Indira Kempis
Ese fue el tema del concurso para jóvenes que organizó la ONU-Hábitat en el marco del Foro Urbano Mundial que los congregó en el Museo Casa de la Memoria de Medellín, Colombia, y en el que después de 36 horas de trabajo supimos el resultado de sus ideas.
Dialogando con ellos encontré algo que actualmente los jóvenes del mundo (al menos los representados ahí) coinciden cada vez más: el hecho de reconocer que vivimos en una sociedad de grandes ausentes quienes podrían resolver los problemas públicos.
Llamó mi atención que no sólo se refirieran a los gobiernos sino a la ciudadanía, poniendo en debate la gran desarticulación entre las instituciones que representan a la sociedad civil, la falta de seguimiento o vigilancia a políticas públicas, la escasa exigencia del cumplimento de las leyes y el bajo interés en las cosas de lo público.
Uno de los equipos me preguntó si esa situación era similar en Monterrey.
Ahora mismo hágase usted la pregunta.
Aunque los problemas son complejos y hay tomadores de decisiones públicas que nos han fallado, también tenemos un escenario desalentador sobre quién o quiénes están dispuestos a tomar la iniciativa para concretar acciones que realmente incidan o lleguen al punto de transformar realidades.
Nuestros jóvenes se dan cuenta de las sociedades que alimentan sus propios “monstruos”. O como alguna vez leí de Arturo Pérez-Reverte nosotros los creamos.
Así que mientras ideas innovadoras o novedosas pueden ir y venir para influir en la resolución de los problemas públicos, el gran reto ni siquiera estriba en ellas o en los recursos, sino en una pregunta básica: ¿cómo le vamos a hacer para que gente no sólo participe o se involucre, sino que realmente se comprometa?
Porque lo único que asegura el seguimiento de buenos gobierno o la culminación de proyectos o el seguimiento a políticas públicas es la ciudadanía.
No existe otra clave que no resida en su acción; debate y aportación para que realmente exista una transformación de las realidades o la solución colectiva de los problemas públicos.
Eso es lo que crea la resiliencia, que no es más que la capacidad de sobrevivir a situaciones adversas y ésa sólo depende de nosotros para participar activamente en la transformación de la ciudad.

