Gabriel Todd
El Colegio de Arquitectos de Nuevo León propuso cambios a la Ley de Desarrollo Urbano, un tema de poca difusión que pasa desapercibido por su alta complejidad técnica.
Resumiendo, se pretende elevar la norma de densidad o número de viviendas por hectárea de 150, hasta 500 aparentemente, sin especificar dónde. Y abre la posibilidad de construir más arriba en los cerros y otros detalles así.
Sin prejuzgar la buena intención de la propuesta, que en el fondo pretende tal vez quitar trabas al desarrollo inmobiliario para “laissez faire” (¿y favorecer la especulación?), el tema, para variar, trata de “decidir” entre pocos y se consulta al cuarto para las doce, precisamente para evitar ruido o cambios importantes. Esto me revive el viejo clamor de “rogar” por leyes y reglamentos de escala humana.
Si bien es cierto que nuestra ciudad cuenta con bajísima densidad y que debemos concentrar la ciudad en la ciudad —valga el pleonasmo— y dejar de expandir sin fin los fraccionamientos, la propuesta no especifíca la necesidad de revivir los centros que forman parte de la nueva política federal en la materia.
Al no especificar zonas estratégicas de renovación o de muy alta densidad parece que se trata de una propuesta general para todo el Estado aplicable a cualquier sitio urbanizable. Esto puede ser grave.
Sin dejar de reconocer que no tenemos en el estado las mejores autoridades ni técnicos del mundo, lo cierto es que tampoco tenemos los mejores desarrolladores, por lo que nos conviene a todos partir de nuestra mutua ignorancia y debatir abiertamente nuestras dudas e intenciones y así, entre todos, llegar a la frontera del interés común.
La gente común querrá saber tal vez más de banquetas que de fraccionamientos, o aspira a vivir en una ciudad integrada, no en duelo de proyectos archipiélago que generan más problemas que los que supuestamente resuelven.
Importante será contar con leyes y reglamentos redactados por ingenieros, ya que en la simpleza recuperaremos la confianza de la ciudadanía. Somos una comunidad difícil, perdida en la supervivencia diaria. Sólo la conversación y el aprendizaje nos dará la paciencia.
No prejuzguemos la enorme sabiduría que hay en lo colectivo, hagamos leyes y reglamentos para la gente.
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