Juan Roberto Zavala
El 13 de Noviembre del 2012, el Senado de la República de nuestro país aprobó, por amplia mayoría, una entonces muy controvertida modificación a la Ley Federal del Trabajo, la llamada Reforma Laboral, que el presidente Felipe Calderón envió al Congreso como Iniciativa Preferente, con la que, aseguraban diputados y senadores, se ayudaba al trabajador, facilitando su contratación y garantizando con ella la creación de numerosos y bien remunerados empleos.
En apoyo a los argumentos de diputados y senadores, el Consejo Coordinador Empresarial calificó a la Reforma como una palanca de protección a los derechos de los trabajadores, que impulsaría la generación de empleos y una mejoría económica para los trabajadores.
De entre las modificaciones realizadas, con las que el ejecutivo afirmaba se generarían, de inmediato, un millón de empleos, solo mencionamos la contratación de trabajadores por horas o jornadas discontinuas, es decir en horario flexible; la autorización de contratos a prueba, que pueden durar desde un mes hasta un año; los contratos de temporada y los contratos de capacitación.
A casi dos años de su expedición, la Reforma Laboral no cumplió con la generación del millón de empleos planteados por el Ejecutivo Federal, ni ha logrado un salario que satisfaga las necesidades de los trabajadores y por el contrario, a decir de Viviana Ríos, directora del Observatorio México, la cifra de plazas de 3 a 5 salarios mínimos se redujo en los dos últimos dos años.
Además, los constantes incrementos en los artículos de primera necesidad, como los alimentos, la vivienda y el vestido y el alza constante en los combustibles, afecta a los trabajadores, pues los aumentos al salario, en su mayoría, han sido solo del 3.9%. Es decir, la inflación por encima del incremento a sus remuneraciones.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (INEGI), durante el 2013 6.8 millones de mexicanos trabajaban por un salario mínimo (Un mil 943 pesos mensuales) y 11.7 millones de empleados recibieron mensualmente dos salarios mínimos (De un mil 943 a 3886 pesos).
No es de extrañar, entonces, el dato que dio Antonio Prado, Secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), de que México es el único país de América Latina y el Caribe donde el valor del salario mínimo es inferior al umbral de la pobreza, per cápita y lo afirmado por Alicia Bárcenas, Secretaria Ejecutiva del mismo organismo, de que a partir de los años ochenta, en nuestro país, este salario mínimo ha perdido el 70 por ciento de su poder adquisitivo.
De ahí y de los bajos salarios en general y de la economía informal, la dificultad para un vigoroso crecimiento económico que termine con la pobreza de la mitad de la población y le permita a los mexicanos satisfacer sus necesidades normales, en el orden material, social y cultural.
Es de anotar, también, que de acuerdo a datos del CONEVAL, en su página de internet, para 2012 existían, en México, 53.3 millones de personas en pobreza y casi uno de cada diez mexicanos, 11.5 millones, estaba en situación de pobreza extrema, es decir sin los ingresos necesarios para un nivel mínimo de bienestar.
Es de recordar que el CONEVAL, para medir la pobreza y la pobreza extrema, toma en cuenta los ingresos y el número de carencias sociales de los individuos: educación, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos y alimentación y una persona es pobre cuando tiene un nivel de ingresos por debajo de la línea de bienestar y sufre al menos una carencia social.
La misma institución califica a una persona como en situación de pobreza extrema si su nivel de ingreso está por debajo de la línea de bienestar y tiene al menos tres carencias sociales.
El CONEVAL, junto con organismos de la vida civil, ha dicho que la estrategia para superar definitivamente la pobreza es hacer crecer la economía, creando empleos bien remunerados y atendiendo adecuadamente la educación, la salud y la vivienda.
Ejemplo de esto es que el gobierno de China recientemente emprendió un ambicioso programa para sacar, para 2015,a 80 millones de personas de pobreza extrema, mediante el crecimiento de su economía, apoyado en el consumo interno, para lo que contempla un incremento gradual del salario mínimo y de los salarios en general, que llegará hasta el 40% en 2015 y el pago de un 5% más de dividendos de las numerosas empresas estatales, así como enormes inversiones en educación, salud, vivienda, transportes y comunicación.
Con esta nueva estrategia de desarrollo, China, con una población de más de 1 mil 400 millones de personas quiere superar la pobreza y pasar a una economía de ingresos altos, como Estados Unidos, Inglaterra o Japón.
Es entonces necesario pensar en una nueva Reforma Laboral, que realmente propicie y coadyuve a eliminar la pobreza, la pobreza extrema y la desigualdad en nuestro país, lo que solo se logrará con una mayor productividad, pero sobre todo con el incremento de empleos bien remunerados y cuantiosa inversión en educación salud y vivienda.




