cámara de Comercio en Nuevo León. Décadas después, Salvatore Sabella Bracale encabezó a un grupo de italianos y descendientes, que uniendo voluntad e intereses, constituyeron en 1996 la Asociación Presenza Italiana en Monterrey, México, siendo electo presidente fundador.
Para este libro, el autor se nutrió de información que destaca la presencia, participación y contribución de los italianos en Nuevo León por cuatro siglos.
DICCIONARIO BIOGRÁFICO
Este presenta a continuación un diccionario biográfico de los cuatro siglos de presencia italiana en Monterrey, aunque, como bien aclara, se trata de una “lista parcial de la comunidad italiana que el destino los avecindó en Monterrey durante siglos. Muchos, convertidos en mexicanos por voluntad propia; otros, conservando su patente de origen; pero todos guardando para México e Italia, admiración y respeto.
“Cultivando sus valores, arte y cultura de la península itálica, las comunidades italianas se entregan a su nueva Patria, en donde han encontrado abierta la mano y el corazón sensible a la amistad”.
La siguiente parte de la obra, y esto la vuelve más interesante, esta constituida por relatos debidos a la pluma de actuales miembros de las familias italianas avecindadas en Monterrey, y que en su mayor parte se han integrado a los regiomontanos.
Se nos presentan así, entre otros, datos sobre las familias MatteI, Abramo, Brandi-Russildi, Dante Carcano Turani, Decanini, Ferrara, De Nigris, Mellone, Perini, Pierantozzi y Rossani Occelli.
PERSONAJES ITALIANOS
Resulta imposible mencionar, en un artículo de las dimensiones de éste, todo lo que han significado y lo que han hecho a lo largo de cuatro siglos los italianos radicados en Monterrey. Es interesante señalar, sin embargo, algunos detalles, como el hecho de que Juan Bautista Chapa, (1630-1696), es el primer italiano de que se tiene información haya residido en el Nuevo Reyno de León.
Originario de Albisola, provincia de Sabona, llegó a estas tierras “en diciembre de 1650 acompañando al Cronista Alonso de León. Primeramente se estableció en Villa de Cadereyta. Fue Notario Comunal, Secretario de los gobernadores Martín de Zavala, León de Alza y Nicolás de Azcárraga. Participó durante 26 años en la pacificación de los indios. Acompañó al general Alfonso de León, hijo del cronista del mismo nombre, en distintas expediciones a Texas en los años 1686-1690. Fue su Secretario cuando éste fue gobernador de Coahuila. Redactó el Acta de Fundación de Monclova en 1689. Por Ia amistad que llevaba con el Cronista Alonso de León (padre), siguió con las crónicas, relaciones y discursos sobre el Nuevo Reyno de León, pero por falsa modestia nunca las firmaba. Por esta razón se le conoció como el Cronista Anónimo”.
Otro personaje es Matteo Mattei Gianini, nacido en 1829 y muerto en 1926, llegó a México en 1861, invitado por el gobernador Santiago Vidaurri, a realizar algunas obras. Entre otras, construyó la Fuente de los Delfines, que está, en la Plaza de La Purísima; el altar de la Iglesia Catedral, la cúpula de la iglesia de Cadereyta, el bautisterio y la fuente bautismal de Bustamante. Asimismo, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, construyó el puente internacional y el edificio de la aduana, lo mismo que la antigua Escuela Italia.
De Vito Alessio Robles, hijo de padre italiano y madre tlaxcalteca, nacido en Saltillo, Coahuila, en 1879, dice Sabella que fue “escritor y periodista, militar y diplomático. Fue Jefe del Estado Mayor Presidencial de Francisco I. Madero, diputado y senador, agregado militar en la Embajada de Mexico en Roma, Italia, y Suecia. Le fueron otorgadas medallas de oro del Gobierno de Coahuila y de la Sociedad de Historia de Nuevo León por sus méritos”.
Giorgi Berni, originario de Vinci, provincia de Florencia, llegó a Monterrey en 1950, para desempeñarse como catedrático en el ITESM, donde llegó a ser titular del Departamento de Economia. “Por sus aulas pasaron muchos hombres de empresa y políticos mexicanos y extranjeros. En 1968 participó como socio fundador y primer Presidente de la Sociedad Cultural Dante Alighieri de Monterrey. Además se desempeñó como Cónsul Honorario de Italia hasta su muerte”, ocurrida en 1989.
Un destacado italiano radicado en Monterrey fue Romeo Antonio Sava, ingeniero civil e industrial, quien arribó a la ciudad en 1932. Construyó “el Hospital Civil, el Hospital de Zona del IMSS, el Edificio Chapa, la Escuela Presidente Calles y numerosas residencias entre las cuales se destaca la que construyó en la avenida Calzada del Valle en San Pedro Garza García para Ludovico Volpe que se remodeló y adaptó como galería de anticuariado denominada Villa Amadeus. Dirigió las obras hidráulicas Monterrey Linares y muchas otras grandes obras civiles”.
Giancarlo Von Nacher nació en 1926 en Fabriano, provincia de Ancona. Profesor de idiomas e historia de la cultura en la Universidad de Italia. “Llegó a Monterrey en 1959 para desempeñarse como maestro y director del Departamento Cultural de la Escuela Media Superior del ITESM… participó como Socio Fundador de la Sociedad Cultural Italiana Dante Alighieri”.
Vicenzo Ferrara, nacido en 1857 en la Provincia de Salerno, “se estableció en Monterrey –según lo narra su nieta Leticia Ferrara de Iglesias– en 1890. Ya habían nacido algunos de sus hijos. Fundó la Fundición No. 3, después Peñoles y posteriormente la Compañía Fundidora y Afinadora. Luego en 1900, la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey. Tuvo una gran capacidad para idear empresas o tomaba parte en sus directorios aportando su notable visión. Tomó parte en: La Industrial, fábrica de vidrio, otra fábrica de artefactos de fierro, fue socio también de una fábrica de tejidos, otra de muebles, una de Cementos y Productos Refractarios, en la Vidriera, S.A.; la Cigarrera, en Molinos de Aceite Monterrey, S.A., de una compañía de papel y cartón, socio fundador del Banco Mercantil de Monterrey y de la Compañía Carbonífera del Norte, Compañía Minera Ocampo, La Esperanza, Todos Santos, Norias de Baján y muchas más”.

