Ismael Vidales
Se cuenta que un maestro no pasó la evaluación y de acuerdo con la Ley del Servicio Profesional Docente, fue despedido.
Llegado a la vejez y en estado moribundo, reúne junto a su lecho a sus dos hijos, su hija y su esposa y, poniendo de testigo a la enfermera, les comunica la manera como ha decidido repartirles la herencia.
-A ti , Pedro, por ser el hijo mayor y el más responsable: te dejo todas las fábricas y el parque industrial.
-A ti Marthita, hijita mía, pizpireta y coquetona, te dejo los table dance y los departamentos de la avenida Insurgentes.
-A ti, Carlitos, mi hijo menor, despilfarrado y gastador, para que te sigas divirtiendo, te dejo los casinos, los bares y los antros.
-Y a ti, Martha, esposa mía, te dejo todos los colegios, el club de golf, las casas y departamentos del Norte de la ciudad.
Dicho lo anterior, el profe se muere.
La enfermera, impresionada, le pregunta a la esposa ¿Su esposo era muy rico? ¿Cómo le hizo para tener tantas propiedades?
Y la esposa, malhumorada, responde:
¡Qué rico ni que la fregada! ¡Esas son las rutas donde repartía los garrafones de agua, desde que se quedó sin chamba de profesor!

