Arquímedes con plumas

Spread the love

arquimedeseureka

Sergio de Régules

Hace unos 2500 años Esopo escribió la historia de un cuervo sediento que encontró una jarra de agua. Trató de meter el pico por la boca de la jarra, pero no alcanzaba el agua. El cuervo empezó a echar piedritas hasta que subió el nivel del agua y pudo beber. Estas cosas siempre tienen moraleja, y la de esta historia podría ser «cría cuervos y se beberán tu agua».

O bien «el cuervo no es como lo pintan: es más listo», como tantos animales. Porque resulta que ciertas especies de cuervo son perfectamente capaces de hacer lo que describe Esopo, como demostraron el bien llamado Christopher Bird y su colega Nathan Emery, de la Universidad de Cambridge y la Universidad Estatal de Nueva Jersey, respectivamente. En un artículo publicado en 2009 en la revista PNAS («Proceedings of the National Academy of Science»), Bird y Emery ponen cuervos de cierta variedad a tratar de extraer un pedazo de comida que flota en un recipiente delgado con agua. Los animales no tardan en dar con el método de las piedritas, lo que sugiere que entienden el desplazamiento de los fluidos. La especie que usaron Bird y Emery no usa herramientas en su hábitat natural mas sí en el laboratorio (las aves también dieron en hacer ganchos con trozos de alambre para extraer unos recipientes con asa que contenían un gusano). Esto pone en entredicho la idea común de que una especie que no se vale de herramientas en su hábitat no es tan inteligente. En un estudio posterior al de 2009 Bird y Emery muestran que los cuervos favorecen las piedras grandes, lo que sugiere que saben que éstas serán más eficaces que las pequeñas, y no echan piedras si el recipiente de la comida contiene arena en vez de agua, lo que indica que entienden que sería inútil.

Para ver si los cuervos entienden el desplazamiento de los fluidos a un nivel causal más profundo, un equipo de investigadores de Nueva Zelanda y el Reino Unido dirigido por Sarah Jelbert llevó a cabo experimentos con cuervos de Nueva Caledonia. Sus resultados están publicados en la revista PLOS ONE. Jelbert y sus colaboradores usaron seis animales, pero no todos participaron en todas las actividades; dos de los cuervos nunca se interesaron mucho resolver la situación en la que los ponían los investigadores. El objetivo era probar las habilidades cognitivas de estas aves más detalladamente que Bird y Emery y para eso, el equipo sometió a los pájaros a seis experimentos. En el primero había que sacar un pedacito de carne pegado a un corcho de un tubo de agua y otro de arena. Todos los cuervos prefirieron el de agua después de unos cuantos intentos. Luego les ofrecieron objetos que flotan y objetos que se hunden, y los cuervos no tardaron en entender que los que se hunden funcionan mejor. En seguida les ofrecieron objetos de pesos similares, pero formas distintas: unos de más volumen que otros; los animales prefirieron los de mayor volumen. Hasta aquí parece que los cuervos de Nueva Caledonia son unos verdaderos Arquímedes emplumados.

Entonces los investigadores les pusieron un tubo delgado y uno más grueso. Los cuervos no mostraron preferencias: echaban sus piedritas en el delgado y en el grueso indistintamente, sin darse cuenta de que el tubo delgado ofrecía un camino más corto para obtener la recompensa. El experimento se iba complicando. En la siguiente etapa los animales tuvieron que optar por echar piedras en un tubo delgado con muy poca agua y uno grueso con mucha agua, situación confusa, porque, en igualdad de circunstancias, habría que preferir el tubo delgado puesto que es más fácil hacer subir el nivel del agua, pero en este caso el tubo grueso con mucha agua podría ofrecer el camino más corto. Es más: los investigadores le pusieron al tubo delgado tan poca agua, que era imposible hacer subir el nivel lo suficiente para sacar la comida con el número de piedras que los animales tenían disponibles.  Las aves empezaban probando con el tubo delgado, pero no tardaban en darse cuenta de que era mejor el grueso.

Finalmente, los investigadores pusieron a los cuervos en una situación tan compleja, que ni los niños pequeños pueden resolver antes de los 7 u 8 años: tres tubos, en uno de los cuales flota la recompensa. Sin saberlo los cuervos (ni los niños cuando se hace con esa especie), uno de los tubos laterales está conectado con el central que contiene la recompensa y el otro no. La complicación consiste en que en este caso hay que echar piedras en un tubo que no es el que contiene el alimento, y además hay dos opciones, una de las cuales no funciona. Los niños en este experimento primero eligen el tubo correcto y luego infieren la conexión oculta. Los cuervos, en cambio, nunca entendieron nada. Cerebros de pájaro.

Jelbert y sus colaboradores concluyen que los cuervos entienden muchos aspectos del desplazamiento del agua a nivel de causas. Los investigadores sugieren que estas aves fallan en lo que fallan porque entienden mejor las propiedades de las herramientas que usan que las propiedades de los objetos a los que las aplican.

Otra conclusión, que no está en el artículo de Jelbert y amigos, es que no era invento todo lo que cuenta Esopo en sus fábulas.

http://imagenenlaciencia.blogspot.mx/2014/03/arquimedes-con-plumas.html

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love